La crítica: Arquitectura en papel

Futuristas y constructivistas lograron influenciar a la arquitectura de la edad contemporánea con proyectos que ni siquiera llegaron a construirse. 
Entre la ficción y el imaginario del pasado.
Entre la ficción y el imaginario del pasado. (Especial)

México

En varias etapas de la arquitectura durante la edad contemporánea, es decir desde el final del siglo XVIII hasta la fecha, han existido proyectos que no se han llegado a construir y, sin embargo, han tenido una gran importancia para la historia de la arquitectura. ¿Es posible que la arquitectura ficticia o imaginaria del pasado, cobre importancia en la actualidad? ¿Pueden los planos y dibujos ser más importantes en ocasiones que las obras construidas? Existen varios ejemplos que confirman la importancia de las ideas arquitectónicas, que tienen su máxima expresión en la forma construida, pero también son capaces de transmitir conceptos fundamentales en los dibujos y planos mediante los cuales fueron concebidas.

A principios del siglo XX surgieron en Europa dos grupos de artistas que tuvieron pocos proyectos construidos, pero que trascendieron hasta nuestros días por la enorme energía creativa que sus dibujos nos transmiten. Me refiero en primer lugar a los futuristas, un grupo de arquitectos y artistas italianos que se constituyeron en 1914 como un movimiento revolucionario que proponía un cambio radical en todos los aspectos de la vida urbana. Entre ellos destaca Antonio Sant’Eliá, quien construyó muy poco, ya que murió a los 28 años en una campaña de guerra. Varios proyectos de Sant’Eliá, como sus centrales hidroeléctricas o la Cittá Nuova, tuvieron una gran influencia sobre otros arquitectos como Guiseppe Terragni y Gió Ponti, quienes sí tuvieron la fortuna de ver realizados los suyos. En segundo lugar es fundamental mencionar el trabajo construido y dibujado, de varios arquitectos y artistas soviéticos conocidos como los constructivistas. Entre ellos destacan: Vladimir Tatlin, Konstantin Melnikov, Aleksandr Rodchenko y El Lissitski, quienes encontraron vías de expresión artística dentro del campo aparentemente estéril de lo que su gobierno totalitario les permitía hacer.

El ejemplo que me parece más contundente como expresión de la fuerza de la imaginación arquitectónica, que en ocasiones supera a la realidad construida, es el caso del edificio para el periódico Chicago Tribune, realizado por Raymond Hood en 1925. Para dicho edificio se convocó a un concurso internacional que ganó el arquitecto norteamericano, famoso por sus rascacielos en Nueva York, entre los que se encuentra el Radio City Music Hall. A dicho concurso enviaron sus propuestas los arquitectos Walter Gropius, Bruno Taut, y Adolf Loos, con proyectos mucho más visionarios que la torre neogótica que resultó la ganadora, pero que ha tenido mucho menor trascendencia que los proyectos competidores, aunque no fueron construidos.