La creación es el estado último de libertad: Keret

Considera que “la responsabilidad de la literatura es con lo que significa ser humano, no con cierta estructura política o social”.
La escritura es una forma de conectarse consigo mismo, afirma.
La escritura es una forma de conectarse consigo mismo, afirma. (Nelly Salas)

México

No es fácil ser exitoso en un país tan polarizado como Israel: Etgar Keret es considerado el escritor más popular entre la juventud de Israel, con obra traducida a más de 16 idiomas y alrededor de 40 cortometrajes basados en sus obras, además de los trabajos cinematográficos que él mismo ha empezado a realizar.

Es un escritor que halló en el humor una herramienta fundamental para contar sus historias, en las que no siempre resulta políticamente correcto para su sociedad; incluso, empezó a escribir debido a la trágica muerte de su mejor amigo, lo que dio como resultado una serie de cuentos que se publican en México bajo el título de Tuberías (Sexto Piso/Literatura de la UNAM, 2017).

“Antes de que empezara  a escribir solía tartamudear. Me parece que eso tiene que ver con que yo tenía la sensación de que mis emociones, mis ideas o mi perspectiva del mundo no eran algo legítimo. Tenía esa necesidad de expresión, pero venía acompañada de una sensación de vergüenza”.

Para él, la escritura es una actividad semejante a la confesión católica, en la medida en que te plantas frente a alguien y le compartes tus emociones más oscuras: “Es como si le dijeras: ‘¡Este es quien soy realmente, estoy hecho de miedos, lleno de pensamientos deshonestos’”.

“Una de las emociones más fuertes que tenía cuando empecé a escribir era el miedo, a que cuando la gente se acercara a lo que escribo dijera ‘es un pervertido’ o me enviaran a la cárcel por las cosas que estaba escribiendo”.

En entrevista con MILENIO, Keret asegura que la literatura no tiene responsabilidad alguna con la realidad; como individuo sí existe, pero es necesario recordar que la creación siempre debe ser “el estado último de libertad”.

Añadió: “Creo que la responsabilidad de la literatura es con lo que significa ser humano, no con cierta estructura política o social. Yo tengo una agenda política muy clara y me ha creado muchos conflictos, pero nunca he caído en la tentación del autoengaño como para pensar que es la agenda correcta o que la postura de quienes no piensan como yo es menos legítima que la mía”.

EL HUMOR, UNA SALVACIÓN

Tuberías reúne relatos que muestran la rabia y el descontento de aquel joven que no comprendía la compleja realidad de Israel y su relación con los países vecinos, donde el humor juega un papel fundamental para entender con otra perspectiva esas historias.

“Siempre me refiero al sentido del humor como una bolsa de aire: no tienes un botón en el auto que haga que se detone, más bien va a aparecer cuando la necesitas. El sentido del humor te puede salvar de maneras muy diversas: es algo que acoge la rabia, te puede salvar de la autocompasión y te puede proteger frente a una realidad que no puedes cambiar. No puede resolver ninguno de los problemas que tenemos en la vida, pero sí hacerlos más tolerables”.

Keret no rehuye la política, pero siempre ha tratado de mantener una línea que divida claramente los ensayos políticos de su literatura, convencido de que son elementos que se contraponen, porque mientras la política se basa en ‘pienso que esto es lo que debería de hacerse y esto es lo que no debería de hacerse’, la escritura es una forma de conectarse consigo mismo, “como desnudarse”, asegura el escritor, quien hoy presenta Tuberías, a las 20:00, en la Cineteca Nacional.