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Cosas de niños: ¿Y ahora qué hacemos?

Conseguir libros no lo es todo: también hace falta tejer redes sociales donde se pueda platicar de ellos.

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Se nos acaba la FIL 2017. Como cada año, llega el momento del adiós y, para los que somos fans del drama, la pregunta: ¿y qué hacemos de aquí a la siguiente FIL? Sí, es un poco una exageración y otro poco una pregunta retórica, porque sabemos lo que hay que hacer: leer todos los libros que adquirimos y ahorrar para comprar los que no lograron entrar en nuestro presupuesto… y comer, dormir, trabajar o ir a la escuela, socializar: esas cosas que nos roban horas de lectura.

En realidad, no necesitamos la FIL para enterarnos de las novedades o comprar los libros que se nos antojan. Ni siquiera para escuchar a los autores y autoras que nos gustan. Pero hay algo romántico en la FIL, además de lo práctico que resulta tenerlo todo en un solo lugar.

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En todo caso, no podemos esperar un año para continuar con nuestra pasión. Y menos cuando se trata de los libros para niños y adolescentes, que en un año crecen ­—¡y cambian! — tanto.

¿Qué podemos hacer para seguir alimentándoles el hábito lector los próximos 350 y tantos días? Lo primero es predicar con el ejemplo. Como dice Alberto Chimal en su columna “El buscador”, obligar a leer por gusto no es solo aberrante, sino imposible, y no importa si elegimos los libros más hermosos o mejor recomendados: si recetamos la lectura a los más chicos sin entrarle también nosotros, mínimo estaremos siendo hipócritas. En cambio, si los acompañamos en esa actividad, podremos convertirnos en cómplices.

[OBJECT]También ayuda mucho alimentarles el vicio. Alguna vez, el escritor José Luis Zárate me contó que escuchó a una mujer diciéndole a su hijo “Te voy a comprar un diccionario y solo si lo lees completo te compro otro libro”. Sí, tenemos presupuestos limitados y sí, a veces pone de malas que apenas les dimos el libro y ya lo terminaron y quieren otro. Pero hay que ser creativos: ¿qué tal visitar una biblioteca? Es un bonito hábito que no debería perderse. También está el Programa Nacional de Salas de Lectura, que ofrece a los interesados una dotación inicial de 100 libros para que cualquier casa, oficina, escuela o biblioteca se convierta en un espacio donde la gente de la comunidad pueda ir a leer gratis (pueden consultar dónde hay salas en cada estado de la república en su página de Facebook).

Una opción de paga que acabo de conocer es Bookmate, el equivalente en libros de Netflix: por una cuota mensual, se tiene acceso a un fondo de miles de libros en diversos idiomas en formato electrónico. Su acervo en español aún no es tan grande, pero está en proceso de expandirse, y puede ser muy buena opción sobre todo para adolescentes y jóvenes que ya están acostumbrados a leer en su teléfono.

[Un pequeño lector en busca de la aventura | Foto: Paula Vázquez]

Pero conseguir libros no lo es todo: también hace falta tejer redes sociales donde se pueda platicar de ellos. Una excelente alternativa es la comunidad de Booktubers: adolescentes y jóvenes (aunque cada vez hay más niños y niñas) que aprovechan la red YouTube para hacer videos en los que platican de sus lecturas. Su gran ventaja es que es una alternativa horizontal, donde personas de edades e intereses similares recomiendan libros por el puro gusto. Esta red de lectores-reseñistas es muy vasta, y quizá tome un poco de tiempo hacerse de favoritos, pero la búsqueda traerá muchos descubrimientos interesantes, no solo de libros, sino también de formas de entenderlos, comentarlos y, a fin de cuentas, de comprender el mundo que nos rodea. Solo necesitas una cámara —que puede ser la del teléfono— y una conexión a Internet.

Una posibilidad más: ¿qué tal animar a nuestros niños, niñas y adolescentes a escribirle una carta a los autores de los libros que les van dejando huella? Sea que encuentren la forma de hacérselas llegar o que sirvan solo como una manera de poner en palabras lo que sintieron y pensaron al leer, puede ser una experiencia muy grata. Eso me lleva a una invitación, la última de esta FIL: hoy, domingo 3 de diciembre, a la una de la tarde, tendrá lugar la actividad “Cartas al autor”, que organiza el Fondo de Cultura Económica. Es un concurso: los chavos leen cierto libro y le escriben al autor, y los ganadores tienen la oportunidad de leerle su carta en vivo. Esta vez se eligió El cuentacuentos, de la alemana Antonia Michaelis, que visita México por primera vez. Sin duda será una interacción muy valiosa y que inspirará a más de uno para mantener el gusto lector en lo que nos vemos en la próxima FIL, si el caos del universo nos lo permite.


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