Gran homenaje /III

F. J. Villarreal escribió "Cantinflas ruletero", el que tiene un encanto particular, pues el humor blanco se convierte en una farsa cruel.
El guión de Schilinsky, una genialidad.
El guión de Schilinsky, una genialidad. (Especial)

Identificarse con la maldad de un personaje tiene una fascinación incontrovertible que se debe a que nos sentimos seguros, pues estamos frente a la pantalla de un cine o de un televisor. Así sucede con el inicio de Cantinflas boxeador, cuando el dependiente de un billar lo arroja a la calle advirtiéndole que ahí no se permiten rateros. Por supuesto que Cantinflas discute, habla mucho sin decir nada, y aunque el corto no trata sobre esa malsana actividad, nos deja en claro la clase de personaje que es.

No recuerdo un largometraje donde Cantinflas sea ratero, pero en el corto, esa particularidad amoral y negativa funciona como paradoja, pues nos identificamos con él de inmediato, no solo por sus andrajos, sino por el significado social. Ésta es la diferencia entre el primer Cantinflas y el de después, cuando la autocensura se nota porque se tiene miedo del vándalo creado y que el público se identifique con semejante barbaján, y resultaba mejor —como siempre se hizo— que lanzara una retahíla de mensajes llenos de guanga "bondad".

Después del billar, Cantinflas se cruza con Schilinski y su novia; Cantinflas la piropea, dando pie a la reacción de Schilinski y a uno de los galimatías más divertidos y elaborados por los actores, lo que termina en un duelo a muerte que se transforma en una pelea de box, donde se hace alarde de absurdo y surrealismo. Cabe mencionar que el guión, de Estanislao Schilinsky, es una genialidad.

F. J. Villarreal escribió Cantinflas ruletero, el que tiene un encanto particular, pues el humor blanco se convierte en una farsa cruel. Baldomero lava su destartalado taxi cuando llega un tartamudo que pide lo lleve a la colonia Roma; Baldomero se burla imitándolo y, para colmo, el cliente tiene que empujar el taxi todo el camino, pues el auto no tiene acumulador y además, debe pagar. Aquí vuelve a verse lo aprendido en la carpa, con tomas sostenidas en plano abierto y mucho diálogo.

La estructura del guión es sencilla pero audaz; no olvidemos que se trata de un corto producido en 1940. Baldomero salva de ser secuestrada a una mujer rica; cuando la mujer pregunta qué quiere de recompensa, Baldomero le dice que ha soñado tener un sitio propio de taxis. En la siguiente secuencia ya tiene su sitio atendido por mujeres en minifalda. Al final no puede evitarse la carcajada, pues Baldomero estaba soñando, mira a cámara y se lamenta: "¡¿Para qué me desperté?!".

La próxima semana, el último corto: Cantinflas y su prima, una acuciosa defensa de los deseos femeninos.

Cinco comedias inmortales (1939-1940), dirigidas por Fernando A. Rivero y Carlos Toussaint, con Cantinflas y Gloria Marín.