El corrido de Heisenberg

Ya no es seguro que los niños jueguen en un parque al aire libre, es preferible ir a un cine y resguardarse de la inseguridad.
'El karma de vivir al norte'. Carlos Velázquez. Sexto Piso. México, 2013.
'El karma de vivir al norte'. Carlos Velázquez. Sexto Piso. México, 2013. (Especial)

Torreón es el centro de las crónicas de Carlos Velázquez (Torreón, 1978), mar de historias que se entretejen en el desencanto, la desolación, la inseguridad y el desasosiego. El hilo conductor es la bitácora de los días inesperados, la incertidumbre y el abandono que trae consigo la violencia. Una ráfaga de malas costumbres y riesgos: por un ajuste de cuentas una bala perdida puede acabar con la vida de cualquier persona. Ya no es seguro que los niños jueguen en un parque al aire libre, es preferible ir a un cine y resguardarse de la inseguridad, aunque al tomar un taxi se viva casi en carne propia un asalto a un automóvil y, una niña de cinco años, perciba la agitación de su padre ante lo que ocurre.

Con esta recopilación de crónicas el autor obtuvo el premio Bellas Artes de Testimonio Carlos Montemayor en 2012. Evoca con nostalgia el pasado de Torreón y mira con desconcierto una metrópoli que poco a poco ha ido adquiriendo rasgos fantasmales. El autor describe en medio de la perplejidad un espacio con un rostro confuso que, al parecer, ya no tiene futuro.

Se insiste varias veces que "el mejor guión lo escribe el narco" e incluso "superábamos a los escritores de Breaking Bad. Así como la policía de Albuquerque ignoraba a quién debía combatir, en La Comarca Lagunera tampoco existía un enemigo plenamente identificado. Era como si nos enfrentáramos a Heisenberg. Qué clase de guerra era ésta", refiere en el apartado que se titula "El corrido de Heisenberg".

Velázquez hace que nos preguntemos en qué sentido somos todos espectadores de una fractura que vive el país, cuándo volver a casa se convirtió en una azarosa respuesta, en qué momento perdimos nuestra libertad de transitar en la ciudad que nos vio crecer. En Ante el dolor de los demás, Susan Sontag invita a imaginar una escena de guerra: una fotografía donde los soldados muertos revivieran de súbito. ¿Qué nos dirían?, se pregunta. "No exclamarían: ¡Acaben con las abominables guerras! A estos soldados no les interesarían los vivos ni quienes los mataron ni los testigos, o nosotros, en tanto que somos incapaces de imaginar el terror de una guerra, porque jamás hemos estado en una. ¿Y qué pensarían los soldados y los periodistas que lograron salvar sus vidas al finalizar la guerra?". A decir de Sontag, expresarían: "Ustedes son incapaces de comprender la terrible atrocidad de una guerra. Y ellos tienen razón. Nosotros, los espectadores, sólo podemos ser cómplices de su agonía, que vemos desde la comodidad de un sillón o en la tranquilidad de un museo". La frase de Sontag es contundente: "Nuestra simpatía proclama nuestra inocencia, igual que nuestra impotencia".