La danza contemporánea me aburre: Federico Castro

El maestro de generaciones de bailarines y autor de más de 40 coreografías para el Ballet Nacional dice que “las artes establecen el nivel cultural de un país y eso es muy importante”.
“Ningún artista se forma en microondas”.
“Ningún artista se forma en microondas”. (Nelly Salas)

Ciudad de México

Tiene 80 años. Trabaja en tres ciudades de México: Querétaro, Puebla y el Distrito Federal. Maneja en carretera a 140 o 160  kilómetros por hora. Evidentemente no le teme a la velocidad. Vive al límite. Así lo hizo desde que era pequeño.

El coreógrafo y bailarín Federico Castro (Acolman, 1933) se formó al lado de Guillermina Bravo, mujer que, asegura, le enseñó lo que sabe de la danza: “Tenía 17 años. Iba mucho a la zarzuela con mi padre, pero no me gustaba tanto; vi varios grupos de folclor, pero tampoco me llamaron la atención; hasta que un día me invitaron a ver una coreografía de masas, Fuerza motriz, en el antiguo estadio de Querétaro, en el que bailaban muchas personas; en el centro de la cancha estaba el Ballet Nacional, de Guillermina Bravo, que me encantó, por lo que después de visitarlos en su estudio, decidí que era con ellos con quien yo quería bailar”.

Maestro de un gran número de bailarines, Castro es una figura de la danza moderna y contemporánea mexicana, así como uno de los pioneros en nuestro país de la técnica Graham. Es autor de más de 40 coreografías hechas ex profeso para la compañía Ballet Nacional, en la cual estuvo 50 años.

Castro participará en el diplomado de Actualización Profesional en Danza Contemporánea que organiza el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes del 21 al 26 de julio en Tabasco. En entrevista con MILENIO habla de algunos pasajes de su carrera y de la relación con coreógrafos y bailarines.

¿Cuál fue de su relación con Guillermina Bravo?

Fuimos muy cercanos. Ella me acogió desde que nos conocimos. Era muy trabajadora y enérgica, y yo era muy trabajador y necio. A pesar de mi tamaño —soy muy pequeño—, me dio posibilidades como bailarín y me dio papeles explícitamente hechos para mí.

¿Qué opina de la mala situación y la falta de apoyo que padece la Academia de la Danza Mexicana?

No se ha tomado en cuenta la labor que hizo Guillermina por mantenerse libre en una carrera como la danza. Ella fue fundadora de ballets y escuelas, y formadora de mucha gente. Mientras estuvo presente hubo cierta conexión por su personalidad y el peso que tuvo en esta disciplina. Pero como en su vejez ya no tenía tanto acercamiento con las autoridades, éstas se desentendieron de impulsar cursos, actualizar maestros y dar clases de todo tipo. Anualmente a esa escuela llegan maestros del mundo. Nosotros damos clases de distintas técnicas.

¿Cuál es el legado que dejó la obra de Bravo?

Fue una luchadora incansable por los derechos humanos, así como por la investigación de una disciplina artística que fuera entendible y de fácil acceso nacional e internacional para todos. Quiso que se diera a conocer México por medio de la danza. Las artes establecen el nivel cultural de un país y eso es muy importante.

Pertenece a una generación de bailarines que han sido muy destacados, como Gloria Contreras, Nieves Paniagua, Guillermo Arriaga y Amalia Hernández, entre otros. ¿Qué diferencias hay entre ellos y los que hoy ocupan la escena en nuestro país?

Son diferentes generaciones. La actual está inmersa en medio de la tecnología y con conexiones inmediatas. Ningún artista se forma en un microondas; debe tener una preparación, tanto disciplinaria como cultural. Antes nos daba tiempo para hacerlo, había disciplina y respeto. Esto es algo que se ha perdido en todos los ámbitos, no solo en la danza.

Hay pocos exponentes mexicanos brillando internacionalmente. ¿Qué tiene que hacer un bailarín mexicano para triunfar?

En México hay una cantidad de talento impresionante. Cuando nosotros empezamos había mucho menos. La evolución de la enseñanza dancística ha sido tan impresionante, que los talentos no solo son aquellos que se van del país, sino quienes se quedan, por lo que no necesitan irse para triunfar.

¿Le gusta lo que se ve en el escenario de la danza contemporánea mexicana?

Hay compañías que tienen un nivel alto artísticamente, pero son las menos. En México hay más de 20 agrupaciones, entre independientes y las que tienen apoyo, como Contempodanza, de Cecilia Lugo, y Delfos, de Claudia Lavista. Algunas cosas me han sorprendido. Pero en general la danza contemporánea de hoy me aburre, se hacen los mismos pasos, con la misma música y el mismo tema.