“La relación con los usuarios es especial”

Raúl Martínez Salazar trabaja desde hace 30 años en la Capilla Alfonsina de la UANL. Era una referencia para especialistas en la historia cuando se preguntaba por algún libro en particular.
Raúl Martínez Salazar, coordinador de la Sala de Historia en la Capilla Alfonsina.
Raúl Martínez Salazar, coordinador de la Sala de Historia en la Capilla Alfonsina. (Gustavo Mendoza Lemus)

San Nicolás de los Garza

Una tarde cualquiera, al llegar a la Sala de Historia de la Capilla Alfonsina, el visitante podría encontrar a cronistas e investigadores platicando con Raúl Martínez Salazar, el responsable del área.

Eran charlas que mezclaban anécdotas, referencias a hechos históricos y anuncios sobre el próximo artículo o libro a publicarse por cualquiera de los presentes.

Raúl Martínez Salazar, nacido en Monterrey y vecino de la colonia Realito, cumple 30 años de servicio en la Capilla Alfonsina de la UANL, y por lo tanto está próximo a jubilarse.

El también investigador y conocedor de la invasión norteamericana de 1846, era una referencia para especialistas en la historia cuando se preguntaba por algún libro en particular.

Esta semana fue la última como responsable de la Sala de Historia, y para los historiadores locales el hecho no pasa desapercibido.

"Es una persona que nos apoyó muchísimo, siempre estuvo dispuesto para ayudar a encontrar una referencia o algún documento para completar nuestras investigaciones", expone el historiador Héctor Jaime Treviño.

Raúl Martínez ofrece una entrevista previa a su retiro, donde nos habla cómo llegó de 24 años al espacio casi recién titulado como sociólogo de la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL.

El próximo 25 de marzo la propia Capilla Alfonsina y el Centro de Historia Oral han programado una ceremonia de reconocimiento a su trayectoria, programada a las 16:00.

¿Cuánto tiempo estuviste en la Capilla Alfonsina?

Tengo 30 años de servicio, los cumplo el primero de abril. A la primera sala que ingresé fue la de Acervo General.

¿Quién era el director?

En ese tiempo era Porfirio Tamez.

¿A qué edad llegaste?

De 24 años, y antes estuve en la biblioteca de la Facultad de Filosofía y Letras. Estando en la hemeroteca Porfirio Tamez manda preguntar a las dos personas que estábamos ahí quién se quería cambiar a la sala de historia, y yo decidí cambiarme en 1996.

¿Y cómo fue llegar a la sala de historia, ya tenías noción de lo que ahí se resguardaba?

Obviamente no tenía los mismos recursos que tengo ahora para dar el servicio especializado, fue un proceso de adquirir conocimiento. Consultando lo que tenemos aquí, empecé a involucrarme con la actividad del investigador y eso fue una motivación y una necesidad de estar al tanto de lo que existía aquí porque pensé que era mi obligación saber lo que teníamos y no tanto del usuario.

De aquellos primeros usuarios ¿a quién recuerdas que te puso, digamos, en algún problema?

(Risa) sí, de hecho si pasó. Llegó un usuario de la Ciudad de México solicitando imágenes sobre la invasión norteamericana a Monterrey y sobre ése proceso histórico yo tenía algunas referencias pero pocas. Tenía en la sala dos meses y ese fue mi primer encuentro con un usuario que venía demandando un servicio a una sala especializada.

El investigador Gerardo Zapata fue ése usuario, yo no lo conocía pero hoy ya somos amigos. Él llegó preguntando por la invasión norteamericana y la verdad me sorprendió.

¿Qué satisfacciones te ha dado tu trabajo?

En el 96 se encontraron algunos restos humanos en algunas obras que se estaban haciendo por la calle de Washington y varios investigadores locales opinan sobre el tema coincidiendo en que en ese lugar había existido el fuerte llamado La Tenería, que había sido defendido por mexicanos.

Coincidían en eso pero no había un documento que lo certificara. Yo le había comentado a Celso Garza Guajardo que había leído eso en un libro, entonces un día a punto de salir de turno me llama y me pide de favor que busque esa referencia, en tiempos donde no había internet.

Empecé a buscar en un bonche de copias y ahí salió la referencia que estábamos buscando, se lo di a Juan Ramón -hermano de Celso- y entonces Celso lo presentó al otro día en las noticias. Me invitó a que lo acompañara, pero no quise asistir.

¿Cómo ha sido tu relación con los cronistas e historiadores, que acuden aquí con cierta regularidad?

Creo que la amistad surge cuando el bibliotecario se involucra en los intereses del usuario. Cada tema, cada investigación, cada duda que sabemos que puede ser resuelta en un acervo documenta o bibliográfico cuando el bibliotecario se involucra. Si yo no conozco el tema que me plantean, yo lo investigo para que la próxima vez que vengan puedan ver resuelta su duda.

La biblioteca como una institución formal también puede relajarse teniendo una verdadera comunicación con el usuario. Para que el bibliotecario pueda dar un buen servicio debe conocer el tema que investiga el usuario, para poder sugerir propuestas.

¿En tu trabajo te ha tocado "descubrir" o encontrar documentos que no se tenían registrados?

Sí he encontrado bastantes cosas aquí porque tiene esa característica. Por mencionarte algo, en el Fondo Carlos Pérez Maldonado existe un periodiquito que se titula El Curro meloj que surge durante la campaña presidencial de Bernardo Reyes y Francisco I. Madero.

De este periódico tenemos casi la colección completa y ahí escribe el famoso poeta y periodista colombiano Porfirio Barba Jacob, que en ese tiempo se hacía nombrar Ricardo Arenales, que es el nombre con el que llega a Monterrey.

Este periódico es importante porque lo que se ha escrito sobre Porfirio Barba Jacob, por ejemplo Fernando Vallejo cuando hace la biografía y otro colombiano que también escribió de Barba Jacob, señalan que casi todos sus escritos fueron destruidos y que no se conserva nada pero ellos no mencionan que Arenales fue el promotor de la candidatura de Reyes en la ciudad y que sí tenemos sus reportajes, incluso en otro periódico donde participó como El Espectador.

Creo que es muy valioso contar con El curro meloj porque todo el periodiquito está escrito por él.

¿Qué sigue en tu vida a partir del primero de abril?

(Pausa) la verdad me siento satisfecho, me siento como si el ciclo laboral fue una estancia, fue como una beca donde me pagaron por hacer algo que me gusta. Me gusta el contacto con los libros, con la gente, es algo muy especial ver la intención con la que llega la gente por generar conocimiento, que creo es un don muy bonito del ser humano el superarse o aportar algo a la comunidad.