Científicos logran convertir dióxido de carbono en roca

Transformaron el gas en caliza, una prisión natural para el calor. Prevén que sea una arma contra el cambio climático.
Planta donde se hizo el experimento en Islandia.
Planta donde se hizo el experimento en Islandia. (Brennan Linsley/AP)

Washington

Los científicos han encontrado una forma rápida, aunque no económica, de convertir el dióxido de carbono en rocas inocuas, lo que en un momento dado puede ayudar a paliar el calentamiento del planeta.

Los expertos dicen que el resultado de un experimento de dos años llamado CarbFix —el cual costó 10 millones de dólares y fue realizado a unos 540 metros de profundidad en rocas en Islandia— ofrece nuevas esperanzas de que pudiera haberse hallado un arma efectiva contra el cambio climático.

Prisión natural

Cuando un equipo internacional de científicos bombeó una mezcla de dióxido de carbono y agua en rocas subterráneas de basalto, la química básica se hizo cargo; la mezcla ácida disolvió el magnesio de calcio de las rocas y formó caliza, una prisión natural para el gas que atrapa calor, de acuerdo con Juerg Matter, de la Universidad de Southampton en Inglaterra.

Matter es el principal autor de un estudio que detalla el experimento, artículo que fue publicado en la popular revista Science.

"Ya no es un gas", dijo Matter. "Básicamente, el dióxido de carbono se convirtió en piedra".

Los científicos —quienes han hecho esto anteriormente en el laboratorio— pensaban que para realizar el proceso se llevarían miles o incluso cientos de años, pero después de solo un par, 95 por ciento del gas fue capturado y convertido en sólido, de acuerdo con el estudio.

Naturaleza acelerada

"Es lo que esperábamos... y mejor en algunas formas", dijo David Goldberg, geofísico de la Universidad de Columbia. El experto no formó parte del equipo que desarrollo el proyecto, pero elogió su trabajo: "Lo que sucede aquí es un proceso natural siendo acelerado".

Uno de los métodos contra el cambio climático, además de reducir las emisiones de combustibles fósiles, es capturar el CO2 que está en el aire o que emiten las plantas generadoras de energía.

"La captura del carbono no es una solución mágica, pero puede contribuir de forma importante a reducir las emisiones de dióxido de carbono", agregó Matter.

Sin embargo, este proceso puede ser costoso, en especial la parte de la captura.

Una vez que el gas es atrapado del aire, su almacenamiento es otro tema. Puede guardarse en el subsuelo y algunas veces inyectarse en pozos petroleros agotados, pero hay preocupación sobre su monitoreo y cómo evitar que escape.

Inyectarlo en el basalto y permitir que la naturaleza siga su curso puede resolver ese problema. Pero a 17 dólares por tonelada de dióxido de carbono, puede costar un par de veces más que inyectarlo en viejos pozos petroleros, destacó Matter.