No conviene un Estado editor como el que tenemos: Pérez Gay

El festejo por de la empresa libresca se convirtió en una mesa de reflexión sobre la situación de la edición en México.
Los ponentes durante la reunión: Rafael Pérez Gay, Diego Rabasa, José Carreño Carlón y Francisco Goñi.
Los ponentes durante la reunión: Rafael Pérez Gay, Diego Rabasa, José Carreño Carlón y Francisco Goñi. (Héctor Téllez)

México

Cal y Arena es la única editorial mexicana con los derechos de publicación de la obra del brasileño Rubem Fonseca. En la actualidad lleva 20 volúmenes de la colección Los imprescindibles, antologías de alrededor de 800 páginas en las que ha recuperado la obra de Alfonso Reyes, José Joaquín Fernández de Lizardi, Fray Servando Teresa de Mier, Manuel Gutiérrez Nájera y José Juan Tablada.

Su catálogo cuenta con más de 250 títulos, entre el acervo “vivo” y el “histórico”, amén de ser uno de los sellos nacionales que aún cuenta con la suficiente independencia para no sucumbir ante los grandes grupos editoriales. Es una historia festejada anoche en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, con la presencia de autores y amigos, como Héctor Aguilar Camín, Ángeles Mastretta y Luis Miguel Aguilar, por mencionar solo a algunos.

“Las editoriales independientes que más admiro en el mundo”, aseguró en el acto el editor de Sexto Piso, Diego Rabasa, “aspiran a la perfección, entendida dentro de los falibles límites humanos; configuran un catálogo que se teje a la manera de una novela en términos de cohesión y estructura, y parten de una imagen, de una especie de llamado que se va vislumbrando con más claridad conforme el catálogo crece, sin deformar sus intenciones originales”.

Desde su perspectiva, las editoriales independientes se convierten en un mapa que nos puede conducir por distintas latitudes, con diferentes climas, usos y costumbres, aunque al final demarcan un mismo territorio: “Conforman una estirpe propia, definida a partir de los gustos y los intereses de su editor o sus editores”.

“Tienen un carácter o una impronta que se vislumbra desde sus primeros títulos y que debe servir como guía en los momentos en los que la navegación se torna más amenazada”, resaltó Rabasa, para quien el trabajo editorial de Cal y Arena ha servido como una constatación de que es posible trazar “un proyecto editorial auténtico, valioso, autónomo y duradero, en condiciones de adversidad inimaginables”.

Madurez de una generación

El director del Fondo de Cultura Económica (FCE), José Carreño Carlón, recordó que desde una trinchera muy especial vio nacer y crecer a Cal y Arena, por lo que de alguna manera atestiguó lo que ha resistido la casa en 25 años, no solo en términos de las vicisitudes de la industria editorial, “que han sido bastante fuertes, sino además en las profundas transformaciones políticas, económicas, culturales que han ocurrido en México y en el mundo”.

“Cal y Arena sobrevivió a la voracidad con la que los consorcios devoraron derechos, autores, editoriales nacionales completas en toda América Latina, antes de ser devoradas por los megaconsorcios alemanes, británicos, estadunidenses, aunque la altivez de Cal y Arena la hace estar aquí sin haber sido devorada”.

En la ceremonia, el titular del FCE reconoció que aún existen infinidad de desafíos para las editoriales nacionales, no solo las independientes, sobre todo en lo referente a los canales de distribución y venta de libros;
de ahí la necesidad de analizar esta suerte de colonialismo interno en el que las librerías no se interesan por los libros mexicanos.

A lo anterior, Francisco Goñi, de la librería Gandhi, aseguró que para la difusión del libro es indispensable la suma de esfuerzos, aunque también sería importante que todos los integrantes de la cadena del libro conocieran lo que ocurre dentro de una librería; con esa experiencia, valoró el hecho de que un sello independiente llegue a 25 años de vida.

“Celebrar 25 años de un sello editorial es un acontecimiento brutal, debido a la cantidad de adversidades que deben sortear, no solo económicos sino personales, coyunturales y políticos, y un cuarto de siglo resulta impresionante para un sello que ha sabido conversar con los lectores”.

Tal fue uno de los retos planteados por Rafael Pérez Gay, quien en el festejo por los 25 años de existencia de Cal y Arena aprovechó la oportunidad para reflexionar sobre los desafíos que enfrentan las editoriales independientes en su relación con el Estado, en especial para que deje de ser una competencia para las editoriales privadas.

“Las editoriales mexicanas deben ser muy claras con Conaculta y con el Estado editor para persuadirlos de que no conviene un Estado editor del tamaño del que tenemos; basta y sobra con el FCE. La pregunta es si realmente necesitamos una Dirección General de Publicaciones. El problema es que gastamos y gastamos, y embodegamos libros día tras día”, aseveró el también colaborador de MILENIO.

Fue una celebración que sirvió como reflexión del estado de cosas de la industria editorial, en particular sobre los retos para un sello como Cal y Arena, una editorial por la que se apuesta, cuando menos, para otros 25 años.