ENTREVISTA | POR EMILIANO BALERINI CASAL

Antonio del Conde

Desde el Distrito Federal, este jovial y delgado octogenario habla de su relación con el líder de la Revolución cubana y de la forma en que ha colaborado con él durante los últimos 50 años: “Él sabe que la isla necesita cambios”, asegura


El contacto mexicano de Fidel Castro

México

En el documental La huella del doctor Ernesto Guevara, del argentino Jorge Denti, destaca una entrevista con Antonio del Conde. El Cuate, como lo conocen sus amigos, es un hombre que a sus más de 80 años se mueve en motocicleta, vive en el barrio de Chimalistac en la Ciudad de México, y ha pasado a la historia por ser quien le vendió las primeras armas que compró en México Fidel Castro para organizar la Revolución cubana, así como por conseguir el barco Granma, con el cual el Movimiento 26 de julio zarpó a Cuba desde Tuxpan, Veracruz.

Del Conde es una persona sencilla. No le gusta presumir su relación con los líderes de la Revolución. Su casa —con dos coches y el techo de una camioneta camper abandonados, bolsas de basura y polvo en todos los rincones—, es una oda a Cuba.

Por donde se pasa se encuentran afiches de los presos cubanos en Miami acusados de espionaje, fotografías de Fidel Castro en la ex Unión Soviética, cartas firmadas por Raúl en las que le agradece haber participado con ellos en la Revolución, réplicas en miniatura del Granma, así como lienzos temáticos donde se ve a los 82 expedicionarios embarcándose para la cruzada que los llevaría al triunfo el 1 de enero de 1959.

En entrevista, Conde recuerda su relación con el líder de la revolución cubana.

¿Cómo y cuándo conoció a Fidel Castro?

Más o menos en julio de 1955. Tenía un negocio de venta de armas que me heredó mi papá, y él entró a mi armería pidiéndome acciones de mecanismos belgas: una parte movible de los fusiles. A mí esas partes no me interesaba venderlas, pero los coleccionistas las compraban porque las utilizaba para armar rifles. Su petición me llamó la atención porque en el ramo de la armería quien conoce las acciones de mecanismos belgas, le agrega a esa pregunta algo más. En lugar de decirle: "Sí señor aquí está", le pedí que me repitiera el cuestionamiento. Lo hizo igual. Le pedí que pasara a mi privado para que fuera más explícito y ahí lo volví a cuestionar al respecto por tercera vez, y me repitió la misma respuesta. Me impactó.

¿Por qué estaba buscando acciones de mecanismos belgas?

Él pretendía construir los fusiles, porque armados eran muy caros. Empezaba el proceso insurreccional sin contar con el dinero necesario. Fidel salió de Cuba el 7 de julio. Arribó al Distrito Federal para empezar a organizarse rápidamente. En lugar de decirle sí señor, aquí tengo las acciones de mecanismos belgas, valen tanto, le dije: "Señor si usted quiere, lo ayudo". Me di cuenta que él iba a necesitar ayuda, ya fuera para armar los fusiles o mandar armas a su país.

¿A partir de ahí empezaron a tener una relación más estrecha?

Sí. Empecé a colaborar con él para preparar la expedición hacia Cuba con 82 guerrilleros.

¿Por qué usted no se subió al Granma?

Yo era otro de los expedicionarios, pero 15 días antes Fidel me dijo que le servía más fuera de Cuba que en la sierra. Era una orden en la que él me decía que me quedara.

Que se quedara porque le sería más útil aquí... ¿A qué se refería?

Me asocié con Emma Castro y juntos mandamos mucha ayuda. Incluso en una ocasión organicé un vuelo para trasladar armas y 50 mil cartuchos, pero se nos acabó el combustible y se nos cayó el avión; caímos en el canal de Yucatán. Salimos del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México en un avión Catalina, mejor conocido como Anfibio, piloteado por el doctor Aureliano Sánchez Arango. Yo conseguí el avión, lo llevé a Miami para ponerle un motor, cargué las armas y cartuchos, pero tuvimos un problema: Aureliano colocó su pistola en la brújula y eso afectó la lectura de la misma, y en lugar de volar al oriente nos fuimos hacia al norte. Cuando me di cuenta, giré el avión 180 grados y empezamos a viajar hacia el sur, pero entonces se nos acabó el combustible y se cayó el avión. No me pregunte cómo no nos hundimos. Un pesquero cubano pirata, de esos que no pueden estar en aguas internacionales, nos rescató y nos llevó a un faro donde nos podían encontrar. Tiempo después Emma consiguió otro barco, subimos las armas y cartuchos y ya cuando estábamos en el viaje, desgraciadamente hubo un traidor que nos denunció y nos detuvo el gobierno de Estados Unidos. Nos denunció un tal Alfonso no se qué, de Brownsville, Texas.

¿Cómo consiguieron este barco?

Lo compré en Centroamérica. Lo llevé a Brownsville con un capitán hondureño, con bandera hondureña y nos agarraron en Estados Unidos.

¿Dónde estuvo preso?

En Brownsville, un año. Fidel fue el que me ayudó a salir, por sus influencias. Me metieron a la cárcel en 1958 y me liberaron en abril de 1959. Después del primer discurso que dio Fidel en marzo de 1959 en la Organización de Naciones Unidas, él viajó a Houston, Texas, habló con el gobernador y me liberaron meses después.

¿Usted también estuvo preso cuando detuvieron a Fidel Castro en México?

Sí, pero él estuvo en la Dirección Federal de Seguridad y yo en El Pocito. Habían detenido a un compañero a quien le había prestado mi coche. Vieron mi carro y me empezaron a buscar a mí. El gobierno tenía infiltrados en el Movimiento 26 de julio, por lo que buscaban a El Cuate. Ese era mi nombre en la clandestinidad. Ese nombre me lo asignó Fidel. Cuando me detuvieron me preguntaron si conocía a El Cuate, les respondí que tenía muchos. Estuve entre ocho y 10 días en la cárcel, pero no me pudieron hacer nada pues yo era Antonio del Conde y vendía armas a cualquiera. Cuando me cuestionaron si le había vendido armas al doctor Fidel Castro, les contesté que no lo sabía. Su nombre clandestino era Alejandro.

¿Cómo consiguió el Granma?

Lo había comprado unos dos meses antes de que Fidel lo viera. Lo vi casualmente en Tuxpan. Era un barco bonito no obstante que estaba abandonado. Yo tenía varias lanchas, el negocio de la armería y un club de cazadores y pescadores. Lo adquirí en 20 mil pesos. Ironías del destino, tenía que ir a pagarle al trabajador que me estaba arreglando el barco y le pregunté a Fidel si no le importaba viajar a Tuxpan para probar unas armas. Fuimos, probamos las armas, comimos y de repente le dije ahorita vengo, y como decir "ahorita" en Cuba es tarde, mal o nunca, porque allá se dice "ahora", me siguió, pues pensó que me dilataría. Vio el barco y me preguntó por él. "Lo compré inservible y barato", le respondí. "Si usted me arregla ese barco, me voy con él a Cuba", me respondió. Al pararme del asiento para decirle que el barco no servía, Castro me repitió lo mismo. Mi barco entró a la historia.

¿De dónde salió el nombre de Granma?

Cuando lo compré ya tenía ese nombre. Es la contracción de granmother, la traducción de abuela en inglés, porque era un barco que me lo vendió un estadunidense.

¿Sigue frecuentando a Fidel?

Sí, cómo no. Acabo de estar en Cuba dos meses. En julio pasado. Vi a los amigos. Estuve con Raúl. Conocí al presidente Maduro de Venezuela. No pedí ver a Fidel, pero él supo que estaba ahí.

¿Qué es lo que más recuerda de esos años?

Lo que más valoro es haber conocido a Fidel Castro. Haber colaborado estrechamente con él. Usted sabe quién es Fidel porque ha leído o le han dicho, pero para conocerlo bien hay que convivir y colaborar con él; recibir sus órdenes; estar ligado a él, depender de él y que él cuente con usted. Claro, fue importante haber participado en la liberación de Cuba, porque la dictadura de Batista era asesina y se sostenía a base de corrupción, pero es mucho más relevante haberlo conocido a él.

¿En qué áreas del gobierno cubano trabajó?

Primero estuve en el comercio exterior, luego en la Marina y después pasé a colaborar como asesor del mismo comandante Ernesto Guevara.

¿Cómo era su relación con El Che?

El comandante Guevara era argentino, enfermo, asmático, médico, y ya por naturaleza, con esas características, disciplinado. Fue el jefe de sanidad de la Revolución. Él nos dio ejemplo de organización, puntualidad, trabajo voluntario. Se asesoraba con economistas que comprobaron que la impuntualidad provocaba pérdidas millonarias. No lo conocí en México, sino en Cuba. Un día llegó Fidel y me dijo: "Ya tenemos médico para la expedición". Guevara me recibía tres veces a la semana a las 12 de la noche en punto. No sé que me hubiera hecho si hubiera llegado tarde. Yo llegaba cinco minutos antes y a las 12 él abría la puerta de su despacho. Tengo entendido que veía diario a Fidel. Creo que a las dos de la mañana. Llego a esa conclusión porque cuando yo le presentaba un problema al comandante que él no podía resolver, me decía que fuera al día siguiente, y le preguntaba a Fidel cómo arreglar las cosas.

Se ha dicho que Fidel no apoyó al Che en su cruzada internacional. ¿Había diferencias entre ellos?

Lo único que puedo decir es que nosotros éramos pro soviéticos, 70 por ciento del comercio de Cuba era con la Unión Soviética, y el comandante Guevara era pro chino, él era admirador de Mao Tse Tung. Si eso usted lo considera una discrepancia entre ellos, bueno. Yo soy católico y no he tenido desavenencias con Fidel, no creo que el comandante haya tenido diferencias con él. Me da pena hablar de él. Yo al que quiero y extraño es a Fidel. Estoy aquí por Fidel.

¿Qué opina de los cambios propuestos en Cuba?

El pueblo, después de ser comunista más de 50 años y vivir en un sistema férreo, con imposiciones, con problemas y carencias agravadas por el bloqueo económico, busca cambios. Fidel se ha dado cuenta que debe hacerlos. Él dijo que el socialismo y la Revolución no son exportables, sino locales. Se ha dado cuenta que es tiempo de cambiar. Los cambios son necesarios, la gente los pide, las personas quieren ver un poco lo que hay fuera de Cuba.

¿Qué pasaría si el Partido Comunista dejara el poder?

El pueblo ya es comunista, el pueblo ya es socialista. Siempre se necesita una autoridad, un guía que lo controle, que lo dirija.