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Martes , 17.07.2018 / 20:13 Hoy

Construir rosetones, un arte de precisión creativa

Del medioevo al barroco fueron muy socorridos para ornamentar los instrumentos musicales, explica el laudero Daniel Guzmán.

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Xavier Quirarte

Uno de los elementos distintivos de las iglesias, sobre todo en la arquitectura gótica, son los rosetones, ventanas circulares dotadas de vidrieras. Igual nombre reciben las ornamentaciones que encierran la boca de los instrumentos de cuerda —principalmente— y que, en sí, constituyen un pequeño, preciso y creativo universo.

En Alacena de Quitra, laudería dirigida por Daniel Guzmán, se construyen y reparan guitarras renacentistas, vihuelas, violas de mano, laúdes en todas sus variantes y otros cordófonos, además de órganos y clavecines. También se elaboran rosetones, un arte que requiere de mucha paciencia, precisión e imaginación.

Guzmán explica en entrevista que, en esencia, “el rosetón es un adorno. No afecta el sonido del instrumento, ni para bien ni para mal. Alrededor del siglo XI, en Occidente comenzaron a hacerse agujeritos en las bocas de los instrumentos, que se fueron convirtiendo en diseños que se pusieron alrededor del orificio. Más tarde se hicieron diseños geométricos más complejos, adaptando la riqueza de los rosetones arquitectónicos de los templos románicos y góticos. Más o menos por esas épocas también se empezaron a usar rosetones en los instrumentos árabes”.

Actualmente, agrega el laudero, “los rosetones se realizan en madera, aunque en el caso de los laúdes se tallan en la misma tapa. También hay combinaciones de madera y pergamino, sobre todo cuando el ornamento se añade al agujero, y exclusivamente de pergamino”.

Guzmán indica que “del medioevo al barroco los rosetones fueron muy socorridos para ornamentar los instrumentos musicales, no solo los de cuerda, porque, además de laúdes, guitarras, vihuelas, violas de gamba y otros, se aplicaban en los clavecines. Podían ser de madera, de pergamino y, en el caso de los clavecines, de metal. Actualmente se elaboran hasta de plástico, sobre todo en los instrumentos árabes”.

Para el también músico es importante que un instrumento suene bien, “pero que también se vea bien, que produzca un placer verlo, de ahí la importancia de los rosetones. Además, estas piezas tienen su simbología, relacionada con la geometría, que varía según la época y la zona geográfica en que se hayan hecho. Por ejemplo, muchos rosetones de origen occidental se basan en los vitrales de las iglesias”.

Pilar Garza, quien desde hace cinco años aprendió el oficio con Guzmán, considera que “es una actividad muy especial crear todos estos diseños para los rosetones, o bien, reproduciéndolos si ya existen”.

Ambos hacen sus propios diseños, aunque por el momento ella trabaja en una pieza en pergamino que, dice, “reproduce un vitral de la Catedral de Milán. Originalmente los diseños tenían también un valor simbólico, pero ahora se han vuelto más decorativos”.

Existe poca bibliografía sobre el tema, por lo que al principio a Garza le costó mucho trabajo desarrollar sus propias propuestas. “No sabía por dónde empezar. Soy diseñadora de interiores y empecé por buscar historia del mueble, luego la de las iglesias góticas y de los instrumentos. Ahora, con las ventajas de internet, se puede buscar más información, bien tienes que ser muy específico para encontrar algo, además de saber otros idiomas”.

El diseño de un rosetón depende mucho de la complejidad que se quiera lograr, considera Pilar Garza. “Si quieres algo muy sencillo puedes tardarte unos tres días o menos, pero tienes que estar observando la pieza todo el tiempo. Se requiere gran capacidad de observación. Luego se traza, proceso que también se puede hacer en computadora, pero yo prefiero hacerlo con lápiz porque surgen más ideas”.

La faceta de trazar la pieza puede durar una semana o más, porque hay que pulir el diseño, agrega Pilar. “Su manufactura depende también del grado de dificultad que implique el diseño, además de que no existen muchas herramientas específicas para este trabajo. Entonces uno tiene que fabricar las que no existen”.

Sin distraerse de su trabajo, concluye: “Cuando estoy haciendo los rosetones dejo de pensar y, cuando salen bien las cosas, tengo una sensación de bienestar”.

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