La conservación de libros, un arte

El especialista restauró volúmeres en el Archivo General de la Nación por tres décadas y desde hace 24 años lo hace en la Biblioteca México.
No se sigue el mismo tratamiento si un ejemplar tiene humedad, hongos u hojas sueltas, precisa.
No se sigue el mismo tratamiento si un ejemplar tiene humedad, hongos u hojas sueltas, precisa. (Octavio Hoyos)

México

Desde hace más de medio siglo, Jerónimo Cruz se ha dedicado a la encuadernación y conservación de libros. Ya fuera en el Archivo General de la Nación (AGN) o en la Biblioteca México, este hombre siempre ha tenido claro que no se equivocó de oficio.

Sentado en las oficinas provisionales del Fondo Reservado de la Biblioteca México, donde trabaja desde hace 24 años, mira atentamente uno de los libros que restaura. A su alrededor hay unas seis personas que consultan libros y periódicos calladamente.

Luce tranquilo y contento. Se sabe un conocedor del tema del que hablará con MILENIO: la encuadernación y conservación de libros. No se inquieta ante ninguna pregunta, y se limita a explicar paso a paso cómo es su trabajo.

Decidió ser encuadernador cuando “trabajaba en un taller donde hacíamos grabado sobre hule para la impresión de cajas de papel. Los compañeros dibujantes que estaban ahí me comentaron que existía la Escuela de Artes Gráficas, donde podía aprender un oficio, por lo que me apunté a Encuadernación sin saber realmente de qué se trataba”, cuenta, orgulloso de su decisión.

“La encuadernación es un arte manual. Los talleres que hacen encuadernaciones masivas han industrializado mucho su trabajo, porque a ellos lo que les interesa es la cantidad, no la calidad. Un trabajo artístico puede costar entre 20 y 25 mil pesos. Este incluye placas en el lomo, piel de buena calidad, guardas, cosido con hilo de algodón y cáñamo. En cambio, las encuadernaciones masivas que hoy se hacen cuestan 200 o 300 pesos”, dice.

Pasos a seguir

Al conservar deben existir todas las medidas de prevención. Es importante que se haga una limpieza superficial cada determinado tiempo para que los libros no se comiencen a maltratar. Esta puede ser con una brocha o aspiradora. Si se hace con la segunda, debe apoyarse de una malla, para no destruir las hojas del volumen, argumenta Jerónimo Cruz.

Hay diferentes formas de conservación. No se sigue el mismo tratamiento cuando el texto tiene humedad, hongos y hojas quemadas, que si solamente hay que arreglar las tapas de la publicación, cuenta.

La mayoría de los problemas que presentan las publicaciones ocurren por ubicarse en lugares inadecuados, como sótanos, vigas apolilladas, paredes húmedas, pisos sucios. Por no hacerse una limpieza constante a los libros, éstos producen hongos y microorganismos, dice.

Las principales afectaciones que presenta un volumen se encuentran en el papel: “La mayoría de los libros son de mala calidad. Si te fijas en un texto de 1920, encontrarás que sus hojas están bastantes ácidas, es decir, son amarillentas, porque es un papel hecho de pulpa de madera. En cambio, si consultamos un libro del siglo XVI, está hecho de algodón o lino y sigue en buen estado”.

De encontrarse manchadas, las hojas de los libros también pueden lavarse. Para ello, después de hacer la limpieza superficial con brocha en las primeras hojas y el lomo, se separan y se trabaja sobre cada una de ellas: “Se sumergen una a una en charolas de metal, con agua y jabón neutro. Entre cada hoja se coloca una malla y todo se sumerge durante tres minutos. Después las pones en una segunda tina con agua circulante para eliminar el jabón. Finalmente pasas el libro deshecho a una tercera tina con hidróxido de calcio, polvo que se usa para dejar libre de ácido al papel”, menciona.

Al terminar la explicación, Jerónimo —quien trabajó 30 años en el AGN— se levanta de la sala donde se encuentra y se dirige a otra, donde cuatro de sus compañeros encuadernan libros empleando piel, guardas y cartón, o arreglando tapas de algunos diarios de la Biblioteca México.

Ahí, Jerónimo dice que en arreglar un volumen se puede tardar de uno a cuatro días, dependiendo de su deterioro: “Hay algunos materiales con los que puedo tardarme hasta un mes, por la cantidad de hojas. Lo importante para nosotros en la conservación es la encuadernación de libros rústicos. Conservo unos 30 libros mensualmente”.

Contra los hongos

Si el libro tiene hongos hay que fumigarlo, pues no se puede trabajar directamente, ya que afectaría la salud de las personas.

Para hacerlo se deben usar guates de látex y cubre bocas; después, colocar el libro abierto en una cámara cerrada, con un fumigante para atacar directamente al hongo y dejarlo durante tres días.

El fumigante se evaporará y atacará directamente el contaminante.