Triunfal concierto de Anna Netrebko en Bellas Artes

La soprano rusa demostró que las críticas que la sitúan como una de las divas del siglo XXI, no se equivocan.
El concierto fue transmitido en una pantalla gigante a un costado de Bellas Artes.
El concierto fue transmitido en una pantalla gigante a un costado de Bellas Artes. (Xavier Quirarte)

Ciudad de México

Con localidades agotadas –venturoso agosto para las hordas de revendedores–, la soprano rusa Anna Netrebko demostró en su actuación en Bellas Artes que las críticas que la sitúan como una de las divas del siglo XXI, no se equivocan. Aunque los corazones enamorados sí pueden tener errores, como el hecho de traer como acompañante a su pareja, el tenor Yusif Eyzanov, quien se mostró demasiado verde, y no verdiano, al lado de la experimentada y temperamental cantante, máxime que se presentó en una tierra donde abundan los tenores de gran calidad.

Después de la obertura de La fuerza del destino, de Giuseppe Verdi, a cargo de la Orquesta de la Ópera de Bellas Artes, la cantante fue recibida como corresponde a su categoría. La Netrebko se posesionó del escenario desde el primer momento y deambulando por el proscenio se posesionó de su papel en un fragmento de Macbeth, también de Verdi. Con su canto pasional nos recordó que "el camino del poder está lleno de lágrimas", frase shakesperiana de irrefutable actualidad.

Llegó el primer turno para el tenor, quien cantó cumplidor, pero con poco brillo, un fragmento de Luisa Miller, igualmente de Verdi, a quien estuvo dedicada la primera parte del programa. Su pareja retomó el escenario con El trovador e hizo honor a una de las frases de la ópera al declarar que "la tierra fue un paraíso". Su dueto de Otelo y Desdémona de la ópera Otelo puso de manifiesto la desigualdad de condiciones de voz, pero la historia de amor con su dosis de tragedia fue un marco adecuado para resaltar su romance en la vida real.

A un costado del palacio, bicicletas, perros, patinetas, paseantes y vendedores de elotes, aguas, papas, chicharrones y otros productos rodeaban el sitio donde se colocó una pantalla gigante para que quienes no adquirieron boleto pudieran admirar a la diva. La soprano inició la segunda parte con un fragmento de Manon Lescaut, de Giacomo Puccini, seguido de una conmovedora versión de "La mamma morta" de Andrea Chénier, ópera de Umberto Giordano.

Mientras la pareja interpretaba un dueto de Manon Lescaut, un señor que escuchaba el concierto en una de las bancas de la Alameda se enfureció con un borrachín que trataba de declamar un poema a una pareja de enamorados para ganarse unas monedas. Se hicieron de palabras. Si el primero le gritaba: "¡Ya cállate, hijo de tu p... madre!", el ofendido le respondía: "¡Eres un perro, ya te chingué! Por suerte el episodio no terminó como tragedia operística y la sangre no corrió.

Luego de los esperados encores, en los que volvió a quedar de manifiesto la superioridad de Anna Netrebko, cerró la gala operística que enloqueció tanto a los asistentes al Palacio de Bellas Artes como a los transeúntes de la Alameda. Desde la plazoleta en que habita desde 1921, la máscara mortuoria de Beethoven seguía impasible, aunque seguramente disfrutó mucho de esta velada, agradecido de que se haya silenciado, al menos durante unas horas, la horrenda música de banda que habitualmente le rodea.