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Martes , 14.08.2018 / 01:45 Hoy

Con documental reviven la historia de Ana Frank

“Era una chica muy vivaracha que amaba la vida, le gustaba ser vista y escuchada”, recuerda Nanette Konig, condiscípula suya.

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Sobreviviente del Holocausto, Nanette Konig se siente afortunada de llevar una vida estable en Sao Paolo, Brasil. Sin embargo, nunca ha olvidado los horrores del campo de concentración de Bergen-Belsen, Alemania, donde estuvo recluida. Allí se reencontró con Ana Frank, célebre por la publicación de su diario, donde relata los años que pasó oculta con su familia y otras personas durante la ocupación alemana en Ámsterdam, Holanda.

El testimonio de Konig sobre su antigua condiscípula forma parte del documental Los últimos días de Ana Frank, que estrenará National Geographic Channel el 15 de marzo a las diez de la noche. Además de narrar lo que sucedió después con la adolescente que describió en su diario los horrores de la guerra —perecería en Bergen-Belsen en 1945—, el programa de dos horas de duración reconstruye este periodo con fotografías, videos y entrevistas con sobrevivientes de los campos de concentración, entre quienes figuran Hanna Pick, de 80 años, y Nanette Konig, de 86.

En entrevista telefónica, Konig recuerda que en Bergen-Belsen vivían “en un terror constante. Nunca sabías lo que iba a ocurrir. Vivíamos en un miedo constante, en una situación muy estresante. En 1942, la British Broadcasting Corporation anunció que había campos de exterminio en Polonia, así que la idea de que íbamos a ser deportados pronto se desvaneció y la gente se traumó”.

¿Cómo era su existencia antes del campo de concentración?

Llevaba una vida normal y feliz. Iba a una escuela pública, practicaba muchos deportes, íbamos a Suiza en las vacaciones y dos veces fuimos a Kimberly, porque mi madre nació en Sudáfrica. Llevaba una vida muy cómoda, pues mi padre era gerente en el Banco de Ámsterdam. Entonces no había antisemitismo en Holanda —no era como en Polonia—. Como que salió de debajo de la tierra cuando los alemanes invadieron los Países Bajos.

¿Recuerda algún momento de felicidad?

No había tal cosa. Era una lucha constante por mantenerse con vida. Yo hablo de esta experiencia porque sobreviví de pura suerte, así que tengo el deber de contarle al mundo lo que ocurrió. La mayoría no imagina lo que fue el Holocausto, fue más grande de lo que la gente piensa: asesinaron a dos tercios de la población judía en Europa y casi tienen éxito en su tarea de exterminio. Tengo el deber de hablar a nombre de aquellos que no sobrevivieron.

¿Cómo conoció a Ana Frank?

Fue una coincidencia. Los alemanes obligaron a los directores de las escuelas a declarar el número de estudiantes judíos que había en sus clases, hasta que crearon 25 escuelas exclusivamente para judíos. Coincidimos en el Liceo Judío de octubre de 1941 a julio de 1942. Cuando ingresé, yo tenía 12 años y salí dos años después. Proveníamos de distintos barrios y no éramos precisamente íntimas, pues cada una tenía su grupo de amigas. Era una chica muy vivaracha que amaba la vida. Le hubiera encantado saber que se volvería tan popular como lo es, porque eso le encantaba: ser vista y escuchada. Tenía el don de la escritura, y si hubiera sobrevivido habría sido una gran escritora.

¿Cómo se dio su reencuentro?

Esa fue otra coincidencia porque, cuando mi padre murió, mi madre y mi hermano fueron deportados y yo fui enviada a un pequeño campo de concentración de mujeres, que estaba junto al gran campo de mujeres, donde estaba Ana. La pude ver a través de la alambrada de púas, pero no podía pasar de un campo a otro, porque estaban separados. En 1945, cuando quitaron la alambrada, fui a buscarla y la encontré. Me contó sobre todo lo que le había sucedido durante su estadía en Auschwitz, así como de que había escrito un diario cuando estuvo escondida. Me dijo que pensaba publicar el diario cuando terminara la guerra, pero no como estaba, sino que lo usaría de base para un libro.

¿Cómo se recuperó de la experiencia de vivir en Bergen-Belsen?

Nunca te recuperas de los traumas. La mente humana no tiene una tecla para borrar: debes vivir con el trauma toda tu vida. Es muy difícil, pero no hay nada que puedas hacer y la vida sigue. Por fortuna, tengo un marido maravilloso y unos hijos increíbles que me han apoyado mucho.

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