• Regístrate
Estás leyendo: Como el torero
Comparte esta noticia
Lunes , 24.09.2018 / 16:35 Hoy

Como el torero

Un libro que se asoma a esa vida “a contracorriente… sumamente apasionada”, en la que esta académica universitaria ha fijado sus intereses profesionales y, habrá que decir también, entrañables.

Publicidad
Publicidad

A la manera del torero, héroe literario al que celebró, Josefina Vicens (1911-1988) ejerció un oficio de soledad y riesgo. Escribir fue su pasión. El corolario, una obra periodística y narrativa que los años han ido ubicando en meritorio sitio, antes regateado, ya por celo o desconocimiento, de nuestra cultura nacional.

¿Su legado? Las novelas El libro vacío (1958) y Los años falsos (1982) así como cuento, poesía, teatro, argumentos y guiones cinematográficos y mucho periodismo. Suma construida en un tiempo no lejano, ahora recuperado mediante los mecanismos de la investigación histórica y biográfica por Norma Lojero Vega.

Un libro que se asoma a esa vida “a contracorriente… sumamente apasionada”, en la que esta académica universitaria ha fijado sus intereses profesionales y, habrá que decir también, entrañables. Desdoblamiento que posibilita no solo la reaparición de Vicens sino igualmente la revisión de un México y sus grupos literarios.

“Ofrecer a la atención de los lectores la vida de una escritora como Vicens —escribe Lojero Vega— es quizá un acto desesperanzado mientras México no ha podido ser escucha de los otros, en tanto se constata la imposibilidad de aprehender la libertad que exige una sociedad como la nuestra”. Un México que pareciera extenderse en los años y ser el mismo que el trazado, desde los interiores de sus solitarios personajes, en la obra de la estudiada.

Aun sin renunciar a los instrumentos académicos de su formación, al tiempo que subraya las dificultades para la conformación de personajes que van de la realidad a la ficción, Lojero Vega consigue recuperar con transparencia la figura de Vicens. Panorámica y detallada. Beneficio para el lector, que en momentos llega a dudar acerca del género literario en que se está adentrando. Práctica que tal vez no agrade mucho a quienes defienden la rigidez de las fronteras entre las prácticas.

Lo recuerda Lojero Vega, la obra de Vicens, si bien editada y en circulación, merecería nuevas versiones acompañadas de otros estudios, y catalogada a partir de su diversidad de orden. No todos saben que en su paso por el universo de la cinematografía, Vicens escribió los guiones de El proceso de las señoritas Vivanco y Renuncia por motivos de salud, por ejemplo. O que en periodismo dejó cientos de colaboraciones, mayormente dedicadas al mundo de los toros, casi siempre firmadas con distintos seudónimos. Sin olvidar, claro, las novelas referidas (sobre El libro vacío Brushwood escribió: “Ejemplo elocuente de cómo el hombre está sujeto a las tiranías que a sí mismo se ha impuesto (…). El protagonista no puede derribar los muros que lo confinan, a pesar de que sabe que, por naturaleza, tiene la capacidad para realizar el acto heroico. No puede realizarse a sí mismo, no puede trocar la muerte en vida”).

Dice la voz de Vicens:

“Quizá no alcance a distinguir el miedo asomado en el proceso creativo, quizá solo sea un decir y sea el propio hacer el que reivindique el curso de la historia, la de los personajes y la mía propia. Tal vez mi atracción por lo desconocido, por la muerte misma contenga la respuesta sin asideros, sin estorbos a la hora de enfrentarla y, sobre todo, sin miedo y, sí, con mucho placer”.

Como el torero.

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.