“Me gusta combinar lo intelectual con lo natural”: Jan Hendrix

El artista plástico resume su relación con la arquitectura en el volumen, que será presentado la próxima semana en el Museo Rufino Tamayo.
“Hay un pequeño zoológico de elefantitos blancos en Santa Fe”, afirma.
“Hay un pequeño zoológico de elefantitos blancos en Santa Fe”, afirma. (Jaime Navarro)

México

En el estudio de Jan Hendrix lo mismo se ve una biblioteca dedicada a la botánica —una de sus pasiones— que una serie de dibujos en blanco y negro del Jardín Francés, los cuales enviará a la galería que lo representa en Madrid, España, para una exposición.

Una larga mesa de madera se extiende en el lugar separando la biblioteca y los dibujos. Laptop, celulares y un teléfono fijo —estos no dejan de sonar en el encuentro con MILENIO— acompañan el sitio en el que este alto, delgado y canoso artista trabaja a diario.

A Jan no le gustan las fotografías, e incluso no permite que se le tomen. Sin embargo, es paciente al responder los cuestionamientos que se le hacen sobre su nuevo proyecto: Ornament is Not a Crime (El ornamento no es un crimen), libro editado por Arquine que será presentado en el Museo Rufino Tamayo el 7 de febrero a las 19:00 horas.

La publicación muestra la relación que ha tenido Hendrix con distintos arquitectos mexicanos como Teodoro González de León, Ricardo Legorreta, Enrique Norten y Bernardo Gómez Pimienta.

¿Cómo ha influido la botánica en su obra?

De muchas maneras. El hecho de que sea un fanático de la botánica y coleccionista de material que está relacionado con el tema tiene una lógica: si trabajas con el paisaje y lo haces por 40 años, como es mi caso, te metes cada vez más en los detalles y llega un momento en que te adentras de tal manera con las plantas que no las puedes evitar. Uno se da cuenta de que la composición de este caos del paisaje tiene que ver con el orden dentro del caos que hay en las plantas. Te empiezas a interesar por las líneas, los sistemas, la ciencia, la investigación, y al rato te importa más la investigación y la literatura sobre el tema que la obra final.

¿Por qué les sugiere a los arquitectos que se fijen en las líneas, mientras usted lo hace en las curvas?

En la arquitectura del siglo XX, de 1930, saliendo del art nouveau, con Mario Pani, la modernidad mexicana y la Bauhaus de Alemania, entre otras expresiones, hay una lucha de rectas contra rectas, y a veces diagonales, pero ninguna curva. Apenas hoy está saliendo una nueva generación de arquitectos, liderados en México por gente como Michel Rojkind, con la intención de permitir que las formas fluyan. Si uno trabaja con materia orgánica y prima que viene del paisaje y la naturaleza no te vas a encontrar ninguna recta.

¿En sus esculturas a usted le gusta combinar lo mineral con lo natural?

Me gusta combinar lo intelectual con lo natural. El lenguaje contemporáneo de la arquitectura tiene que estar muy bien pensado. Si nosotros como artistas hacemos cosas chiquitas, y eso nos mantiene preocupados, imagínate al arquitecto que hace un edificio de 50 pisos; más vale que se preocupe por las consecuencias financieras de su obra. Recuerdo que el arquitecto Richard Meier casi llevó a la quiebra a la Fundación Getty por hacer el mausoleo más grande en Santa Mónica, California. Hay edificios que dejan manchas en una ciudad.

¿Eso le ha pasado a la Ciudad de México? ¿Hay muchos elefantes blancos?

No han hecho muchos edificios altos. Ahorita está empezando una nueva tendencia a hacer edificios hacia arriba: hay un pequeño zoológico de elefantitos blancos en Santa Fe.

De las obras mostradas en el libro ¿cuál es la más emblemática?

La primera siempre es importante: el mural en bronce para el vestíbulo del Hotel Habita, porque se convirtió en una tarjeta de presentación con la arquitectura; la menos arquitectónica es la alberca que hice en la casa de un amigo en Malinalco, Estado de México. Es una pieza que me encantó. Es marquetería con ónix blanco; el resto de las esculturas tienen una sensación distinta, una colaboración diferente, un financiamiento particular y una fecha de entrega única. Cada cual tiene su propia historia. Hay obras, como la que tengo en el Zócalo de Puebla, la cual tiene una interacción especial con la gente.

¿Con cuál arquitecto se ha sentido más cómodo?

Con Teodoro González de León porque es amigo de toda la vida; con Enrique Norten y Bernardo Gómez Pimienta también. Cuando trabajas con amigos puede ser más complicado, porque las discusiones son más fuertes. Sin embargo, no me ha pasado.

¿El arte contemporáneo y la arquitectura siempre se pueden combinar?

No, difícilmente. Por un lado tienes el arte corporativo, en el cual se compra la obra y se cuelga en el lobby de un edificio de oficinas; luego hay una serie de intervenciones de arquitectos con artistas que en México está volviendo a retomarse. En este país hubo un periodo muy largo en el que el arte moderno o contemporáneo y la arquitectura no tuvieron relación. En tiempos de Diego Rivera, arquitectos y artistas vivieron muyan juntos, pero desde que Juan O' Gorman terminó la Biblioteca Central de la UNAM se divorciaron. En el tiempo de Miguel Alemán se produjo una arquitectura funcional con Mario Pani a la cabeza, en la que no había relación, la que ahora se está retomando.