Una pelea cubana contra los demonios

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Tomás Gutiérrez Alea
Tomás Gutiérrez Alea (AFP)

Ciudad de México

Alguna vez me topé con Robert de Niro en el elevador de un hotel en La Habana. Cristopher Walken y Treat Williams acompañaban al malhumorado actor. Como decenas de actores, directores, productores y distribuidores del cine iberoamericano, las estrellas hollywoodenses participaban en el invierno de 1985 en las jornadas de la séptima edición del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano.

Muchos se sorprendieron en aquellos días con la presencia de los actores estadunidenses en la isla. Tres años atrás, el presidente Ronald Reagan, otro histrión, éste de muy escaso talento, había anotado a Cuba con torpe caligrafía en su lista negra como un país que apoyaba al terrorismo. Alexander Haig, su secretario de Estado, cabildeaba con desespero por todas partes, buscando consenso para una invasión armada a la nación caribeña. En La Habana de entonces uno veía todavía a hombres, mujeres y niños cavando trincheras para enfrentar lo que viniera. Los estadunidenses que viajaban a la isla eran mal vistos en su país, anotados sus nombres en otras listas negras y sancionados legalmente.

En aquel cálido invierno de 1985 los cubanos estaban que daban brincos de júbilo. Como aquellos que en multitud cantaban jocosos al recibir la visita de un mandatario africano: "Nyerere, Nyerere, el pueblo te quiere aunque no sabe quién tú ere", muchos habaneros no tenían ni idea de quienes eran exactamente De Niro, Walken y Williams, pero entendían bien el significado de su presencia solidaria en su vida plena de estrecheces.

Quienes analizaron el fenómeno entonces descubrieron la implementación por las autoridades cubanas de una suerte de "diplomacia del cine" que poco a poco, en el contexto de su festival, de las actividades de la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños y de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, y a menudo mediante sutiles negociaciones de Gabriel García Márquez, fue llevando Hollywood a pedacitos a Cuba. Francis Coppola, George Lucas, Harry Belafonte, Sidney Pollack, Gregory Peck, Oliver Stone, Raúl Juliá, Jack Nicholson, Dennis Hooper, Jack Lemmon, Kevin Costner y muchas otras celebridades fílmicas se sumaron a ese discreto pero trascendente proyecto de conciliación entre ambas naciones, en conflicto desde el triunfo en 1959 de la revolución castrista.

Sembraron todos, cubanos y estadunidenses, esperanzadoras semillas que hoy dan sus primeros frutos. Ahora, 30 años después, la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood y la Cinemateca de Cuba comienzan a tender lazos, mientras ambas naciones buscan resolver sus diferencias y sus rencores. Acaban de anunciar que la academia estadunidense se hará cargo de la restauración de los negativos de Una pelea cubana contra los demonios y Los sobrevivientes, dos películas del desaparecido Tomás Gutiérrez Alea, uno de los realizadores consentidos de la revolución cubana.

*Profesor-investigador de la UAM-Iztapalapa