El cocinero que sabía demasiado

El cadáver de quien fue cocinero de las familias Clinton y Bush fue hallado hace unos días en una zona montañosa de Nuevo México; esta es la historia de Walter Scheib, el cocinero que sabía ...
Walter Scheib cocinó para los Clinton y los Bush
Walter Scheib cocinó para los Clinton y los Bush (Reuters)

Ciudad de México

Parece una trama de oscuro thriller político entre manteles finos y sabrosas viandas. El cadáver de Walter Scheib fue hallado hace unos días en una zona montañosa de Nuevo México. Estaba desaparecido desde una semana antes. Habría sido solo un gringo muerto en las inmediaciones de la frontera con México de no tratarse de un profesional de las cocinas que se hizo cargo de la alimentación de los presidentes Bill Clinton y George W. Bush y de los convidados al comedor de la Casa Blanca en aquellos años. Fallecido en solitario a los 61 mientras practicaba senderismo, Scheib parecía más que sano en fotografías recientes. Nadie habría adivinado que la muerte se le acercaba. Con su deceso aún inexplicado, el chef parece destinado a convertirse en un personaje literario. Habrá que ver de qué calidad. Como las víctimas marcadas en las novelas policiacas, sin duda sabía demasiado. Solo habría que imaginarlo rondando entre las mesas del comedor de la Casa Blanca con una gran sonrisa, viendo y escuchando todo lo que ocurría a la luz de las velas, entre cucharadas de sopa y sorbos de vino. Tal vez vio y escuchó de más.

Scheib salió de la Casa Blanca por la puerta trasera luego de 11 años de prestar ahí sus servicios. Laura Bush, la esposa del presidente, solicitó su dimisión, aunque la versión oficial fue que había renunciado por cuenta propia. Pero el chef contó por ahí que abandonó su lugar al frente de los fogones presionado por la esposa de un acaudalado patrocinador del partido Republicano, que habría llegado a la Casa Blanca para hacerse cargo de la alimentación y la decoración en la residencia presidencial.

Si no estaba al tanto de los más oscuros secretos de Estado, cuando menos sabía de los gustos gastronómicos de dos familias presidenciales, que habían quedado en evidencia en el verano de 2003 durante un viaje de Scheib a París para participar en una convención de cocineros de altos vuelos. Una mujer que se identificó como la esposa del presidente francés Jacques Chirac se le puso enfrente para ofrecerle la más alta responsabilidad en la cocina del Elíseo, que a fin de cuentas habría de reducirse a la preparación de las pizzas y hamburguesas que tanto gustaban al mandatario galo. El chef no lo pensó ni un segundo y aceptó sin condiciones. Luego supo que se trataba de una broma pesada, grabada con una cámara oculta para una emisión televisiva, y terminó pidiendo la ayuda de la Casa Blanca para que no fuera difundida. Para entonces todo el mundo estaba enterado de los malos gustos culinarios de Bush, pero tal vez la confianza presidencial en el chef quedó hecha pedazos. Un par de años después lo echaron a la calle.

Las últimas páginas de la noveleta policiaca en que se convirtió su vida lo ubican muerto en un paraje solitario entre montañas mientras en Estados Unidos los Clinton y los Bush comienzan a pelear a muerte por su regreso a la Casa Blanca.

*Profesor-investigador de la UAM-Iztapalapa