La columna pasa por un momento pobre: Jordi Soler

El colaborador de MILENIO publica un “libro para pensar” que aborda “todas las pulsiones contemporáneas y lo políticamente incorrecto, y, hacia los extremos, una serie de paisajes literarios”.
“Los ensayistas mexicanos han sido muy solemnes siempre, como los poetas”.
“Los ensayistas mexicanos han sido muy solemnes siempre, como los poetas”. (Mónica González)

Madrid

El escritor mexicano Jordi Soler sostiene que el género de la columna, el cual ha practicado durante 30 años, vive un momento “pobre” en México porque, a diferencia de otros países, los medios apenas admiten columnistas opinando de manera muy literaria sobre la cotidianidad. “Creo que las columnas periodísticas son interesantes en la medida en que opinan desde otro ángulo, aunque la opinión haga ruido o sea incorrecta y te equivoques; pero para eso son también las columnas de opinión. Yo aprecio mucho las que me enseñan otro lado de la realidad. Hay columnas en medios españoles, por ejemplo, sobre la política europea a la luz de Moby Dick. En ese sentido, me parece que el futuro de los periódicos está muy ligado a las columnas de opinión, porque las noticias ya te llegan por todos lados; estamos informados permanentemente. Y la opinión es otra historia: es la observación atenta de un fenómeno que te explica un columnista”.

Autor de novelas como Bocafloja, La fiesta del Oso, Restos humanos y Ese príncipe que fui, Soler (1963) acaba de publicar en España el libro Ensayos bárbaros (Circulo de Tiza), una obra cuyo pilar son precisamente las columnas que el autor ha publicado en medios como MILENIO y El País, donde colabora habitualmente, algunas de las cuales ha reelaborado y le han servido para partir de ideas que ha vuelto a desarrollar con el fin, dice en entrevista, “de que el libro tuviera cierta música”. La melodía que acompaña todas las piezas, añade, “es una zona central que aborda temáticas del siglo XXI, de las nuevas tecnologías a la obsesión por la salud; la satanización del que fuma o el que bebe; todas las pulsiones contemporáneas y lo políticamente incorrecto, y, hacia los extremos, una serie de paisajes literarios, todo para narrar y contar algo que tiene que ver con el sentido común. En ese sentido, se trata de un libro para pensar”.

El sentido común, dice Soler, aflora en estos ensayos de forma contundente. El autor comenta que en el periodismo ese sentido común “se ha perdido un poco”, lo que tiene que ver, señala, “con la velocidad y la inmediatez, porque ahora importa casi más la velocidad con que aparece la información que lo que estás diciendo; importa más tenerlo primero. Y eso ha provocado la pérdida del rigor. Pero todo vive, por gracia o por desgracia, 24 horas”.

Recursos narrativos

Otra idea que permea los Ensayos bárbaros es que “el cerebro, la parte física de la inteligencia, es un disco duro que tiene un número limitado de gigabytes, y los inputs que te vienen desde fuera te llenan el disco duro. Y para pensar y reflexionar tiene que haber un vacío, una zona libre. Con el cerebro atiborrado de información eso no se puede conseguir. Así que la propuesta del libro es que engancharte a esa velocidad es un acto voluntario, como lo es apagar la tableta y los celulares y sentarte a pensar. Yo tengo una cuenta de Twitter; participo, tengo Instagram, leo libros electrónicos, estoy metido de cabeza en el siglo XXI, pero me parece que todo lo que hacíamos en el siglo XX no lo podemos dejar ahí y hay que traerlo para acá”.

Sobre el ensayo como género literario, Soler expone que “en el siglo XXI hay que escribir de otra forma, porque ya no se piensa igual que en el siglo pasado. El mundo ha cambiado mucho, y consecuentemente ya no se pueden decir las cosas como antes. Hay que contar con agilidad las cosas: no se pueden escribir ensayos como Hegel o como Alfonso Reyes, sin ir más lejos. Por otra parte, el ensayo, tal como yo lo practico, tiene mucho de narrativa. Mis ensayos son los de un narrador que observa y da cuenta de sus observaciones, pero utilizando el instrumental de la novela”.

En México, observa Soler, tampoco acaba por cuajar una nueva forma de hacer ensayo: “Quizá el ensayo está muy acaparado por lo académico, por la manera en que lo hicieron Reyes y Octavio Paz. En ese sentido, los ensayistas mexicanos han sido muy solemnes siempre, como los poetas. Hay que saberlo todo y no se atreven a ensayar, justamente”.

Soler lamenta que en Méxicohaya poca crítica literaria: “Hay notas de prensa en cuanto salen los libros, pero la crítica apenas se hace de forma sistemática. Visto desde España, el mundo editorial fuerte es el que está en México y Latinoamérica. Y esto es algo positivo, porque va a cambiar la manera de seleccionar los libros y va a generar cosas interesantes, porque hasta hace poco el mundo editorial era al revés”.