ENTREVISTA | POR VIANEY FERNÁNDEZ/ LABERINTO

Con "Lenguaje en libertad. El Colegio Nacional celebra a Octavio Paz", el crítico literario Eduardo Mejía y su hija María José Mejía decidieron mostrar al escritor visto por sus pares.

De tú a tú: Eduardo y María José Mejía

"Lenguaje en libertad. El Colegio Nacional celebra a Octavio Paz".
"Lenguaje en libertad. El Colegio Nacional celebra a Octavio Paz".

Ciudad de México

El centenario de Octavio Paz trajo consigo una andanada de reediciones, ensayos, compilaciones, homenajes y publicaciones. Sus 100 años desde diferentes aristas: el Paz poeta, el Paz prosista, el ensayista, el diplomático, el editor, el promotor cultural. Con Lenguaje en libertad. El Colegio Nacional celebra a Octavio Paz, el crítico literario Eduardo Mejía y su hija María José Mejía decidieron mostrar al escritor visto por sus pares. El libro recaba las voces de 26 miembros del Colegio Nacional que reconocen, critican, cuestionan, aplauden, analizan y hasta reinterpretan la obra del Premio Nobel de Literatura.

“Lo primero que se nos ocurrió para conmemorar el centenario fue juntar lo mejor que se había escrito sobre Octavio Paz en todo el mundo, pero la cantidad sobrepasa los 500 libros y más de 10 mil ensayos. Lo más natural era, entonces, lo que habían escrito los miembros del Colegio Nacional”, explica Eduardo Mejía.

“Estaba sobreentendido que todo mundo iba a reeditar sus obras, que todo mundo iba a escribir sobre el escritor reconocido, pero ¿qué pasa con el joven que empieza a escribir Entre la piedra y la flor? Las únicas personas que podían tener ese testimonio eran quienes crecieron junto a él en esta institución”, agrega María José Mejía.

En la polifonía en que resultó la compilación desfilan Ramón Xirau, Eduardo Matos Moctezuma, Fernando del Paso, Alfonso Reyes, José Emilio Pacheco, Gabriel Zaid, Enrique Krauze, Antonio Alatorre, Miguel León Portilla, por citar solo algunos.

“Dicen que cuando quieres conocer a otra persona tienes que verla a través de los ojos de las personas que la conocen. Estos son muchísimos ojos de gente que sabe escribir, en igualdad de condiciones intelectuales. Quizá los estudiosos de la obra de Paz hablarán bien de él porque es su objeto de estudio. En este libro los autores hablan del que se sienta junto a ellos en la sesión”, reitera María José, quien junto con su padre trabajó casi cuatro meses en la selección de los textos.

Eduardo Mejía dice que desde que comenzó el proyecto tenía claro que los textos abordarían la obra del autor de El arco y la lira por encima de la amistad que éste sostenía con personajes como Jaime García Terrés, Enrique Krauze, Luis Villoro y Carlos Fuentes. Entre las sorpresas que encontraron en la investigación, está la correspondencia con otros escritores y artistas. Se publican seis cartas que Carlos Fuentes le escribió a Paz entre 1966 y 1969, aunque no todas fueron remitidas. Documentos dirigidos al intelectual, pero sobre todo al amigo: tras la matanza de Tlatelolco, Fuentes le pregunta qué hacer ante el “gigantismo mussoliniano” que estrangula a México, para después responderse a sí mismo: “Hay que escribir, escribir, con audacia, vulgaridad, belleza, terror y sueño: todo lo que afirma niega a este miserable fascismo”. Son cartas que revelan tanto de uno como del otro. Como en la que Fuentes se sincera tras una noche de borrachera con Pedro Cuperman y José Emilio Pacheco, y le confiesa que, a pesar de las largas y apasionantes conversaciones que sostiene lo mismo con Luis Buñuel que con Gabriel García Márquez, es con Paz con quien siente la confianza de ser “borracho y pendejo”.

Está también la correspondencia con Alfonso Reyes y con ella el Octavio Paz aprendiz. El maestro se congratula con la primera edición de Libertad bajo palabra. El Paz curioso, obseso y acucioso está reflejado en los mensajes que intercambió con Vicente Rojo, con quien planeó desde Nueva Delhi hasta el más mínimo detalle de Marcel Duchamp o el castillo de la pureza y los Discos visuales. De hecho, Eduardo Mejía consiguió que Vicente Rojo proporcionara los bocetos originales del diseño de ambos libros, que se añaden a las cartas en la compilación.

El deleite visual continúa con las ilustraciones que Rufino Tamayo hizo para la edición de Águila o sol y con los planos del museo que erigiría Teodoro González de León en honor a los poemas y ensayos que Paz escribió sobre el arte mexicano y que fueron compilados en Los privilegios de la vista.

Para María José Mejía, de todas las facetas del intelectual mexicano destacaría la del poeta que inspira, el que mueve algo en sus allegados para crear a partir de él. Es la obra artística a partir de la creación ensayística de Paz. Como las partituras que Mario Lavista concibió a partir de sus lecturas del Nobel, dos canciones para mezzosoprano y piano, y cuyas piezas están en el libro.

Como los poemas en los que, bajo el título de “Junta de sombras”, José Emilio Pacheco se convierte en una especie de escritor fantasma y se apodera lo mismo de la voz de Ramón López Velarde que de Sor Juana Inés de la Cruz, de Rubén Darío que de Carlos Pellicer.

Lenguaje en libertad. El Colegio Nacional celebra a Octavio Paz es una obra multifacética como el propio escritor al que rinde homenaje. Es poesía, ensayo, epístola, música, arquitectura, pintura, disertación, crítica. Es, en palabras de sus compiladores, la oportunidad de descubrir a un Octavio Paz terrenal que va más allá de la referencia cultural o el escritor inmaculado en el que se ha convertido. “Este libro te da la oportunidad de descubrir a un Octavio Paz que a su vez fue descubierto por autores de su generación y que podían mirarlo de tú a tú”, culmina María José Mejía.