Cocodrilo al ataque

El Santo Oficio.
El Santo Oficio
El Santo Oficio (Conaculta)

Ciudad de México

No tiene, si no los pelos del cartujo estarían parados de punta para siempre. Malacostumbrado a lo políticamente correcto, pega un brinco descomunal cuando lee una carta “lírica” de Efraín Huerta a sus amigos Octavio Paz, Ricardo Cortés Tamayo y Octavio Novaro, fechada en abril de 1937 e incluida en la antología Canción del alba (Ediciones La Rana, 2014), compilada por Raquel Huerta-Nava.

Ellos estaban en Mérida trabajando como maestros en secundarias públicas, él en la Ciudad de México. Les escribe de la lluvia, de mítines políticos, de Nicolás Guillén, de amigos comunes y adversario ideológicos. Eran otros tiempos y nadie se santiguaba ante los exabruptos o el sarcasmo. Sin cuidar las formas, sin recurrir a eufemismos idiotas, Huerta les avisa “que la poesía jotísima sigue ‘triunfando’ en la calle de Gante y en el Taller de Bordado. Que la poesía de toxicómanos tiene su mejor representante en el autor de Nocturno de los ángeles, preciosa plaquette publicada bajo el signo de los hipocampos —caballos que hablan, nadan y escriben—, y en la cual se llega a la sorprendente conclusión de que los ángeles ‘cuando duermen sueñan no con los ángeles sino con los mortales’; el mismo autor, bajo idéntico signo, ha dado a luz Nocturno mar, vibrante ejemplo de lo puro y acendrado en poesía. Yo me pregunto, ¿escribió Villaurrutia este libro cuando su piel crecía en la piel de otro cuerpo, o cuando entre los negros de North Carolina, ‘confundidos cuerpos y labios’, no se atrevía a decir ‘esta boca es mía’? Quién sabe, amigos. Pero la primavera llueve sobre Los Ángeles —ciudad californiana—, y encima de los ángeles —entes cuya encarnación misteriosa sólo es conocida por Carlos Luquín y similares”. (Luquín había publicado recientemente un ensayo sobre los poemarios de Villaurrutia mencionados por Huerta).

El monje espera descubrir algún día la respuesta de los Contemporáneos a la diatriba del Gran Cocodrilo, no estaban mancos ni eran dejados. Sobre todo Salvador Novo, quien nunca escondió su condición homosexual ni puso la otra mejilla a sus detractores.

Canción del alba es un amplio muestrario (609 páginas) del trabajo periodístico de Efraín Huerta. La carta citada se publicó el 12 abril de 1937 en Diario del Sureste, donde había comenzado a colaborar un año antes.

Las mujeres, las flores, la política, el cine, la poesía, la música, la ciudad, los libros… son frecuentados por Efraín Huerta en estos textos ajenos a la solemnidad, divertidos en ocasiones, peleoneros, solidarios, apasionados siempre. La admiración por la Unión Soviética, Neruda, Pellicer, Cortázar —a quien, recuerda Huerta, Susan Sontag llamó “dromedario argentino” y “gaucho estúpido” por haber escrito la historieta Fantomas contra los vampiros multinacionales. Una utopía realizable— forman parte de este libro del cual no es posible salir indemne.

Queridos cinco lectores, con el pensamiento planeando sobre la ciudad nocturna, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén. D