El club de los escritores suicidas

Paul Celan, Sylvia Plath, Ernest Hemingway, Horacio Quiroga, Alejandra Pizarnik, Jorge Cuesta y Malclom Lowry, quienes además de compartir la pasión temática también vivieron una dura vida de ...
Ernest Hemingway
Ernest Hemingway (Archivo)

Ciudad de México

Los escritores se enfrentan a una vorágine de pasiones y experiencias, las cuales se convierten en los temas principales de sus obras literarias. Algunos de los escritores más famosos de la historia han encontrado en la soledad, la tristeza, la agonía y la muerte, el punto de partida para desbordar en instrumentos literarios esas inquietudes.

La oscuridad y la fuerza de estos temas rondó a figuras como Paul Celan, Sylvia Plath, Ernest Hemingway, Horacio Quiroga, Alejandra Pizarnik, Jorge Cuesta y Malclom Lowry, quienes además de compartir la pasión temática también vivieron una dura vida de depresión y trastornos psiquiátricos. Decía Shakespeare en Hamlet que ser o no ser, es la cuestión, para esos escritores dejar de ser fue el mejor camino.

Paul Celan: luchar contra la tristeza

“Veo vivir mi oscuridad.

La veo hasta el fondo:

aún allí es mía y vive”

El poeta alemán se pasó la mayor parte de la vida luchando contracorriente. Primero contra las preferencias ideológicas de su familia, cuando se transformó del sionismo al socialismo judío y luego contra su mayor enemiga: la tristeza.

Su primer encuentro con la muerte fue durante la época en que era estudiante de letras, momento en que sus padres fueron llevados a campos de concentración. Más adelante, el poeta se casó con la pintora Gisele Celan-Lestrange, con quien enfrentó la muerte de su primer hijo. Estos encuentros comenzaron a agravar la vida de Celane, quien ya para 1962 comenzó a enfrentar problemas psiquiátricos fuertes y episodios de delirios.

Celan vivió en una institución psiquiátrica para controlar sus episodios, al tiempo que enfrentó las acusaciones de plagio. Luego de una vida con altas y bajas emocionales, el poeta se mudo al departamento en el número 6 de la Avenue Émile Zola, donde vivió año y medio vivía solo, separado de su esposa e hijo.

Un 20 de abril de 1970 el escritor saltó al río Sena, hecho que se reveló hasta el 1 de mayo, cuando su cuerpo fue encontrado río abajo por un pescador. Así se quedó en el Sena el poeta, quien finalmente dejó de luchar con la tristeza y se dejó arrastrar por el río hacia la muerte.

Alejandra Pizarnik: sucumbir hacia el fondo

“No quiero ir nada más que hasta el fondo”

La poetisa argentina Alejandra Pizarnik fue una de las prodigiosas literatas de ese país. Fue hija de inmigrantes y estudió Literatura en la Universidad de Buenos Aires. La literata retomó las figuras de las vanguardias francesas como el poeta Mallarmé. Su obra tiene una fuerte carga simbólica, legado de su influencia con la poesía francesa, y giró en torno a temas profundos y sensibles como la soledad y la muerte.

La poeta se hizo ávida consumidora de anfetaminas, según lo relata la poetisa Elizabeth Delgado Nazario, en un primer momento debido al interés de Pizarnik por acabar con el complejo de gordura y, después, por el efecto de lucidez que le provocaba la ingesta de otros psicofármacos y barbitúricos.

A los 20 años, la poetisa escribió su segundo libro, La última inocencia (1956) con dedicatoria a Oscar Ostrov, quien fue su psicoterapeuta. Luego de una prominente carrera que fue desde una carrera en la Universidad Sorbona de París hasta ganadora de la beca Guggeinheim, la poetisa comenzó a caer en cuadros depresivos.

Con dos intentos de suicido previos y hospitalizaciones en el psiquiátrico de Buenos Aires, Alejandra sucumbió ante la muerte después de haber ingerido cincuenta pastillas de Seconal sódico. Delgado explica que en el edificio de Buenos Aires donde vivía Pizarnik, un 25 de septiembre de 1972 se encontró a un lado del cuerpo de la poetiza una nota escrita que decía: “No quiero ir nada más que hasta el fondo”.

Jorge Cuesta: el sonetista oscuro

“Soy el que ocultamente se retrasa

y se substrae a lo que se devora”

El poeta mexicano fue un innovador al revivir el soneto como bandera literaria, luego de que esta modalidad fue desdeñada por sus antecesores, los Modernistas. Cuesta, que nació en Veracruz y estudió ahí ciencias químicas, llegó a la Ciudad de México a los 25 años para cambiar radicalmente el sentido de su vida.

Tres años después, se unió al grupo de los Contemporáneos, quienes adoptaron ese nombre por la revista que comenzó a publicarse en 1928 y que buscaba exponer algunas de las más actuales pero formales corrientes literarias, principalmente de la influencia europea.

Jorge Cuesta viajó a Europa y tuvo contacto con André Bretón, Díaz Mirón, André Gide, Agustín Lazo y Carlos Pellicer, con quienes descubrió nuevas corrientes literarias. A su regreso comenzó con los Contemporáneos, pero pronto su innovadora forma de retomar el soneto dotándolo de la crudeza de temas como la vida, el suicidio, la locura, la vejez, la ansiedad y... la muerte.

Aunque siempre latente, la oscuridad y la innata provocación en torno a la muerte que oscurecía la reinvención barroca del soneto de Cuestra fue apropiándose del poeta, de la persona. Sus episodios de locura comenzaron a incrementarse, de laceraciones a recaídas, el poeta comenzó a perder la fuerza para controlarse y emprendió un viaje breve pero intenso en hospitales.

Finalmente, el literato fue recluido en el sanatorio privado del doctor Rafael Lavista, uno de los pocos instalados desde finales del siglo XIX en México, cuando un 13 de agosto de 1942, a la edad de 38 años, el poeta aprovechó un descuido de los enfermeros para suicidarse asfixiado con sus propias sábanas. Así murió Jorge Cuesta, asfixiado por la vorágine que era su eterna oscuridad, su mano de poeta.

Ernest Hemingway: el retratista de la literatura

“Un hombre puede ser destruido, pero no derrotado”

De periodista a novelista, el estadounidense Ernest Hemingway retomó para su obra la abstracción de la vida en las causas de los humanos; en la guerra, el (des)amor y la soledad. El escritor nació en Ilinois en el último año del siglo XIX. A diferencia de otros escritores, Hemingway utilizó la literatura para retratar en este medio las experiencias de su vida como periodista.

Pasó la mayor parte de su juventud explorando en el periodismo y llegó a la guerra bajo el bombardeo de misiles alemanes al frente francés. Sus vivencias de la guerra lo acompañaron toda su vida a través de su obra literaria, vertedero de su descubrimiento del humano.

La guerra fue su íntima alidada y el amor, la trinchera en la que se batía en retirada a la menor provocación. El escritor pasó por la Primera y Segunda Guerra Mundial, la guerra greco-turca,  la Guerra Civil en España, El periodismo fue un pretexto para ser corresponsal, viajar y conocer lo suficiente del mundo en su transformación hacia la novela. Convivió con Pound, Joyce, Picasso, Doss Passo, Stain, Fitzgerald, artistas y literatos que ayudaron a que Hemingway encaminara su pasión a la literatura.

Tras una racha de entradas y salidas del hospital, Hemingway pasó por la dura etapa de la paranoia y fue internado en una clínica en Minnesota para ser tratado psiquiátricamente con terapia electroconvulsiva. Luego de regresar a casa tras una visita al hospital, el 2 de julio de 1961, Ernest tomó su escopeta, la introdujo en su boca y terminó con su vida.

Malcolm Lowry: el escritor autodestructivo

A little self-knowledge is a dangerous thing”

El escrito inglés Malcolm Lowry fue un viajero. Vivió en Inglaterra, Francia, Alemania, Nueva York y México. El escrito mexicano Carlos Fuentes lo describe como uno de los “gigantes de la novela, abren nuevos caminos para ella al radicarla en el lenguaje. Sus procesos son distintos, pero en el corazón de su obra, se despliega el arco del lenguaje por encima de las nomenclaturas sociales”.

El escritor convivía la escritura con su afición por el consumo de alcohol. Lowry dedicó diez años de su vida a su obra más significativa ‘Bajo el volcán’, aunque durante ese periodo se mantuvo activo con la poesía, a pesar de que muchos de sus poemas se quedaron en el  intento por ser compilados y publicados por el autor.

En ‘Bajo el volcán’, libro que escribió durante su estancia en México, Lowry construye a Geoffrey Firmin, un ex cónsul británico que vive en Cuernavaca, que es perseguido por su deseo de autodestrucción y quien se ha entregado completamente a la bebida. La historia transcurre en la celebración mexicana del Día de Muertos durante el año de 1938.

El escritor murió el 26 de junio de 1957 en Ripe, East Sussex, unos días antes de cumplir cuarenta y ocho años, a causa de una congestión alcohólica que se combinó con la ingesta de barbitúricos. El autor dijo abiertamente que fue un consumidor activo de alcohol durante la mayor parte de su vida, al grado de que murió a causa de su vicio autodestructivo.

Horacio Quiroga: cuentista contundente

“Va a morir. Fría, fatal e ineludiblemente, va a morir”.

Uno de los más reconocidos cuentistas latinoamericanos. Nació en 1878 en Uruguay,  país en el que vivió hasta los 25 años. Ahí escribió poesía y, desde pequeño, se interesó por la filosofía. A su regreso de su viaje a Paris, el escritor fundó un grupo literario llamado “El consistorio del Gay Saber”, nombre que hace referencia al libro del filósofo alemán Friedrich Nietzsche.

En un accidente, Quiroga dispara a su amigo Federico Ferrando, hecho que hace que el escrito se mude a Argentina para ‘vislumbrar otros rumbos literarios’, como lo describe el escritor uruguayo. En ese país el literato escribió gran parte de su obra, la cual se caracteriza por retomar temas como la locura, la desolación, el amor y la muerte.

Luego de haber abandonado a su esposa, María Helena Bravo, y enfrentado a una etapa de pesadumbre ante los nuevos creadores literarios, el escritor Horacio Quiroga recibe la terrible noticia en el Hospital de Clínicas, en Buenos Aires, de que tiene cáncer de próstata. Ese 19 de febrero de 1937, el uruguayo decide quitarse la vida con un acto contundente y violento; el literato bebió un vaso de cianuro y murió al instante.  

Sylvia Plath: agonizante poetisa

“Agonizar es un arte, como todas las cosas importantes”

La estadounidense Sylvia Plath nació en Boston el 27 de octubre de 1932. Estudió en la Universidad de Cambridge, en donde conoció al poeta inglés Ted Hughes, quien marcaría algunas de las etapas más oscuras en la vida de Plath luego de convertirse en su esposo.

Por un breve periodo, Plath y su esposo vivieron en Boston, pero fue Inglaterra el lugar en que los poetas pasaron la mayor parte de su vida. Ahí, la poetisa publicó el primero de sus recopilaciones, la cual tituló “The Colossus”. En su poesía Plath retoma diversos temas como la soledad, la agonía, la locura y hace referencias a la relación tormentosa con Hughes.

Luego de que Ted Hughes iniciara una relación con otra poetisa, Sylvia Plath comenzó a experimentar la parte más oscura de su vida. Su poesía se vio afectada por este cambio, trastocada por la oscuridad en torno al dolor y la agonía, su obra comenzó a reflejar los esbozos de su tristeza en torno a las especulaciones de su persona por ser esposa de Hughes al tiempo que enfrentaba el divorcio con el poeta.

En febrero de 1963, la poetisa Sylvia Plath dejó abierto el gas de la estufa de su casa luego de haber aislado con toallas la habitación en la que dormían sus hijos,  Frieda y Nicholas Hughes.