No está claro quién está del lado correcto, afirma Luigi Amara

El escritor reúne un grupo textos en los que reflexiona acerca de los procesos de normalización y uniformidad sociales.
“Estar en contra” implica un conocimiento de causa, explica.
“Estar en contra” implica un conocimiento de causa, explica. (Héctor Téllez)

México

Los personajes que pueblan el más reciente libro de Luigi Amara, Los disidentes del universo (Sexto Piso, 2013), parecieran surgir de una imaginación desaforada: un hombre adicto a hacer filas, la afición de otro por mujeres con vello facial, el taxidermista que ha materializado monstruos, el encargado de una funeraria obsesionados en las últimas palabras de personajes célebres, una colección de afectados por un tablero de ajedrez…

Aunque tal vez son producto de una imaginación desaforada, es probable que vengan más de una realidad que ha buscado desaparecerlos. Son historias en las que se funden la ficción y la realidad, pero que sirvieron al poeta y ensayista para reflexionar sobre nuestras sociedades, “en especial sobre los patrones de normalización y de uniformidad con los que nos regimos y se ha regido el ser humano: no se trataba simplemente de contar la historia de unos seres, sino reflexionar sobre nuestro tiempo, sobre nuestra sociedad”, dice el escritor a MILENIO.

Para ello quiso calificar a sus personajes a partir de la idea de un disidente, convencido de que ello implica el conocimiento de causa de lo que cada uno de ellos enfrentaba en su tiempo y en contra de su sociedad: “De algún modo pensé que el destino de estas personas, que le dieron la espalda a la uniformidad, era un acto voluntario pero no en el sentido de dar un portazo y alejarse, sino que se reafirmaba día con día: probablemente no tenían otra opción, pero no porque no la tuvieran dejaba de ser voluntario.

“Aun cuando se habían apartado, no renunciaron a su renuncia, no dejaron de llevarla hasta sus últimas consecuencias, de vivirla hasta el fin: en esa medida son disidentes, porque la abrazaron en cuerpo y alma”, asegura Amara.

¿Cómo se forman los mecanismos de uniformidad? Es una de las preguntas que impulsaron los textos del libro, si bien el escritor no tiene una respuesta clara, porque son complejos: esquemas de uniformización y de exclusión, al mismo tiempo, de lo que debe hacerse; imperativos que pueden ser morales, pero también estéticos o de muchos otros tipos. Añade: “No soy yo quien va a desentrañarlo; lo que me importaba al momento de escribir el libro y hacer el retrato un tanto conjetural de cada uno de los individuos era mostrar que esos fenómenos existen, operan de cierta manera, y también que el lector volteara a su realidad para verlos, porque muchas veces ya no vemos y confundimos la construcción de lo normal con lo anormal.”

Los personajes aparecieron en menciones extraviadas en relatos, periódicos y charlas cotidianas, e incluso Amara reconoce no estar seguro de que hayan existido realmente, pero su presencia habla de la necesidad de contar con esos “otros” que nos permitan entendernos a nosotros mismos.

“En buena medida creo que el libro es una reflexión sobre qué es la normalidad, cómo se construye y cómo opera, pero sin detenerme a hacer ninguna investigación antropológica del asunto, simplemente haciéndolo por las formas literarias e intentando, a través de textos, cambiar un poco la mirada sobre nuestras rutinas.”

Con estas historias Amara apuesta por despertar la sospecha frente a lo que consideramos “normal”, pues vistas las diferencias “ya no es tan claro quién es el que está detrás del lado correcto, o si es que hay un lado correcto en estos asuntos”.