La civil, la peor de las guerras: Pérez-Reverte

En su libro más reciente el escritor pretende explicar a las nuevas generaciones el conflicto que España sufrió durante los años treinta.
Este volumen “no va a gustar a los extremos”, explicó.
Este volumen “no va a gustar a los extremos”, explicó. (Juan Carlos Rojas/Notimex)

Madrid

Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, Murcia, 1951) lo dejó muy claro: “No se trata de aleccionar a nadie; lo que pretendo es que sirva de introducción a los jóvenes a la historia de un espantoso conflicto que destruyó hogares, familias, arruinó al país y llevó a mucha gente al exilio”. El escritor español se refiere a La Guerra Civil contada a los jóvenes, su nuevo libro, publicado por Alfaguara e ilustrado excepcionalmente por Fernando Vicente.

“Esto arranca por el golpe de Estado ilegítimo contra un gobierno legítimo. A partir de aquí lo que sucedió en estos tres años es extraordinariamente complejo. Este es un libro que no va a gustar a los extremos”.

El autor habló de “los extremos (que) necesitan demonizar al adversario, negándole hasta la respiración”, a los clichés de “o bien todos son falangistas repeinados y perversos, u hordas rojas republicanas sin Dios, ni patria ni ley”.

Preocupado por la escasa atención que los libros de texto le prestan a la Guerra Civil, Pérez-Reverte decidió contar a los chavales, “críos de once, doce, trece años”, las líneas esenciales de ese conflicto y recordar “los graves errores que llevaron a esa gran tragedia y procurar en lo posible no repetirlos”.

El ex reportero de guerra habló ayer en el Museo ABC de Madrid, y lo primero que hizo fue disculparse por no conceder entrevistas individuales.

Dijo que no entiende por qué, cuando hay un tema complejo, como el de la Guerra Civil, en vez de explicarlo lo eliminamos de los planes de estudio. “Si a un joven no le das historia, lo estás dejando huérfano de memoria, y sin ella no tiene ninguna posibilidad de comprender un país tan complejo como España”.

Se trata de un libro “pobre en adjetivos” que va a lo básico, “a los puntos comunes”, “una introducción, un prólogo a los libros de historia que están ahí”. El escritor contó que su “generación conoció la Guerra Civil a través de testigos”, pero ahora “los testimonios son de segunda mano. Y ahí es fácil entrar a manipular, y eso es peligroso”.

Entre risas, campechano y siempre parlanchín, el escritor comentó que la idea de escribir su nueva obra surgió cuando, casualmente, cayó en sus manos un libro de texto para niños que decía literalmente: “Antonio Machado fue un poeta y académico. Pasado un tiempo, se fue a Francia, donde murió”.

Desde el primer momento de su encuentro con los representantes de los medios, Pérez-Reverte deja muy claro que su libro “no pretende sustituir” a los que hay sobre ese conflicto, sino “servir de puerta a ellos e incitar a un joven a que pregunte, lea, se documente; y a los profesores a que debatan este tipo de cuestiones”. Añadió: “Tampoco pretendo sustituir a los historiadores, ni mucho menos a los maestros”.

La educación como defensa

En cuanto a su visión de qué hay en una guerra, afirma que los bandos no existen: “He sido testigo de cómo ocurren esas cosas, he estado en seis guerras civiles y sé que eso del bueno y el malo, el bando azul o el bando rojo, el bando blanco o el negro es mentira; o, mejor dicho, nunca está tan claramente definido como después intenta la gente plantearlo”.

Por eso, continuó, “que los jóvenes no sepan es muy peligroso. Su única defensa es la educación, en el sentido noble de la palabra. La educación debe crear ciudadanos críticos y lúcidos. De nada vale una urna si el votante es analfabeto. (…) La educación se ha convertido en una papilla sin sabor, desnatada, pasteurizada, donde no hay que disgustar al mediocre. No hay sal ni pimienta”.

Para escribir esa obra dijo que estuvo leyendo y releyendo los libros que tiene sobre aquellos años, y buscó elementos comunes. Y de ahí “estructuré el relato sobre aquello en lo que todos los historiadores, españoles o extranjeros, de derechas o de izquierdas, coincidían”.

El literato confesó, sin embargo, que las únicas críticas que ya prevé “serán a los sectarios, a los fanáticos y a los manipuladores a los que les sentará mal el libro, porque desmonta el ‘buenos y malos’”.

Para casi todos los españoles la Guerra Civil y sus consecuencias no es un capítulo cerrado: “Es más, aún estamos viviendo sus consecuencias. En España los políticos han sustituido a los historiadores, y eso es un error gravísimo, entre otras cosas porque tenemos unos políticos incultos que solo miran a nuestro pasado con ánimo interesado, cuando no manipulador”, afirmó el autor, que no tiene duda en subrayar que “todas las guerras son malas, pero la Guerra Civil es la peor de todas, pues enfrenta al amigo con el amigo, al vecino con el vecino, al hermano con el hermano”.