El cine y el escritor: un matrimonio mal llevado

“Al principio quise ser director”, afirmó alguna vez el premio Nobel  de Literatura, que tuvo una larga y fructífera vida cinematográfica.
Con el realizador de cine Roman Polanski.
Con el realizador de cine Roman Polanski. (AP)

México

Su relación más difícil fue con el cine. En una famosa entrevista, “El novelista que quiso hacer cine”, Gabriel García Márquez sintetizó la importancia y las dificultades de esta relación en una metáfora irónica: “En suma -le dijo sonriendo al entrevistador-, te sugiero una frasecita para que cierres el reportaje: ‘el cine y yo somos como un matrimonio mal llevado, no puedo vivir ni con él ni sin él’”, como la de “un matrimonio mal avenido (no puedo vivir sin el cine ni con el cine)”.

A sus 25 años de edad estudió la carrera de cine en el Centro Experimentale Di Cinematografía de Cinecittà, en Roma. Ahí aprendió varios aspectos del quehacer cinematográfico, al compartir largas horas de trabajo en moviola al lado del realizador César Zabatini, algunos de esos detalles los usó después en su labor literaria.

Escribió reseñas cinematográficas entre febrero de 1954 y julio de 1955 para el periódico El Espectador. En estos textos, como bien evidencia Jacques Gilard, quien tuvo a su cargo la edición de la obra periodística de Gabo, se pueden observar la formación y la evolución de las ideas de García Márquez sobre cine, íntimamente ligadas a su concepto de literatura.

Para 1954, conjuntamente con el pintor Enrique Grau, el escritor Álvaro Cepeda Samudio y el fotógrafo Nereo López, participa en la realización del cortometraje surrealista La langosta azul.

Alrededor del inicio de la escritura de su gran obra Cien años de soledad, participó como actor en la adaptación que junto con Emilio García Riera hizo de uno de sus cuentos En este pueblo no hay ladrones, dirigida por Alberto Issac.

La película fue filmada en tres semanas en la Ciudad de México y en Cuautla, con un presupuesto muy modesto. El elenco estuvo integrado por una lista impresionante de figuras contemporáneas del arte: Luis Buñuel, Arturo Ripstein, Alfonso Arau, José Luis Cuevas, Juan Rulfo, Leonora Carrington, los moneros Ernesto García Cabral y Abel Quezada.

También estuvo presente en Juego peligroso, de Luis Alcoriza y Arturo Ripstein; Patsy mi amor, de Manuel Michel; y El año de la peste, de Felipe Cazals.

“¿Si el periodismo y el cine han dejado alguna influencia en mi obra? Creo que sí, pero no son las que algunos críticos han señalado. Yo siempre creí que el cine, por su tremendo poder visual, era el medio de expresión perfecto.

“Todos mis libros anteriores a Cien años de soledad están como entorpecidos por esa certidumbre. Hay un inmoderado afán de visualización de los personajes y las escenas, una relación milimétrica de los tiempos del diálogo y la acción, y hasta una obsesión por señalar los puntos de vista y el encuadre”.

Así explica una de las vertientes de su relación con el cine, durante la conocida entrevista con Miguel Fernández-Braso que luego publica en La soledad de Gabriel García Márquez: una conversación infinita.

Esa mala relación también adquirió tintes de tormento: “Al principio quise ser director y lo único que realmente he estudiado es cine. Ahora apenas voy porque llego a la sala y termino firmando autógrafos. Sólo veo sesiones privadas. En televisión no me gusta”.

En 1986 se fundó la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de Los Baños, en Cuba. Le dedicó tiempo y dinero de su bolsillo a la institución para financiar la carrera de jóvenes cineastas .

En Internet Movie Database se encuentran 51 registros suyos como director, cuatro como actor y uno como director. Pero también fue, en 1955, tercer asistente del realizador Alessandro Blasetti, en Pecatto che sia una canaglia, comedia que protagonizan Sofía Loren, Vittorio de Sica y Marcello Mastroianni.

En 1974, durante una entrevista con Rita Guibert soltó una más de esas renuncias al cine que después dejaba atrás para hacer algo más por el séptimo arte:

–¿No te interesa más ese medio de expresión?

– No –respondió–, porque el trabajo en cine me reveló que lo que el escritor logra contar es muy poco. Inciden tantos intereses, tantos compromisos, que al final queda muy poco de la historia original. En cambio, yo me encierro en un cuarto y escribo exactamente lo que me da la gana. No tengo que tener un editor que me dice “quíteme este personaje o episodio y póngame otro”.  

Algunos frutos

Memoria de mis putas tristes, 2011

El amor en los tiempos del cólera, 2007

Los niños invisibles, 2001

Del amor y otros demonios, 2009

El coronel no tiene quien le escriba, 1999

Edipo alcalde, 1996

Crónica de una muerte anunciada, 1987

Eréndida, 1983