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Martes , 25.09.2018 / 21:09 Hoy

Cine dentro del cine

Hombre de celuloide


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Las películas de los Coen están llenas de tópicos que transitan desde la Grecia clásica hasta su propio cine. ¡Salve, César! es de esta segunda clase. Los hermanos se burlan de sí mismos y confirman que son parte del cine del mundo. Algunos de los guiños a sus obras incluyen la maleta repleta de dólares, el artista que no sabe qué hacer con su vida y un hombre en conflicto con la divinidad. La más interesante, sin embargo, es la referencia a Barton Fink. Y es que los hermanos reviven la empresa para la que trabaja el atontado Fink: Estudios Capitol. En él se desarrolla esta película que en clave alegórica cuenta la historia del cine de Estados Unidos en la década de 1950.

Suena la barcarola, Scarlett Johansson emerge de una piscina. Da inicio la escena extravagante del nado sincronizado. Las referencias son a Esther Williams. Todo se quedaría en una serie de chistes intelectuales si el infierno de Fink no guardase nuevas sorpresas. En los Estudios Capitol (El Capital), los diablos son guionistas, las almas en pena son actores y el ejecutivo es Lucifer.

Josh Brolin es el diablo mayor. Confiesa sus pecados cada veinticuatro horas. Brolin tiene que hacerse cargo de la vida de sus estrellas y evitar que los destruya la prensa del corazón. Su mayor reto en esta aventura es enfrentar a unos guionistas que han secuestrado a la estrella de un filme histórico que recuerda a Ben Hur. ¡Salve, César! es una película dentro de otra película, pero más importante que eso: es una historia dentro de la Historia. En el trayecto dramático del ejecutivo los Coen no solo producen escenas a la altura del mejor cine visual; en su trasfondo narrativo hay historias que no podrían ser contadas de otra forma. Solo en farsa es posible hablar de un Laurence Olivier que sufre con la estrella tonta, que resulta más lista que todos, del actor inocente que es mezcla de Marilyn Monroe y James Dean. Sobre todo, solo en farsa puede hablarse de un hombre a quien destruyó el Comité de Actividades Antiamericanas para el que trabajó Ronald Reagan. En 1951 el senador McCarthy consiguió que encerraran a Dashiell Hammett, autor de El halcón maltés. Le quitó sus propiedades, acabó con su prestigio, le destruyó la vida. Esta es la historia que se enmascara detrás de esta farsa en apariencia banal. En la comedia los directores pueden incluso burlarse de sí mismos. Los hermanos no toman en serio ni sus filiaciones políticas ni la religión, ni el cine soviético. Hay críticos que han encontrado boba a ¡Salve César!, pero hay que mirar detrás de sus máscaras. La película no es tan inocente como parece. Aun así hay que decir que para reírse en ella se necesita mucho sentido del humor, mucha información y mucha cultura visual. Quién sabe si valga la pena porque también hay que decir que ¡Salve, César! no tiene la poesía de Fargo ni la inteligencia de Oh Brother, Where Art Thou. Puede que sea una película menor, pero es la continuación de Barton Fink y eso la vuelve imprescindible para cualquier amante del arte visual.

Hail Caesar! (¡Salve, César!). Dirección: Ethan Coen, Joel Coen. Guión: Ethan Coen, Joel Coen. Con Josh Brolin, George Clooney, Ralph Fiennes, Tilda Swinton. Estados Unidos, 2016.

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