El cortometraje, otra forma de difundir la historia

Tres estudiantes del Instituto Mora presentan un recorrido por la trayectoria de los juguetes para atraer jóvenes al conocimiento de su pasado.
Proyecto del Centro Cultural La Matatena.
Proyecto del Centro Cultural La Matatena. (Especial)

México

La historia debe dejar de ser acartonada, academicista y de datos para convertirse en una disciplina que interactúe con la gente, coinciden los estudiantes de la licenciatura en Historia del Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora, de la Ciudad de México: Mónica Quiroz, Elí de Jesús Mayorga y Mariana Terán.

Para lograrlo, los tres jóvenes participaron, junto a 12 personas más, en un taller cinematográfico impartido por el Centro Cultural La Matatena, el cual dio como resultado la realización del cortometraje Jugando con la historia, el cual será presentado hoy en el Auditorio del Instituto Mora, a las 18:00 horas.

La película, hecha con muñecos de plastilina animados, retrata la historia de los juguetes en México, desde la época precolombina hasta la actualidad. Muestra su evolución a lo largo de los años, y cómo han desaparecido algunos de estos tradicionales objetos.

En entrevista con MILENIO, Mónica Quiroz, Elí de Jesús Mayorga y Mariana Terán confirman que hacer la cinta ha sido una experiencia única en sus vidas académicas, pues les ha permitido tener la oportunidad de apreciar su profesión de una manera diferente.

En el salón Cinco del Instituto Mora, Mónica comenta que le pareció importante participar en el proyecto porque encontró otra vía para difundir la historia: "Las formas tradicionales son el libro de texto y la novela histórica; sin embargo, en México la mayoría de la gente no lee".

Por lo anterior, uno de los medios más accesibles para las personas es el audiovisual. De ahí que, después de discutirlo varias veces, se decidió hacer un cortometraje enfocado a la niñez, pues una prioridad de la historia, como disciplina es educar a este sector poblacional, mencionó.

"Hicimos una cronología del juguete y de los juegos. Empezamos siendo muy teóricos y amplios, hasta que depuramos la historia que queríamos contar. Nosotros creamos todo: los muñecos de plastilina y la ropa; seleccionamos imágenes y discernimos sobre la forma de contar la historia. Tuvimos un proceso de trabajo muy orgánico", explicó.

El taller con el Centro Cultural La Matatena duró un mes. Los estudiantes de historia trabajaron lunes y viernes, alrededor de ocho horas, dice Quiroz.

La estudiante cree que uno de los males de la historia de México es que siempre se cuenta una historia política, un relato que recrea los mitos, los héroes y los villanos: "Benito Juárez es bueno y Alberto Santana es malo, y todo mundo se tiene que pelear. El problema de la historia política es que deja de lado la historia social, cultural y económica, que es muy interesante para los jóvenes", argumentó.

El cortometraje busca, literalmente, salirse de esa historia política contada en México, la cual a la mayoría de las personas no le interesa porque la siente acartonada, alejada y sin conexión con ellos: "No es que la historia esté mal difundida. Hay revistas como Historia y Letras Libres, así como los podcast del Instituto Mexicano de la Radio que hablan del tema. Solo que como en las escuelas te enseñan tanto historia política, tú crees que eso es lo único que hay que aprender y te olvidas de lo que pasa económica, social y culturalmente", comentó.

Mariana Terán coincidió con su compañera y añadió que el problema es cómo se enseña la historia: "Suelen decirme: '¿Estudias historia? Qué bonito, ¿pero no son solo datos y fechas?'. Yo soy feliz con ellos, pero la historia es mucho más que eso. Actualmente no se enseña la historia para que las personas la vean de manera analítica, sino solo se ve como una disciplina que enseña datos".

El discurso político e ideológico ha influido: solo hay buenos y malos, se carece de matices, y los historiadores producen para la academia, con un lenguaje científico que además es complicado, dijo.

Elí de Jesús Mayorga explicó que otro problema de la academia y los historiadores es que son tan locales en sus investigaciones que no provocan una interacción: "Hay gente que sí quiere saber de esta disciplina, pero la manera de difundirla no es la adecuada. La academia te suele decir: 'Aquí tienes este librote, léelo'. Somos un país no lector, y para involucrar a la gente con esta disciplina no debemos ser tan rígidos. Debemos enseñar a través del entretenimiento. Los académicos no hacen eso. Nos estamos separando de nuestro objeto de estudio".

Por ello, Jugando con la historia es diferente: "Nos atrevimos a hacer algo que otras personas e instituciones no realizan", concluyó.