La chatarra de algunos para otros es un tesoro

Su trabajo inició recolectando arados, lámparas de gas y toda clase de fierros que la gente desechaba o tenía guardadas.

Santiago

Lo que aquí puede ser una bicicleta oxidada y vieja, en algún bazar de Estados Unidos el mismo objeto puede representar una fortuna, ni se diga cuando se difunde en internet.

En su casa de la comunidad San Pedro El Álamo, en el municipio de Santiago, Juan Mendoza Salazar exhibe una amplia variedad de antigüedades, desde carritos montables de lámina hasta viejas bombas de gasolina.

De oficio tapicero halló en la reparación y venta de artículos antiguos un nuevo mercado, que está siendo demandado por coleccionistas locales. En particular cuando se trata de anuncios publicitarios, bicicletas, vehículos o muebles elaborados en las primeras décadas del siglo pasado.

Su trabajo inició recolectando arados, lámparas de gas y toda clase de fierros que la gente desechaba o tenía guardadas en las comunidades cercanas.

Pero claro, el principal impulso lo ha dado la televisión norteamericana con la difusión de programas enfocados a la restauración o compra-venta de antigüedades.

“La gente ve esos programas luego viene aquí y encuentra objetos muy parecidos y nos dice ‘¡ah, mira yo vi uno muy parecido en la tele!’  y pues ya se lo llevan a un precio mucho más barato”, menciona Juan Mendoza Salazar.

Cada mes Juan Mendoza organiza viajes de dos a tres días por ciudades de Estados Unidos, principalmente cercanas a la frontera, para traer piezas de reparación u objetos curiosos o antiguos. De sus pesquisas en bazares o mercados a localizado triciclos de 1920, una máquina de escribir Remington de 1930 o un sable de corte militar elaborado en Estados Unidos a comienzos del siglo XX.

“Son viajes que un hace para recolectar antigüedades. A veces te puedes topar con una pieza valiosísima, donde puedes recuperar la inversión del viaje, o terminas llevándote cosas que no te dejan nada”, apunta.

Hoy el coleccionista regiomontano está interesado en la publicidad de los 40 o 50 del siglo pasado –carteles metálicos, anuncios luminosos- así como carros montables, bicicletas, hieleras, principalmente para la decoración.

“Me piden mucho objetos para la decoración de bares: carteles antiguos, anuncios de neón o hieleras antiguas. También se mueven muy rápido las bicicletas viejas o triciclos”, señala en su taller que bien podría ser un museo.

Por ejemplo, una despachadora de refrescos de los años cincuenta se puede conseguir en unos 200 dólares pero ya arreglada su precio alcanza hasta unos 30 mil pesos, dependiendo el estilo.

Juan Mendoza asegura que en Estados Unidos la gente está muy interesada –y organizada- en materia de antigüedades por lo que allá las piezas suelen ser mucho más caras por eso los mexicanos buscan comprarlas aquí.

Incluso existen algunos negocios similares ubicados en la carretera Nacional, o en el centro de Monterrey, lo que ha llevado a los anticuarios a unirse.

“Allá tienen más valor por las cosas que nosotros consideramos basura o desechamos. A la mejor no pueden valer mucho pero hay alguien que la quiere o la busca y puede pagar buen dinero por él. Es algo que aquí apenas se está considerando”, refirió.

:CLAVES

CRECE LA DEMANDA

El principal impulso al mercado local lo ha dado la televisión norteamericana con la difusión de programas enfocados a la restauración o compra-venta de antigüedades.

Cada mes Juan Mendoza organiza viajes de dos a tres días por ciudades de Estados Unidos, principalmente cercanas a la frontera, para traer piezas de reparación u objetos curiosos.

Hay algunos negocios similares ubicados en la carretera Nacional, o en el centro de Monterrey, lo que ha llevado a los anticuarios a unirse para intercambiar piezas o recomendarse entre los clientes.