De chacales de Wall Street y espías comunistas

Memorial del engaño (Alfaguara, México, 2014) propone un sugerente juego metanarrativo al que contribuyen los paratextos de las solapas y la contracubierta,
Memorial del engaño
Memorial del engaño (Especial)

Ciudad de México

Memorial del engaño (Alfaguara, México, 2014) propone un sugerente juego metanarrativo al que contribuyen los paratextos de las solapas y la contracubierta, así como la fotografía de un irreconocible autor en perfil escorzado. No se trata, en primera instancia, de una nueva novela del escritor mexicano Jorge Volpi, cuyos datos biobibliográficos e imagen ni siquiera aparecen, sino de la confesión autobiográfica que un neoyorquino casi homónimo, J. Volpi, financiero y mecenas de la ópera, envía en 2011 desde paradero desconocido al agente literario Andrew Wylie. El propósito: que se conozca su versión de los hechos luego de haberse fugado en 2008 con 15 mil millones de dólares tras la quiebra de Lehman Brothers y la materialización de la mayor crisis financiera de la historia reciente. Tampoco son los previsibles críticos literarios, en la tercera de fo­rros, quienes se pronuncian sobre el valor de la obra, sino orquestadores de la economía global —incluso alguien tan patético como Dominique Straus–Kuhn— quienes juzgan la verdad o la mentira de los dichos de J. Volpi, perpetrador de un monumental desfalco a incautos inversionistas a partir del clásico truco de la pirámide de Charles Ponzi, una forma de embolsarse el dinero de los prestamistas a cambio de la ilusión de ganancias duplicadas a corto plazo. En las desvergonzadas confidencias que ahora hace públicas, escritas en su calidad de prófugo bajo la sombra de una palmera en una inmunda isla del Pacífico, J. Volpi declara ser simplemente un chivo expiatorio más en el estallido de la burbuja inmobiliaria alentada por los dueños del capital mundial: bancos, calificadoras, corporaciones bursátiles, especuladores, hasta altos funcionarios de la Reserva Federal y del Departa­mento del Tesoro estadunidenses. Tal como hicieron con Bernard Madoff en diciembre de ese mismo 2008. Aunque en comparación con el astronómico fraude de 65 mil millones de dólares de Bernie, añade con cinismo, el suyo representa uno más bien chiquito.

Pero Memorial del engaño no solo describe la historia del ascenso económico y posterior huida de J. Volpi a través de una feroz crítica y desenmascaramiento de la sofisticada ingeniería financiera (hedge funds, valores de acción y de opción, Blue Chips, complica­dos swaps que permiten el intercambio de pérdidas y ganancias sin modificar el giro de los negocios) que oculta la premisa elemental de que la venta de aire solo generará más aire, pese a las predicciones equivocadas de gurúes como Alan Greenspan o los premios Nobel Robert C. Menton y Myron Scholes. Éste es uno de los cauces por lo que transcurre una trama brillantemente imbricada. El otro ramal argumental re­cae en la reconstrucción de la identidad del padre, Noah Volpi, muerto en medio de una profunda depresión (1953) al tratar de salvar una paloma y caer por una ventana pocos días antes de que naciera su hijo. Por medio de informes que le proporciona la historiadora Leah —con quien J. Volpi, pese a sus aventuras homosexuales, acabará casándose—, de un diario incompleto de Noah y de los testimonios sesgados de Judith (viuda de Noah, madre del fugitivo), J. Volpi irá desvelando la intriga, llena de traiciones e imposturas, de la formación del Fondo Monetar incautos inversionistas a partir del clásico truco de la pirámide de Charles Ponzi, una forma de embolsarse el dinero de los prestamistas a cambio de la ilusión de ganancias duplicadas a corto plazo. En las desvergonzadas confidencias que ahora hace públicas, escritas en su calidad de prófugo bajo la sombra de una palmera en una inmunda isla del Pacífico, J. Volpi declara ser simplemente un chivo expiatorio más en el estallido de la burbuja inmobiliaria alentada por los dueños del capital mundial: bancos, calificadoras, corporaciones bursátiles, especuladores, hasta altos funcionarios de la Reserva Federal y del Departamento del Tesoro estadunidenses. Tal como hicieron con Bernard Madoff en diciembre de ese mismo 2008. Aunque en comparación con el astronómico fraude de 65 mil millones de dólares de Bernie, añade con cinismo, el suyo representa uno más bien chiquito.