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Ceuvoz en riesgo

La crítica/Teatro

Las iniciativas ciudadanas de cultura, esos puercoespines que ningún funcionario sabe por dónde agarrar, alcanzan con sus pequeños dedos sitios a los que el Estado no llega.
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En los tres órdenes de gobierno —federal, estatal y municipal— suele reinar una incomprensión respecto a dónde encajan las empresas culturales autogestivas o iniciativas ciudadanas de cultura (o como se les quiera llamar). Los brazos del Estado mexicano son muy cortos y no alcanzan para hacer efectivo el mandato constitucional del derecho a la cultura de sus ciudadanos; eso es un hecho irrebatible y obvio. Durante el presente sexenio el presupuesto para el sector ha disminuido una y otra vez, y en el acumulado (más la inflación de la que nunca se habla cuando este tema se toca) vamos por el orden del 40 al 50 por ciento, con la paradoja enorme que es haber creado la Secretaría de Cultura.

Las iniciativas ciudadanas de cultura, esos puercoespines que ningún funcionario sabe por dónde agarrar, alcanzan con sus pequeños dedos sitios a los que el Estado no llega. Producen poco más del 50 por ciento de los bienes culturales que se ofrecen a la población, sean libros, cine, teatro, danza, música, etcétera.

La formación de nuevos cuadros de artistas y profesores es otra tarea para la que no necesariamente alcanzan las instituciones. Por ello es alarmante el anuncio y llamado que realiza la directora del Centro de Estudios para el Uso de la Voz (Ceuvoz), la maestra y actriz Luisa Huertas, respecto a la posible desaparición de este esfuerzo. No solo se ha detenido un proyecto fundamental de expansión y de alcance mayor que es el Centro Iberoamericano de la Voz y la Palabra (Cibopal), que fue un compromiso resultante de un encuentro entre 22 países, sino que ahora el propio Ceuvoz está por cerrar porque las energías y los dineros no alcanzan, y la cerrazón institucional crece como el muro que imagina Donald Trump.

Luisa Huertas nos escribe: “El Ceuvoz es la ÚNICA escuela de esta especialidad que existe en los países de habla hispana. Se termina el sexenio, y cuatro años después del Encuentro Iberoamericano, a pesar de los esfuerzos por hacer el planteamiento de forma transversal a las secretaría de Cultura, de Educación y de Salud, no solo no se ha podido constituir la Asociación Iberoamericana de la Voz y la Palabra, y a partir de ello el Cibopal, que capacitaría a estudiantes del continente y España, sino que el Ceuvoz no cuenta con medios para la subsistencia cotidiana —renta de casa, salarios de cinco empleados y gastos de operación de la escuela—, situación que hace peligrar la subsistencia del mismo. En el tiempo que falta del sexenio, ¿podría darse un casi milagro? Por lo menos contar con un espacio en comodato que nos permita continuar la labor”. Esto sería un principio, pero ¿de verdad no existe la voluntad?

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