"El Quijote reimaginado" de Eko se presenta en Guanajuato

El artista apuesta por romper con los escenarios planteados por creadores clásicos, dice la curadora de la muestra, Avelina Lésper.

Guanajuato

La imagen del Quijote se ha mantenido a lo largo de cuatro siglos, inventada a partir de unos cuantos trazos descritos por Cervantes, lo que debió generar una enorme diversidad de reinterpretaciones, pero no se ha dado, en palabras de la crítica Avelina Lésper, quien junto con el artista Eko llegaron al Festival Internacional Cervantino (FIC) para ofrecer la conferencia El Quijote reimaginado, que tiene su reflejo en una exposición albergada por el Museo Iconográfico del Quijote.

“Contradictoriamente es una imagen inventada que tendría que abrir la puerta a muchas interpretaciones, como sucede con la novela misma, que ha suscitado miles de interpretaciones distintas; pero la imagen del Quijote se ha mantenido fija, como el hombre escuálido con  barba, y ya no digamos la de teatro, que esa sí es grotesca”, cuenta Avelina Lésper.

Desde su perspectiva, se ha dado una lectura superficial de la obra de Cervantes, a lo que se podría sumar el hecho de que el personaje ha impactado tanto, que la gente se sintió influida como con las religiones: “es intocable, no me muevas de ahí”.

“Voy a hacer un paralelo a partir de una narración descriptiva: nadie vio el rostro de Cristo y es inalterable en la representación. Sucedió una cosa similar con el Quijote, porque la descripción que hace Cervantes es escueta, sólo da dos o tres pinceladas, rasgos rápidos y de ahí se sigue, pero no hay una descripción detallada en la que él haya dicho ‘es esto y es lo otro’”.

Las imágenes de Gustave Doré y Honoré Daumier contribuyeron a plasmar una figura que se ha mantenido hasta nuestros días, “hicieron un monstruo y con eso nos hemos quedado”, a decir de la crítica de arte, a cuya reflexión se suma el artista Eko, quien asegura que los retratos que vemos hoy del Quijote, “que hacen todos los cómics, todas las novelas gráficas, todas las películas, sale de la película de Peter O’ Toole, El hombre de la Mancha, ya ni siquiera nos tenemos que referir a la novela”.

“Todos los artistas que han hecho la recreación del Quijote de 1960 a la actualidad ni siquiera han leído la novela, te lo apuesto”, advierte el creador de las obras que componen la exposición El Quijote reimaginado, albergado desde anoche por el Museo Iconográfico del Quijote.

La reinterpretación

Para reimaginar la iconografía del Quijote, Eko parte de un elemento del cuerpo de Cervantes que, supuestamente, no le permitiría seguir en la escritura, su brazo: la pérdida de la movilidad le impedía andar de arriba para abajo con una sola mano, “por lo que estaba remitido a un gabinete para escribir”.

“Es una invalidez que lo clava en un estudio y eso se refleja claramente en la obra, porque si la leemos con atención resulta que no ocurre la historia en una locación real, todo sucede en su magro cuartucho donde él está imaginando todo. El Quijote jamás sale de su cuarto”.

A partir de ese concepto, el artista apuesta por romper con los escenarios planteados por creadores clásicos: un simbolismo que ha acompañado al personaje a lo largo de los siglos, “toma ese simbolismo para rescatar la mano paralizada de Cervantes y usarla como vehículo narrativo de una nueva versión del Quijote, con escenarios completamente abstractos, fuera de lo que se ha hecho”, en palabras de Avelina Lésper, encargada de la curaduría de la exposición.

“Eko abre la puerta, con toda libertad, a imaginar ese libro rompiendo con todo lo que se ha hecho, porque es una contradicción enorme que un libro que se tomó enormes licencias, que aportó cosas terribles —porque es terrible la crítica literaria o social que hace, un libro erudito que alcanzó a romper con todo lo que estaba ahí—, que lo hayan encasillado, esclavizado y sometido a una sola versión”, a decir de Avelina Lésper.

Lo más importante es invitar a que los artistas contemporáneos ofrezcan su propia versión del Quijote, que rompan “con todo lo que se ha hecho del Quijote, liberarlo y acabar con esa imagen de souvenir”, concluye la crítica.