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Lunes , 22.10.2018 / 11:49 Hoy

Centro Médico: historia de un rescate artístico

Inmediatamente después de los sismos de septiembre de 1985, un grupo de restauradores del INBA recuperó obras de David Alfaro Siqueiros, Luis Nishizawa y Francisco Zúñiga.

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Frente a la tragedia, con el sonido incesante de las sirenas de las ambulancias, el correr de la gente y el llanto de impotencia ante la lamentable pérdida de miles de vidas humanas ocasionadas por los terremotos de 19 y 20 de septiembre de 1985, los restauradores y peritos del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) tuvieron que reprimir el dolor ante a la desgracia para poder entrar a los edificios derrumbados y emprender de inmediato una labor ejemplar: buscar aquellas obras que pudieran rescatar en medio de las ruinas de los edificios que parecían haber sido bombardeados.

Fue así como José Luis Ortiz Castro, perito restaurador del INBA, se arriesgó e ingresó, al lado de un grupo de expertos, a lo que quedó del Centro Médico Nacional para salvar Los relieves (1958-1959), de Francisco Zúñiga, y los murales El aire es vida (1958), que realizó Luis Nishizawa en el vestíbulo del Hospital de Cardiología y Neumología, y Apología de la futura victoria de la ciencia médica sobre el cáncer (1958), que plasmó David Alfaro Siqueiros en la planta baja de la unidad de Oncología.

Ya adentro, caminando entre escombros, Ortiz Castro se quedó frío al constatar “que el gran corredor del hospital parecía un lugar fantasma, sin una sola alma, con la comida servida y los cubiertos listos para ser usados, pero cuando recorrí con la mirada el espacio, me percaté de que las columnas que sostenían el techo estaban dobladas como si se tratara de dos barras de plastilina”.

Aun así, con la incertidumbre y el temor a cuestas, él y los restauradores, trabajaron a contrarreloj para desprender de los muros averiados las obras de los grandes del muralismo mexicano, ya que el inmueble corría el riesgo de colapsarse.

Su pasión por esa labor lo llevó a trabajar aun mirando hacia el precipicio, pero superó el miedo y se dedicó a quitar los relieves vaciados en aluminio que hizo el artista Francisco Zúñiga para cubrir el cubo de los elevadores de las antiguas unidades de Cancerología y Neumología, que se habían derrumbado.

“Este mural de Francisco Zúñiga era diferente, porque no lo hizo sobre un muro. Sabíamos que el edificio estaba desplomado y
el cubo de los elevadores quedó en una de las orillas viendo hacia el precipicio. Sin embargo, tuvimos que trabajar en la azotea, viendo prácticamente hacia el vacío. Nos subíamos a las escaleras adosadas a los relieves para seccionarlos y desprenderlos. En una ocasión escuché cómo los polines sobre los que se transportaba cada una de las partes de los relieves se caían, y cuando quise llamarles la atención a los albañiles, ellos ya estaban abajo porque de nuevo empezaba a temblar. Lo único que hice fue sujetarme de las tuberías para no caer al abismo”, relata Ortiz Castro.

Recuperación milagrosa

La historia completa de esta milagrosa recuperación artística por parte de un equipo de restauradores, integrado por Eliseo Mijangos, Daniel Hernández, Evaristo Sánchez Garay Rincón, José Luis Ortiz Castro, Alejandro Morfín, Juan García Cortés y Ángel Perea, es contada en el documental Los murales heridos, de Mercedes Sierra, que será estrenado mañana en la sala Julio Bracho del Centro Cultural Universitario de la Universidad Nacional Autónoma de México, a las 19:00 horas.

La película, que Sierra muestra como primicia a MILENIO, reconstruye cómo fue el rescate de los murales del Centro Médico Nacional, con motivo de la conmemoración de los 30 años de los sismos del 19 de septiembre de 1985.

“El documental es un gran proyecto que realicé debido a que mi línea de investigación es el muralismo, en particular aquellas obras que han corrido algún riesgo. Su finalidad es que las nuevas generaciones conozcan parte de ese pasaje que es fundamental en la historia del arte en México”, explica la experta.

Evidentemente, el proceso de rescate de las obras en el Centro Médico era algo que la documentalista no podía dejar de lado, sobre todo cuando este año se cumplen tres décadas de los fatídicos terremotos de 1985: “Hace dos años comencé la investigación con la idea de agotar hasta el último documento que me sirviera para poder desarrollar un documental que diera cuenta de todo el proceso de rescate, restauración y colocación de esas obras en el nuevo Centro Médico.

“Los testimonios de quienes participaron en esta hazaña que significó recuperar esas obras de arte, fueron fundamentales ya que marcan la ruta del documental”, agrega Sierra.

Sin duda, el trabajo de los restauradores fue heroico en la tarea de recuperar ese invaluable patrimonio cultural: “Los restauradores entraron a costa de su vida al Centro Médico, que se había derrumbado, y lo hicieron por amor a su trabajo, por amor a la propia obra artística”.

Los expertos tenían que intervenir de manera inmediata, esperar que el Ejército y los arquitectos hicieran su trabajo, así que apenas las personas de administración evacuaron todo el inmueble, ellos entraron de inmediato.
Fue así como recuperaron el mural de Siqueiros que estaba a ras del piso en el hospital de Cancerología, la obra de Luis Nishizawa que estaba en el cubo de las escaleras, y los relieves de Francisco Zúñiga que se encontraban en la azotea, cubriendo los elevadores.

La documentalista logra en Los murales heridos recrear cada momento histórico de esta monumental recuperación del patrimonio que estuvo a punto de perderse.

Las obras

El mural Apología de la futura victoria de la ciencia médica contra el cáncer. Paralelismo histórico de la revolución científica y la revolución social, de David Alfaro Siqueiros es una piroxilina sobre triplay, se exhibe actualmente en el Hospital de Oncología.

Los relieves, vaciados en aluminio que realizó Francisco Zúñiga entre 1958-1959, que se rescataron de los elevadores de las antiguas unidades de Cancerología y Neumología.

La obra mural El aire es vida (1958), de Luis Nishizawa, es un acrílico sobre cemento blanco y actualmente se muestra en el vestíbulo del Centro Médico Nacional Siglo XXI.

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