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Lunes , 22.10.2018 / 09:53 Hoy

Centro Cultural Teopanzolco /y II

Todos los beneficios posibles del CCT, insisto, dependerán de que los relevos culturales en las instituciones entiendan que la cultura no tiene color ni partido.

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El Centro Cultural Teopanzolco (CCT) de Cuernavaca abrió sus puertas en agosto pasado y es sin duda una de las grandes obras que el gobernador Graco Ramírez lega a los morelenses. La realidad es que es una obra genial que hace convivir la modernidad de la arquitectura del siglo XXI con la arquitectura prehispánica de los siglos XIII al XV, cosa que por sí sola vale mucho la pena de ser vista y disfrutada. Pero de este legado se habla poco por la inmensa campaña que se ha emprendido contra Graco. Más allá de polémicas, el CCT admira y no es un elefante blanco más como lo han sido casi todos los proyectos de grandes teatros de los señores gobernadores de nuestra a ratos todavía bananera República; tenemos como ejemplos los Teatros Bicentenario de Estado de México y de San Luis Potosí, y muchos más que nacieron sin que hubiese detrás, siquiera, una vaga idea de cómo operarlos, ya no digamos un proyecto cultural en forma. Otra lamentable paradoja es el destino de tantos otros teatros, no pocos centenarios, que viven en el abandono o bien sometidos a administraciones que los usan para cualquier cosa (reuniones de rotarios, informes de políticos, etc.) excepto para su función primigenia.

El CCT, planeado por los arquitectos Issac Broid conjuntamente con el despacho Productora, viene a ampliar la infraestructura del gobierno morelense con una sala principal a la italiana para 820 espectadores, una caja negra para 150 (que aún le falta ser habilitada en plenitud y que seguramente será el espacio recurrente de los teatristas del Estado), un foro al aire libre para 2 mil, el foro 360 para 250 y una terraza para 400. Incluso el Vestíbulo del CCT puede albergar a 400 personas para conciertos u otro tipo de espectáculos que no requieran de una isóptica óptima. Dar vida a estos espacios requiere de inversión en el mediano plazo mientras se posiciona en los consumidores de cultura y, más importante, en los distintos estratos de la sociedad morelense. Para esto último han iniciado un programa de becas para niños y jóvenes en vulnerabilidad a través de un programa de enseñanza musical que nos parece no solo bondadoso sino crucial.

El gremio escénico de Morelos, que hasta ahora solo ha contado con el Teatro Ocampo como principal espacio institucional, podrá contar ahora con estos espacios para el desarrollo del teatro y la danza locales. Todos los beneficios posibles del CCT, insisto, dependerán de que los relevos culturales en las instituciones entiendan que la cultura no tiene color ni partido. Por lo pronto, me quito el sombrero y aplaudo de pie al gobernador Graco Ramírez.

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