Celebran a la Patria, que todo regatea

Hay que festejar, el 15 ponerse hasta’l tope, pegar el Grito y arrastrar cobija el 16, como perro esmirriado, pelos apelmazados y el malestar de la cruda que no cede hasta ponerle más de lo mesmo.
Los mexicanos al grito de guerra hacen la vida de cuadritos a la Reina de Las Fiestas Patrias.
Los mexicanos al grito de guerra hacen la vida de cuadritos a la Reina de Las Fiestas Patrias. (Ilustración: Luis M. Morales)

México

Se reunieron en la esquina de la vinatería; hicieron planes, también la coperacha, quien tuvo con qué compró su caguama y quien no, se refugió en la estopa, en su frasco de activo para no activarse, en el guarumo de su motita, el trago al Tonayan. Hay que celebrar las Fiestas Patrias, el 15 ponerse hasta’l tope, pegar el Grito y arrastrar cobija el 16, como perro esmirriado, friolento, pelos apelmazados y el malestar de la cruda que no cede hasta ponerle más de lo mesmo.

Los acuerdos: 1. Coperacha pa’ los tragos: guamas que nos duren toda la noche. Agreguen tequila pa’l desempance. 2. Una lana pa’ los tacos: de cecina y sudadero con papas y harta cebolla, rajas de chile cuaresmeño y guarnición de nopalitos compuestos y frijoles de la olla. 3. El tocatoca y las bocinas para el dance; que cada quien traiga USB con música de su regalada gana. 4. El escenario, elegido por centralismo democrático: alguien manda, tú obedeces: el patio del Carlitos, enorme y rupestre, donde todo mundo quitará yerbamala, zacatón y piedras: pa’ no torcer las patas a la hora del slam…

Decisión que por sabida se remarca: al que se ponga locochón(a) y atente contra la paz, aunque sea a madrazos será conminado: se aplaque o lo aplacan. La fiesta, para quienes le entran a la coperacha, y a darle con fe al guarachazo. Cero gorrones, ya chole.

El 15 de septiembre cada cual llega a su cantón: ya se fletaron horas en la macuarreada, le pegaron con fe a la chamba en la Central de Abasto, en el micro o la pecerda voceando el producto de calidad, de novedad, de a tres varitos uno o dos por cinco; dejaron el taller de carpintería, de herrería, la distribuidora de abarrotes, vinos y licores. O se quitaron el uniforme de guardia de seguridad privado, y salieron del taller donde reciclan metales o dejaron atrás el centro de reciclaje de basura para irse tendidos a la jaus: la Jefita no ha llegado de su chamba; desarrugan el panto, la playera con la imagen del rapero de moda estampada; la gorra su sacudida y a los tenis su shaineada, bro, para andar bien cucos con la percha, la chula gorra de gala que quizá te allegue una morra, que también sale de cacería con lo mejor del ropero o del destartalado closet: a-la-versh con el inframundo laboral, hoy toca guateque: rapero o de cumbión, salsero o rancherón, para todos los gustos, eclécticos o de ortodoxo abolengo.

Es quincena, día de raya, bendito Dios. Presta pa’ l’orquesta. Ai se babean, nos vemos el lunes; no se pongan muy pedotes, que luego andan con vaguidos y guácara, temblorina y sudoraciones. Eso merma la calidad de la producción; pónganse locochones, pero no tanto: todo con medida, pa’ qué llegar al atasque, dejen algo pa’l otro día, les hará falta, yo sé lo que les digo.

A darse un baño, aunque sea de ovalito, a la rusa o de a zorrillito: nomás pa’ dejar el mal olor en la toalla. Un rastrillazo a los escasos pelos y a escoger, de la moda, lo que acomoda; en la cueva del zorrillo pasar el roll-on de Mennen o aunque sea de Obao, pa’ que la axila no ruja; en la playera o la camisa, dos tres toques de loción y ya estufas: averigüemos qué cartel ofrece la autoridá que ha organizado esta Noche Mexicana con todo y presencia de la Reina de las Fiestas Patrias sobre carro alegórico paseadora, vista como la Flor Más Bella del Tejiede; una lanita en el bolsillo hay que llevar, para sumarse a las hordas que estrellan en testas ajenas cascarones de huevo rellenos con harina, los muy manchados, o confeti los fresones; unas monedas para la michelada: cerveza, jugo de limón, sal en los bordes del vaso y un puñado de chile piquín en polvo para que la gastritis… El pulque tiene un altarcito en el corazón juvenil de raigambre popular: blanco o curado, pero que sea ponedor y cumpla sus promesas de afrodisiaco potenciador de las cualidades que todo macho dice prodigar a diestra y siniestra.

Los puestos de antojitos ofertan quesadillas, pambazos bañados en salsa de guajillo y la entraña rellena con papas fritas y longaniza (me agarras con todo y brisa), lechuga picada, queso rallado y mucha, harta crema. También pozole, papitas y chicharrones fritos bañados en salsa Valentina; tacos de tripa, ojo, lengua, cachete, sesos, y tostadas de pata, tinga de res o pollo, picadillo. La Noche Mexicana en el barrio nace, florece y fenece: apta para todos los presupuestos, gustos, remilgos, despilfarros.

Los mexicanos al grito de guerra hacen la vida de cuadritos a la Reina de Las Fiestas Patrias, mamita: con esa gorda y un jarro de pulque tengo; no te pusieron maquillaje: te embarraron enterita la tlapalería; trae vestido de Cenizota, prófuga del metate; eres copia tropicalizada de las princesas Frozen, con saborcito de aguamiel y esencia de taco con chicharrón prensado, bastante cilantro y papaloquelite pedorrero…

Cuetes, palomas, chifladores, abejitas, R-15, garras de tigre, chinampinas, brujas, volcanes, cañones, ratones, velitas, cañas de luz, bolas de humo, buscapiés, huevos de codorniz, trompos, cohetones y muchas variedades más de atronadores artefactos que iluminan ánimo y tinieblas del callejón, donde los guaguases van a guarecerse bajo las camas, aunque no faltan aguerridos que con el hocico sacuden los exposivos, con la adrenalina al tope y las risas de los chamacos al cien.

Los gritos del delegado político incitaron a chacalear su sonsonete de político aprendiz:¡Mexicanos!¡Viva la Independencia Nacional! ¡¿Cuál?! ¡Vivan los héroes que nos dieron Patria! ¡Que no Matria! ¡Vivan los héroes que nos dieron libertad! ¡Apretad y ahorcad! ¡Viva Hidalgo! ¡Algo! ¡Viva Morelos! ¡Lelos! ¡Viva Allende! ¡Se Vende! ¡Viva la Corregidora! ¡Edorra! ¡Viva Aldama! ¡Qué brama! ¡Viva Guerrero! ¡Mi wero! ¡Viva México! ¡Viva México! ¡Viva México! ¡Jijo!

Culmina la ceremonia, inicia la retirada al particular festejo, al amparo de la fogata: chamacos, no paran de tronar cuetes; morros que ya sacan la extensión eléctrica con los focos, y los cartones de guamas, el anafre para la prometida taquiza, y el pomo de tequilón y bueno, sí: probando-probando, sonido Chakita dedica esta pieza a mi abuelita; ¡bueno, sí: probando-probando, sonido Chakota dedica esta pieza a mi ñovia: amazota!

El toquín septembrino se anima, ojalá no llueva, llegan las morras, la trompita como teñida con rojo bermejo, los pestañones sobrecargados con rímel, y todo el corpachón ajustado en la mezclilla, y las playeras el busto ajustan y la chamarrita de subido color, estampada con una calavera catrina en el torso. Ellos acá: fierones, afianzan cinturas de las féminas, el cigarrillo apretujado entre la línea de los labios, la gorra con la visera echada p’atrás: flacuchos, fortachones, memelucos, garañones, retadores en su teritorio, amables y cariñosos a su hosco modo, celebrando a la Patria que nada les agradece, que todo les regatea; no le aunque: ellos y ellas atizan el fogón; arriman las guarniciones, trozos de chicharrón, tortillas: gringa-gringa, el que se apendeja se chinga; trone-trone: el que se apendeja no come. Un trago al tequilón anima al más cabrón: “¡Que viva México, culeros! ¡Si en la peda te ofendí, con la cruda me sales debiendo! ¡Ajuuuúaaa!”.

* Escritor. Cronista de "Neza".