Empeños a la medida: Usan el arte para “salir del apuro”

Pintura, escultura, antigüedades y documentos históricos son piezas que Casa Morton recibe en pignoración, ofreciendo así la posibilidad de que los dueños obtengan dinero sin perder sus obras

Convertido en dinero, un cuadro de Carlos Mérida de la serie Las Profecías significa más de un millón de pesos. Convertido a la vida cotidiana, esa misma obra puede significar la salud de una abuela, la colegiatura de un hijo, la operación urgente de una madre. El pintor guatemalteco solía reflexionar así sobre el valor de su obra: “Para algunos críticos mi pintura no tiene valor alguno; la consideran infantil, absurda, intelectual, vacía. Para otros, está a la altura de los mejores del mundo”.

Por una litografía de Tamayo que esté en catálogo prestamos entre 25 mil y 30 mil pesos

En medio de estos extremos de apreciación artística, la Casa de Subastas Morton ha encontrado otro precio, no solo para obras como las de Mérida, sino para el arte en general. “Nos dimos cuenta que mucha gente nos traía sus piezas para vendérnoslas. Pero nosotros no compramos, aquí todo entra a consignación (para ser subastado)”, cuenta Luis L. Morton, director general de la casa e impulsor de Morton Empeños, división creada especialmente para atender a esas personas que llegan con la urgencia de obtener dinero rápido a cambio de sus piezas de arte.

Ahí entregan lo mismo una obra de Carlos Mérida en caseína sobre tela que dos escopetas inglesas valuadas en 200 mil libras, o una Virgen de Guadalupe de 172 por 109 centímetros, pintada al óleo sobre tela y datada en el siglo XVIII. Entregar la obra para que sea subastada implica esperar un tiempo que puede resultar fatal para alguien que necesitan pagar una operación de urgencia. Así que Morton pensó en recibir las piezas en calidad de empeño.

“Mucha gente quería que le compráramos sus obras lo más rápido posible porque tenían un apremio, por ejemplo, sacar a la mamá del hospital, comprar boletos para el campamento de los hijos o para hacer pagos de colegiatura”, describe Luis L. Morton.

Ninguno de ellos tenía la opción esperar el día de subastas. “Nos dimos cuenta que había un mercado y una necesidad, gente que necesita empeñar obras artísticas de manera rápida para hacerse de fondos, pero con la intención de eventualmente recuperarlas”.

Recuerda, por ejemplo, que hace tres años tuvieron una colección de arte valuada en un millón de dólares. Sobre ella, se le prestaron 250 mil dólares al dueño, quien renovó la boleta de empeño varias veces hasta que decidió que una parte se fuera a subasta para recuperar el resto.

Upton Sinclair, escritor estadunidense ganador del Premio Pulitzer, dijo alguna vez: “Con el dinero sucede lo mismo que con el papel higiénico; cuando se necesita, se necesita con urgencia”. Luis L. Morton lo comprobó justo la mañana en que se realizó la entrevista para este reportaje. Recibió la llamada de una mujer de casi 90 años quien tuvo una fuerte caída. Las secuelas no solo fueron lesiones físicas sino una deuda hospitalaria que no puede pagar. Pero recordó que tiene guardadas sus joyas y algunas obras de arte. “Para eso se creó Morton Empeños”, dice su director, al contar que fue a la casa de la mujer a valorar las piezas y considerar un empréstito.

La relación arte-dinero es recurrente en la historia, y esta nueva modalidad de empeños no escapa a ella. Tiene, en efecto, un componente de auxilio social, pero también de negocio. “Si no hay dinero no hay juego, obviamente lo hacemos porque tiene que funcionar (económicamente), pero al mismo tiempo somos una compañía de servicio donde tenemos que valorar las piezas”.

En subastas Christie’s de Nueva York, una de Las Profecías de Carlos Mérida se vendió al mejor postor en un millón 200 mil dólares en 2014. Otra pieza de esa misma serie, firmada al centro, llegó a las bodegas de Morton pero en calidad de empeño y para salvar a su dueño de una urgencia. De alguna manera, esa pieza honró la filosofía del autor guatemalteco, quien estaba convencido de que el mayor valor de su arte era haberle proporcionado “la fortuna inapreciable de hacer amistades donde quiera que paso”.

NEGOCIO A LA MEDIDA

Al llegar con una obra de arte, la casa de empeños ofrece dos modalidades. La primera es la tradicional, en la cual se deja la pieza a cambio de un préstamo que puede ser hasta del 80 por ciento del valor total. La otra modalidad es novedosa. Se llama Empeño Puente/ Adelanto Subasta. La obra se entrega a Morton a cambió de un préstamo pero no con la idea de recuperar la pieza, sino de que sea subastada más adelante. En este caso, el dinero que recibe el dueño no puede ser mayor al 20 por ciento del valor de la pieza y sirve para solventar su urgencia. El préstamo se liquida cuando la obra es vendida en la subasta. Se cobran además los gastos de la subasta y luego se entrega al cliente el sobrante o demasía. Pero si no hay postor que compre la pieza, entonces el préstamo sigue vigente, como si fuera un empeño tradicional.

“La ventaja que tenemos sobre otras de las casas de empeño —explica Luis Morton— es que tenemos especialistas que pueden valuar muy bien las obras y al mismo tiempo se revisa mucho la autentificación, que sean originales”. Esta ventaja es especialmente relevante al recordar que hace un año la Procuraduría General de la República aseguró más de un centenar de obras falsas de Leonora Carrington, Javier Marín, Fernando Botero y Francisco Toledo, que se guardaban y vendían en bodegas de la Ciudad de México. Además de que Marín, siguiendo la huella de esas esculturas apócrifas, encontró que otras muchas obras suyas estaban precisamente en aparadores de casas de empeño y se vendían en 10 mil pesos.

Con la seguridad de que son originales, a las bodegas de Morton han llegado pinturas de Francisco Toledo, Sergio Hernández, José María Velasco y Rufino Tamayo. “Son piezas de 400 mil a 600 mil pesos que nos han empeñado y son muy fáciles de vender. Hay gente que tiene estas colecciones que puede convertir fácilmente en dinero”.

Sucede sobre todo, por ejemplo, con el arte de Tamayo. “Si me traen una litografía de Tamayo que esté dentro del libro de litografías y que es fácilmente autentificable, podemos prestar 25 o 30 mil pesos”.

Otra ventaja evidente es que el diálogo no se establece solo en el idioma del dinero: tanto cuesta, tanto te presto, tanto me pagas de intereses. Ese lenguaje, rígido para el resto de las casas de empeño convencionales, aquí se flexibiliza, puesto que se habla de arte.

Así que en general el préstamo se otorga por el 25 por ciento del valor de la pieza. Pero si se trata de una obra que se pude vender rápido y fácil en el mercado, Morton Empeños ofrece hasta 80 por ciento de su valor, ya que en caso de que el cliente no la recupere, es relativamente fácil encontrar un mejor postor en la subasta. Hay piezas, en cambio, que son más complicadas de vender y ésas, en caso de que no sean desempeñadas, requieren un mayor esfuerzo para venderlas; por tanto causa más gastos.

“Lo que intentamos es hacer un traje a la medida para cada persona que pignora con nosotros”. Así que el plazo también es flexible y se rige por la filosofía de que el empeño de arte es para gente que quiere recuperar sus piezas. Encontraron así que el plazo que más conviene al pignorante es de tres meses. “Los empeños son para salir de un apuro, para no perder la obra y menos para malbaratarla”, dice Morton.

El razonamiento para este plazo es sencillo. Pagar intereses por más de tres meses implica gastar dinero en detrimento del valor de la pieza, pues se termina pagando más de lo que costaría en el mercado. “En ese caso vale más la pena venderla”. Por eso mismo, los intereses también varían de acuerdo a la pieza. No son los mismos para un libro o documento firmado por Porfirio Díaz que para un acrílico sobre tela de Carlos Ríos (pintor cubano del movimiento del paisaje hiperrealista), el cual, por cierto, llegó aquí a subasta.

UTILIDADES DEL ARTE

El problema suele ser cotidiano. La solución, increíble y hasta fantástica. Ante la necesidad, por ejemplo, de pagar una hipoteca o la inscripción universitaria de los hijos, se puede empeñar un pedacito de cielo.

Así fue como llegó, primero a empeños y luego a subasta, un reloj de la joyería Van Cleff & Arpels llamado Midnight in Paris Poetic Complication No. 22. La caja del reloj está hecha en oro rosa de 18 quilates, con cristal de zafiro y correa en piel de cocodrilo con hebilla también con ese peculiar oro de tono rosado. Pero eso es lo de menos. El valor está en su carátula (hecha de cristal azul con aventurina) donde está representado el firmamento de París a media noche. Y al girar el dial, se ven las constelaciones acentuadas por el centelleo de las estrellas impresas. “Ver la hora en un Midnight in Paris es simplemente una acción secundaria. Saber que se lleva en la muñeca un pedacito de cielo crea, sin duda, sentimientos y emociones dignos del recuerdo”, se lee en la descripción de su ficha técnica, donde se agrega: “Un reloj que nace de la ilusión y el romance que siempre ha inspirado la Ciudad Luz”.

Deshacerse de un reloj por muy artístico que sea puede resultar hasta cierto punto natural en caso de una emergencia. No así con documentos históricos o incluso familiares, que si bien tienen un valor de mercado, no se puede tomar fácilmente la decisión de mandarlos a subasta. Por el departamento de empeños han pasado, por ejemplo, documentos firmados por el emperador Maximiliano y que fueron recuperados por su dueño luego de liquidar el préstamo. “No es usual que alguien llegue para empeñar ese tipo de documentos —tuvieron también algunos firmados por Porfirio Díaz— pero una vez aquí, son papeles importantes que la familia no quiere perder”, describe Luis L. Morton.

También se han empeñado muchos libros. Todo un departamento de libros. Vinos de cosechas prestigiosas, muebles antiguos (“pocos porque no tenemos mucho donde almacenar”), bronce y porcelana.

La mayoría de estas piezas tienen un valor sentimental que hace a sus dueños pensarlo dos veces antes de venderlas, aún en casos de emergencia. Pero no necesitan pensarlo tanto si solo las empeñan, pensando que esa obra de arte servirá para ayudar a solventar una crisis y que luego regresará a casa para seguir haciendo historia en la familia.