'La casa del dolor ajeno' es un “diálogo” con México

El escritor narra la matanza de 300 chinos a manos de maderistas, en 1911, y de paso exculpa a Pancho Villa de esa acusación histórica.
La violencia antiinmigrantes “nos infama como sociedad”.
La violencia antiinmigrantes “nos infama como sociedad”. (Sara Escobar)

México

Un siglo atrás, alrededor de 300 migrantes chinos fueron asesinados en Torreón, Coahuila, por fuerzas revolucionarias y ciudadanos de la entidad. Hoy, en diversas regiones del país, inmigrantes de diferentes nacionalidades enfrentan la violencia de una sociedad que los discrimina y de grupos de la delincuencia organizada que se aprovechan del silencio generalizado.

Es un arco histórico que, de alguna manera, se refleja en el más reciente libro de Julián Herbert, La casa del dolor ajeno (Literatura Random House, 2015). Es una novela, pero al mismo tiempo un reportaje, un ensayo, una crónica y una recopilación historiográfica, en la que el mismo autor asume los riesgos de buscar nuevos caminos de expresión.

"Sí se sabe la historia, está presente siempre; la conozco desde que era niño, pero la información que se tiene es equívoca y muy poquita. Hay dos grandes falacias de inicio: una, que quien mató a los chinos fue Villa, que era como colgarle otro muertito; el otro, decir que a los chinos los mataron porque ellos habían disparado en contra de los revolucionarios. Pero Villa no participó de ningún modo en la masacre, no estaba ahí sino en Ciudad Juárez; además, las investigaciones más serias que se han hecho demuestran que los chinos nunca dispararon contra los revolucionarios".

A partir de un hecho que se dio entre el 13 y el 15 de mayo de 1911, cuando se asesinó a cerca de la mitad de la colonia cantonesa en La Laguna, Herbert apostaba por hacer una reflexión acerca de problemas del presente, pero a partir de un hecho del pasado.

"Quería escribir desde el punto de vista de un hombre del año 2015 que vive en México: una historia de hace 100 años desde el punto de vista de alguien que vive en un país muy violento, donde hay una violencia antiinmigrantes muy grave, que creo que nos infama como sociedad. Es una historia que también trata de la manipulación de la información por parte del poder, algo que también vivimos en el país en la actualidad".

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Esa historia, que Herbert llama "genocidio" en contra de aquella población china, sí es conocida en aquella región coahuilense, pero la mayoría de la gente quisiera olvidarla. El autor comenta: "Cuando la empecé a construir no tenía definido el cómo. Podía haber funcionado como relato, pero no era lo que quería hacer, y como ya había tenido el acercamiento con el periodismo, pensé que en sus herramientas estaba la mejor manera de contar lo que sigue siendo el país, no lo que fue. Así, contar una historia del pasado a contraluz del presente sí arroja luz sobre ambos territorios: el hoy y la historia".

Construida con lo que Herbert llama, en tono de broma, una "prosa de overol", La casa del dolor ajeno se convierte en una propuesta en la que el lenguaje del periodismo se convierte en la mejor herramienta: se puede ser fuerte sin necesidad de intentar el virtuosismo, donde incluso se refleja su propio reto como escritor para ver hasta dónde puede llegar.

"Está en juego la idea de ver qué clase de escritor eres, porque si no se acaba el partido y ya no te pones en riesgo, ya no buscas la historia que realmente quieres contar. En un momento me dije: 'Lo que estoy necesitando es hablar con mi país', y esa es la búsqueda que tengo con el libro.

"No se trataba tampoco de ir directamente a los lugares para conocer esa realidad, no soy esa clase de escritor, sino de buscar su lugar dentro de esa sociedad a la que perteneces. Encontré este territorio para dialogar con la sociedad en la que vivo: contar una historia que está en el pasado, pero que se relaciona con nuestro presente por los problemas de migración, violencia y manipulación de la realidad que aún vivimos", recalca Herbert.