Hallan cartas inéditas de Stefan Zweig

La Biblioteca Nacional de Israel acoge la correspondencia que cruzó con Hans Rosenkranz, aspirante a escritor; la hijastra de éste hizo la donación.
El autor de "Amok", “nunca escribió cartas aburridas”, dice Stefan Lit.
El autor de "Amok", “nunca escribió cartas aburridas”, dice Stefan Lit. (Especial)

Jerusalén

Más de 70 años después del suicidio del escritor judío austriaco Stefan Zweig (1881-1942), ven la luz 26 cartas y seis postales que intercambió con Hans Rosenkranz, un joven que quiso que le mostrara el camino para ser escritor.

En una sala del archivo de la Biblioteca Nacional de Israel, el documentalista Stefan Lit se muestra fascinado con la colección de cartas que la anciana israelí de 90 años Hanah Jacobson, hijastra de Rosenkranz, donó este año a la institución.

“Encontrar unas cartas absolutamente desconocidas es muy inusual”, explica Jacobson, al tiempo que subraya lo excepcional de desvelar material inédito sobre un autor que ha sido rastreado de manera “muy, muy activa”. Rosenkranz, natural de Koenigsberg (actual Kaliningrado, Rusia, pero en aquel tiempo perteneciente a Alemania), tenía 16 años cuando en 1921 se decidió escribir a Zweig, ya por entonces un renombrado escritor, lo que dio pie a una relación epistolar que se extendió durante 12 años y que terminó sin previo aviso en 1933.

El joven alemán se trasladó a Palestina movido por sus aspiraciones sionistas, mientras Zweig miraba con creciente angustia el devenir de una Europa en la que se extendía el nacionalsocialismo y que poco a poco dejaba de reconocer.

“Stefan Zweig nunca escribió cartas aburridas. Todas tienen un cierto mensaje, a veces muy profundo, también desde el punto de vista filosófico, en el que expresa su punto de vista sobre el mundo de alrededor, en esos días complicados de los años veinte y treinta”, cuenta Lit.

“Zweig da muchos consejos a Rosenkranz sobre cómo afrontar la vida siendo un joven judío en Centroeuropa, que no era muy amigable con las minorías y, en particular, con los judíos”, indica Lit.

“Es increíble ver cómo difunde sus ideas sobre cómo ser judío, cómo afrontarlo y prepararse sobre lo que pudiera pasar”, describe el investigador.

“Si el judaísmo es una tragedia, que nos dejen vivirla”, reza una de las misivas, lo que acerca un poco más la personalidad del autor, que en otro párrafo, de manera “casi profética”, dice Lit, alienta en 1922 al escritor en ciernes y también editor a que aprenda otros idiomas porque “quién sabe, quizá el espíritu libre no pueda respirar más en Alemania o en Europa”.

Lit cuenta que Zweig “intentó calmar un poco las aspiraciones sionistas del joven Rosenkranz, quien aparentemente era un ardiente creyente de la idea sionista y él no, como sabemos”.

Finalmente y tras publicar dos libros, la carrera literaria y editorial de Rosenkranz no prosperó y emigró a Palestina con su primera esposa y la hija de ésta, Hanah.

Pronto se separaron y Rosenkranz se casó de nuevo, se convirtió en oficial de las brigadas judías y, tras la fundación del Estado de Israel (1948), ejerció como responsable de prensa de la embajada israelí en Estados Unidos.

Al igual que Zweig, Rosenkranz se suicidó hace unos 60 años y los documentos quedaron “entre las pertenencias de mi madre”, explica Hanah, que asegura que lleva años con la idea en la cabeza de donar las cartas.

En la correspondencia “se ve no solo una amistad superficial, sino con una profundidad sustancial que aborda varios puntos y aspectos de la cultura de esos días”, considera Lit, quien apunta a que Zweig era consciente de lo “fácil y rápido” que puede cambiar el mundo, como pasó en aquella época.