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Martes , 17.07.2018 / 18:16 Hoy

Cartas de amor

Danza


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Argelia Guerrero

La danza es un arte eminentemente efímero. Es una sucesión de instantes que se entretejen desde múltiples dimensiones y cuyos matices configuran un discurso que se desarrolla en el tiempo y el espacio para no volver. Su trascendencia se circunscribe a las reconstrucciones que coreógrafos, bailarines y espectadores conservan en sus mentes. Todas distintas.

Fotografiar danza puede plantear un desafío a la naturaleza fugaz que tiene este arte escénico. Aun con sus limitaciones, parece retar esta cualidad para fijar instantes.

El trabajo del fotógrafo David Flores Rubio, además de fijar instantes, plantea un viaje por el universo de la danza y sus misterios. “Todos queremos guardar un recuerdo fotográfico de las cosas más bellas y fascinantes que conocemos”, afirma David, y aclara que cuando le preguntan cuál es la más bella persona, animal o cosa que haya visto, la respuesta siempre será la misma: “un cuerpo que danza”.

Con gusto, pasión y obsesión, David revela este universo con una profundidad que contagia el gusto del fotógrafo por el arte de la danza. Su lente captura instantes y los múltiples detalles que los constituyen: miradas, articulaciones, marcas en los cuerpos y expresiones. A modo de un Virgilio contemporáneo, nos conduce a través de su trabajo para compartir la admiración que le produce la danza y, sobre todo, los bailarines. Mostrar los cuerpos más allá de su dimensión estética y exponer los esfuerzos cotidianos de quienes los llevan al máximo de sus posibilidades, son cualidades en el trabajo del fotógrafo.

Revelar clases, ensayos, montajes y las minucias de los cuerpos no solo muestra la capacidad técnica del fotógrafo para capturar momentos precisos en la ejecución perfecta de un movimiento, sino la profundidad con la que mira y se funde con las obras y sus intérpretes.

Con cada fotografía, David Flores Rubio invita a internarse en el universo de la danza, a mirar y respetar el trabajo de coreógrafos y bailarines, a comprender lo que sucede en los escenarios como producto de cuerpos extraordinarios habitados por personas cotidianas y comunes.

“Mis fotografías son cartas de amor a la danza, pero también son invitaciones y provocaciones. Busco deliberadamente interesar a la gente para que entre en este mundo que ya siento mío”.

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