Monsi: las manías del cronista de la cabellera revuelta

Este 4 de mayo, Carlos Monsiváis habría cumplido 79 años. Su obra representa una mirada aguda a la cultura mexicana. Sin embargo, su ingenio se diseminó en otros aspectos de su vida privada.
Carlos Monsiváis
Carlos Mosiváis, escritor, cronista y orgulloso de su cabellera revuelta.

Ciudad de México

Monsiváis era un anecdotario andante. Su presencia en la vida pública de la ciudad de México era frecuentísima y, no obstante, su pasión medular fue documentar la vida privada de la metrópolis. Pero su discurso ácido, humorístico, se escurre en otros ámbitos de la vida.

Monsiváis, el felino

En los días posteriores a su muerte, se extendió el rumor de que el contacto frecuente con los gatos fue la causa de la fibrosis pulmonar que lo afectó durante sus últimos meses. Sin embargo, antes de trasladarse al libro mitológico de la literatura nacional, el chisme fue desmentido con pruebas irrefutables: es imposible conocer las causas de su enfermedad, que nadie culpe a sus gatos.

El Monsi felino nació cuando tenía diez años. A esa edad el cronista descubrió que no tendría mejor compañía que la de sus mascotas. Cuando murió, su casa alojaba 13 gatos, aunque se dice que llegó a tener hasta 20. Experto en el arte bautismal, Monsi le dio a sus gatos nombres tan ingeniosos como insólitos: Catzinger, Fray Gatolomé, Chocorrol, Miau Tse Tung, Miss Oginia, Copelas o maullas, entre otros. ¿Qué personaje de la política nacional habría elegido si hoy siguiera bautizando mininos?



Monsiváis y la farándula

Flechado por los encantos del exceso, Monsi materializó sus aspiraciones faranduleras en la convivencia con las celebridades. Admirador de María Félix, el cronista de la cabellera revuelta disfrutaba visitar restaurantes con la Doña para escuchar a la gente cantar "María Bonita".

Monsiváis también cultivó una amistad estrafalaria con Juan Gabriel. Lo conoció cuando el cantante juarense rompía récords con "No tengo dinero". Años después, en uno de esos momentos paradójicos que se registran en su anecdotario, Monsi atestiguó un concierto privado que el Divo de Juárez le dedicó a un retrato de María Félix que había adquirido por 15 millones de pesos.  

Pero hay dos momentos que marcaron notablemente la imagen pública de Monsiváis: el primero, cuando interpretó a un Santaclós borracho en Los Caifanes; el segundo, cuando sirvió de hombro de lágrimas en el videoclip de Luis Miguel que, despechado, canta “La media vuelta”. El escritor que consideraba que la poesía modernista se refugia en los boleros, logró la pequeña hazaña de encarnar sus ideas en la pantalla.



Monsiváis y las cantinas

Apasionado del chisme, Salvador Novo compartió con Monsiváis el entusiasmo por las cantinas. Esos “templos de dos puertas” —como los llamaba Novo— eran para Monsiváis santuarios de consagración social. Su cantina favorita era La Faena, un edificio ubicado en el Centro de la Ciudad de México que ocupa el lugar de lo que alguna vez fue el Museo Taurino. El lugar hace homenaje a su pasado: más que un recinto de tragos, parece una oda a la fiesta brava.

Si hay una cantina que define a Monsiváis es La Ópera. La marca de una bala incrustada en una de las esquinas de este recinto le mereció a Pancho Villa la fama de revolucionario impulsivo. Aunque no existe prueba alguna de que haya sido el Centauro del Norte quien atentó contra el techo del bar, la marca —aún visible— atestiguó, varios años después, una escena inmortalizada en papel fotográfico. Monsiváis aparece junto a José Luis Cuevas, Carlos Fuentes y Fernando Benítez en una imagen llamada “La Mafia de la Ópera”, título digno del cuarteto de bandidos intelectuales. 



Monsiváis, el coleccionista

Con ojos de paleontólogo, desde que era muy joven Monsiváis reunió arte popular, objetos y documentos que actualmente constituyen una colección de más de 20 mil piezas. Para algunos, el cronista fue un recolector de chácharas. Sin embargo, su obstinación le permitió formar un pequeño acervo histórico de México. Según Moisés Rosas —director del Museo del Estanquillo— la colección de Monsi es una crónica de México construida con objetos.  



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