El cardenche, un canto en extinción

Guadalupe Salazar, Antonio Valles y Fidel Elizalde, los últimos intérpretes de este género, hablan para MILENIO del significado que tiene su música.
Imagen del concierto Espinada, en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris.
Imagen del concierto Espinada, en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris. (especial)

México

Son los últimos tres cantantes de cardenche en México: ellos son Guadalupe Salazar, Antonio Valles y Fidel Elizalde. Viven en la comunidad de Sapioriz, en la región de La Laguna entre Durango y Coahuila. Están orgullosos de preservar esta tradición musical, la cual se caracteriza por ser polifónica e interpretarse a capela.

Este género se originó, según cuentan, a finales del siglo XIX y principios del XX, cuando sus tatarabuelos, abuelos y padres les heredaron la costumbre de interpretarlo. Su nombre se adoptó de la Cardancha, planta originaria del hemisferio norte del mundo, que tiene muchas espinas que pueden entrar suavemente a la piel, pero cuesta mucho trabajo y dolor sacarlas: “Igual que como sucede con el amor”, dice Elizalde.

Suelen cantar sentados. La forma de colocarse es la siguiente: en el extremo izquierdo se acomoda Guadalupe, quien es el arrastre o la voz más débil; en el centro se haya Antonio, que generalmente es quien empieza las canciones, y del lado derecho se está Fidel, quien tiene la voz más fuerte.

Hace 23 años, estos tres amigos empezaron a cantar. En 2008 ganaron el Premio Nacional de Ciencias y Artes, en la categoría
de Arte Popular. Desde ese momento les cambió la vida. Dejaron de ser simples campesinos, como se definen, para transformarse en artistas. A pesar de ello, Guadalupe, Fidel y Antonio solo quieren preservar su historia.

De visita en la Ciudad de México, para presentarse en el Teatro de la  Ciudad y la Fonoteca  Nacional, conceden una entrevista a MILENIO, en la cual, a pesar del cansancio que tienen y el frío que hace, se muestran risueños, dispuestos a hablar y cantar. Eso sí, aseguran, después de la plática irán a buscar unos buenos tacos de perro cerca de su hotel en el Centro: “Solo nos falta un buen sotol”, dice Antonio.

De los tres, don Fidel lleva la voz cantante. Es el que más habla. Al preguntarle por qué el cardenche se da a capela, respira hondo y comienza a hablar con la experiencia que le da haber atendido a muchos medios de comunicación.

—Nuestros padres cantaban a capela porque en el tiempo que ellos interpretaban este género musical, no tenían las posibilidades de comprar instrumentos. La gente vivía del cerro, tallaba Ixtle, trabajaba en las haciendas de los grandes hacendados y eran esclavos. El canto se daba cuando no había luz eléctrica. Nosotros hemos querido preservarlo tal cual nos lo heredaron.

Sentados en la terraza del hotel Catedral, ataviados con sombrero, chamarra, pantalón de mezclilla y bufanda para taparse la garganta, están orgullosos de preservar una tradición que está cerca de perderse. Para evitar esto, gracias a un programa de Culturas Populares del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), Guadalupe, Antonio y Fidel le enseñan el canto cardenche a nueve jóvenes de la región lagunera.

—Parece ser que sí están aprendiendo. El único inconveniente que les veo es que como son profesionistas, maestros e ingenieros, entre otras cosas, y por lo tanto no le van a dedicar el tiempo necesario para promocionarlo, como sí lo hacemos nosotros, yendo de un lado para otro, dice Antonio Valles.

Las letras de las canciones hablan de amor, de desamor, de la persona que se va, de las despedidas y del desierto. Temas, que según Guadalupe Salazar, están en lo más profundo del ser lagunero.

—El hombre siempre siente algo por la mujer. Nuestros padres, abuelos y tatarabuelos tenían la necesidad de expresarles a ellas lo que sentían ya fuera porque las querían o porque las despreciaban después de haberlos abandonado. Además, el canto cardenche también habla del desierto porque de ahí viene este género musical y es lo que nos ha hecho valer.

Después de haber recibido el Premio Nacional de Ciencias y Artes se decidió hacer un cancionero para recuperar la memoria histórica de esta tradición. La publicación contiene 80 letras que retratan de diferentes formas el sentir del cardenchero de Sapioriz.

—Hemos perdido más de 50 por ciento de las canciones que se tenían. Nuestros antepasados se las llevaron cuando murieron. Hace 23 años, en el momento en que empezamos a cantar, nuestros padres, abuelos y tatarabuelos estaban muy grandes, incluso todavía más que nosotros actualmente, y no nos las pudieron enseñar.

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Características

-Las canciones son interpretadas a tres voces (primera, de arrastre o “marrana”, y contralta) a capela. Pueden incluir otras dos voces, que son la quinta y la arrequinta, ambas superiores a la primera.

-En su zona es conocido también como “canto de basurero”, porque es costumbre de los campesinos improvisar estas canciones al término de su jornada laboral acompañado del sotol.

-Existe una variante emparentada con el corrido, llamada tragedia o corrido acardenchado, que igualmente es interpretado sin acompañamiento instrumental.