Canek Sánchez Guevara: un novelista, un viajero

El volumen se publicará en 25 países y en 15 lenguas diferentes; en él da cuenta del día a día de un hastiado burócrata en una isla caribeña.
“Era un crítico certero, demoledor, bastante culto”: Alberto Sánchez.
“Era un crítico certero, demoledor, bastante culto”: Alberto Sánchez. (Especial)

México

Tenía apenas 40 años de vida cuando falleció Canek Sánchez Guevara, en enero de 2015. Apenas unas semanas antes de su partida había empezado a entrar en contacto con diferentes editores para la publicación de su primera novela, 33 revoluciones, pero ya no terminó él mismo las negociaciones, que estuvieron a cargo de su padre, Alberto Sánchez, y del editor Jesús Anaya Rosique.

Se sabía nieto del mítico Ernesto Che Guevara y toda su vida transcurrió entre conversaciones entre militantes, de un lado en un primer momento y del otro una gran parte de su vida, porque sus padres militaban en las facciones más radicales de los grupos armados en México, según recuerda su padre. 

“Desde que nació lo hizo en condiciones no ordinarias, dado que en 1974 nos hallábamos un grupo de mexicanos de paso por La Habana para una condición que podría llamarse de exilio, y tuvimos que seguir clandestinamente en distintos países: ya se imaginarán a un pequeño con nombre falso, huyendo de un país a otro, hasta los años de la secundaria”.

Sus estudios los siguió en La Habana, donde conoció al régimen  y aprendió a criticarlo, en palabras de Alberto Sánchez, quien recuerda que solían preguntarle sobre su relación con el Che o de cómo veía su relación cubana y “Canek se volvió famoso en Europa, porque era un crítico certero, demoledor, bastante culto, y eso le permitía observar al régimen de cierto modo y escribir y escribir con tal honestidad que cuando los editores apenas leyeron el texto, de inmediato aceptaron publicarlo”.

El manuscrito al que se refiere Alberto Sánchez es 33 revoluciones, aparecido en español bajo el sello de Alfaguara, pero que en su lanzamiento se publicará en 25 países y en 15 lenguas diferentes, en la que cuenta el día a día de un hastiado burócrata en una isla caribeña “donde hay una constante verbalización: todos sus habitantes dicen lo mismo con distintas palabras”.

“Siempre escuchó las conversaciones de los amigos, de la madre, en casa… conversaciones de la revolución, de la política, de la crítica y finalmente crece y va a estudiar el periodo de secundaria y preparatoria en Cuba, y conoce este régimen dictatorial y él aprendió a criticarlo.”

Viajes y reflexión

Músico, fotógrafo y diseñador gráfico, Canek Sánchez Guevara (La Habana, 1974-Ciudad de México, 2015) recorrió durante varios años el continente americano y muchos otros países, crónicas que encontraron un espacio en la revista MILENIO Semanal, bajo el título de “Diario sin motocicleta”, el cual concluyó en 2013.

“Empezamos a trabajar él y yo un montón de textos a partir de 2013, porque él había comenzado a escribir digamos de manera formal en 1996, porque se dedicaba a la música y al diseño —era editor—; finalmente se recopilan todos los trabajos en un libro del cual apenas salió el primer tomo, serán cuatro, y todo esto no habría sido posible sin Jesús Anaya”, explicó Alberto Sánchez.

Los escritos de Diario sin motocicleta (Pepitas de Calabaza, 2016) se dividen en cuatro: el primero de ellos recopila las crónicas de su viaje por Francia, Italia, Portugal y España; el segundo se detiene en México y Guatemala; el tercero los de El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá, para concluir con el recorrido por Ecuador, Perú, México y Panamá.

Como una muestra de la pasión de Canek Sánchez Guevara por la escritura, 33 revoluciones es una novela que comenzó hace más de 10 años, pero su padre cuenta con miles de cuartillas de novela, cuentos, ensayos, de trabajos de Canek, “pero la novela era la que más quería y Diario sin motocicleta era su afán semanal”.

Una vida, una historia

“Canek Sánchez Guevara fue un escritor brillante y apasionado que murió demasiado joven. Esta imborrable novela póstuma es un rechazo visceral al patrimonio político que le tocó por ser el nieto del Che, y también un grito de socorro personal”. Las palabras le corresponden a Jon Lee Anderson, quien de alguna manera ofrece un acercamiento a los fantasmas que acompañaron al escritor y periodista en su corta vida.

Su pasión por la escritura se mostró desde la aparición de un volumen de poesía, Diario de Yo, publicado en nuestro país, mientras en Barcelona hizo una investigación que se convirtió en el libro Diario de Bolivia. Ernesto Che Guevara; además de que en Francia publicó, junto con Jorge Masetti —hijo de un compañero de lucha del Che— el libro Les héritiers du Che, quizá el recuento más duro del permanente choque de una juventud, briosa y creativa con un sistema que lo había decepcionado a muy temprana edad.