Los calcetines de Hitler

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Los calcetines de Hitler
Los calcetines de Hitler

A alguien le pareció una idea genial. Los lectores se sorprenderían sin duda con el regalo que el diario italiano Il Giornale les entregaría en su edición del domingo pasado. Un ejemplar de Mi lucha, el amargoso libro en el que Adolfo Hitler plasmó sus odios y ambiciones. Escrito en 1924 durante su breve permanencia en la cárcel después de un intento de golpe de Estado, el volumen estuvo proscrito durante largos años, desde el final de la guerra que puso fin a los delirios imperialistas del nazismo hasta hace unos meses, cuando en medio de enconadas controversias regresó a las librerías en una edición minuciosamente anotada por expertos universitarios.

No solo los lectores se quedaron con los ojos cuadrados cuando recibieron el inesperado obsequio. En realidad a la nación entera se le pusieron los pelos de punta por tan cuestionable generosidad, en particular a quienes militan en los partidos políticos.

En un país en el que participan activamente en la política dos nietas de Benito Mussolini, el dictador fascista que fue aliado de Hitler, el tema debiera tener sus particularidades. Las reacciones sin embargo no fueron tan aparatosas y duraderas como se esperaba. Tal vez en el mundo que habitamos siempre con incertidumbre se esperan todo el tiempo cosas mucho peores.

Pareciera que en medio de esa parsimonia el pasado se abre paso de regreso como si nada. Tal vez se trata de un fenómeno natural, aunque muchos no acabamos de comprenderlo. Hay, además, otras señales de ese retorno. Mentes desviadas, amantes del dolor, el sufrimiento y la muerte, están a la espera de cualquier oportunidad para dejarse ver, aunque parezcan un tanto ridículos. Ahora han estado en posibilidad de levantar la mano para hacerse presentes en la venta de un paquete de objetos personales de jerarcas nazis que ofreció hace poco en Múnich una casa de subastas alemana: los calzones de Goering, las corbatas y los calcetines de Hitler. Los más fanáticos se han llevado a casa el pastillero en el que Goering guardaba el cianuro que acabó con su vida, o un trozo de la cuerda que emplearon los verdugos para ahorcar a los mandos nazis condenados en los juicios de Núremberg.

Los fetichistas disfrazados de investigadores y coleccionistas han contado siempre con la complicidad de los comerciantes, que compran y venden cualquier cosa que evoque aquellos días de muerte. El negocio es realmente bueno y se emprende con cualquier pretexto salido de la manga. En este caso, el director de la casa de subastas de Múnich explicó que el paquete que salió a la venta contenía materiales que “documentan la historia del nacionalsocialismo y de la Segunda Guerra Mundial”.

Sin embargo, muchos no alcanzamos a entender en ese contexto la importancia histórica de los calzones de Goering y las corbatas y los calcetines de Hitler. Tampoco entendemos por qué ponen tanto empeño en Italia para que la gente lea Mi lucha.

*Profesor-investigador de la UAM-Iztapalapa