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Lunes , 25.06.2018 / 07:22 Hoy

Calambures, la magia de una tradición milenaria

Presentamos una serie de frases de esta singular práctica literaria.

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Gilberto Prado Galán

Los juegos de palabras poseen, como sabemos, una tradición milenaria. Entre ellos, y luego de repasar palíndromos, contrapiés, anagramas y demás yerbas exóticas que se mueven en el plano de los significantes, distinguimos los calambures o modificaciones del significado de las palabras o frases a partir de agrupar de distinto modo las sílabas o letras. Sí, a la manera del Xavier Villaurrutia de su nocturno:

Y mi voz que madura

Y mi voz quemadura

Y mi bosque madura

Y mi voz quema dura

Recuerdo que hace muchos años, en la hoy extinta (en los dos sentidos que la palabra convoca: ex-tinta) revista Vuelta leí una separación silábica que me pareció muy afortunada:

Demiurgo: el viento da vía

De mí hurgo el bien todavía

Las palabras se descomponen y, multíparas, forman otras: de la voz “demiurgo” nacen tres hijas verbales: “de mí hurgo”. De la palabra “amortajados”, como ha visto el poeta Francisco Hernández, derivan tres: “amor taja dos”, expresión que reviste indudable sentido irónico. Hay una palabra, en nuestra lengua, que define con precisión el minucioso oficio del joyero:

Estratagemas

Es trata gemas

Recordemos que el mismo Villaurrutia mencionó el mar sin olas, esto es, des-olado. Nosotros podemos prolongar y decir: desolado martirio/ des-olado mar tirio.

A veces las letras son inobedientes y no se respeta, en los juegos de la des/re/composición, la visión de la letra sino solo su semejanza sonora, como ocurre en:

Cadáver solo Memo riza

Cada verso lo memoriza

Aquí apreciamos cómo la primera palabra se desdobla en dos y, a su vez, la segunda de estas dos conecta con la segunda del primer verso o línea. Las últimas dos palabras de la línea inicial, partidas, redundan o desembocan en una sola: Memo riza/memoriza.

Un ejemplo más sorprende por su similitud semántica:

El esclavo del martillo ora da nada

Él es clavo del martillo: horada nada

Algunos nombres de personas, vistos bajo la lente de la descomposición, causan risa:

Soy la vaca del corral (el más famoso)

Zoila Vaca del Corral

Hay un juego silábico de implicaciones semánticas enemigas:

De fe candorosa

Defecando Rosa

En la égloga primera de Garcilaso de la Vega podemos leer un delicioso calambur:

El dulce lamentar de dos pastores

El dulce lamen tarde dos pastores

Y entre los más conocidos citamos aquí tres:

Entreno en coche deportivo

En tren o en coche deportivo

Salió a oscuras y en celada

Salió a oscuras y encelada

El tercer par pertenece a una cumbia, y reviste una maliciosa retranca emparentada con el albur:

Yo loco, loco y ella loquita

Yo lo coloco y ella lo quita

Cerramos este artículo sobre ires y venires silábicos con uno espigado del Tenorio:

Clamé al cielo y no me oyó

Clamé al cielo y no meo yo

Diré, por último, que el calambur es asaz frecuente en las adivinanzas, como en esta manida:

Oro no es, plata no es

(El plátano)

Y éste también muy jocoso:

Yo me ofrezco

Yo meo fresco.

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