Genio de 19 años busca al nuevo “Einstein” entre indígenas

El creador de un acelerador de partículas que costó mil pesos dirige la Fundación Ciencia sin Fronteras para apoyar a gente pobre con talento.
Cristóbal Miguel García Jaimes cursa la carrera en la UNAM.
Cristóbal Miguel García Jaimes cursa la carrera en la UNAM. (Mario Guzmán/EFE)

México

A sus 19 años, recién cumplidos, Cristóbal Miguel García Jaimes puede presumir de haber construido el acelerador de partículas más barato del mundo, un proyecto que nació de su interés por ayudar y motivar a los jóvenes de San Miguel Totolapan, su municipio natal, en el estado de Guerrero.

Sus circunstancias han sido adversas, pero a pesar de eso ha salido adelante. Este pensamiento lo llevó a cofundar y dirigir la Fundación Ciencia Sin Fronteras, que tiene como objetivo alentar a los estudiantes y “encontrar jóvenes talentos de origen indígena”, señaló.

“Estoy convencido de que el próximo Einstein puede estar en lugares como Guerrero o Michoacán”, aseguró el joven.

Situación adversa

“Mi región es una zona muy afectada, marginada y olvidada, y en la situación actual la violencia se vuelve la solución para los estudiantes y jóvenes. Quería demostrar que no es así, que se puede llegar a la paz con la ciencia”, señaló García Jaimes.

La Fundación busca “motivar” a los jóvenes e “invitarlos a que continúen estudiando, que no se queden acomplejados por ser indígenas, decirles que hay una opción al narcotráfico y la violencia”, sentenció.

Reprochó que los mexicanos encuentran muchos obstáculos para ejercer la labor científica, como “la falta de becas y de conciencia”, ya que en los institutos no suelen darles “confianza” para proyectos de investigación.

Su “fortaleza, inspiración y tenacidad para conseguir las cosas” son los elementos que enumera como claves de su avance, aunque reconoce que en su camino ha encontrado dificultades que “hicieron que por poco declinara”.

García Jaimes es alumno de física en la UNAM y tiene que trabajar como vigilante para solventar los gastos de sus estudios.

Sin embargo, se encuentra inmerso en nuevos proyectos con los que da rienda suelta a esa “curiosidad” que empezó a cultivar, según él, desde que estaba en el jardín de niños.

“Escuché que en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) lograron generar rayos X con cinta adhesiva y quiero hacerlo aquí”, contó.

Pese a que inicialmente volcaba sus esfuerzos en trabajar por el progreso de la población a escala local, ahora su enfoque es más amplio y tiene como objetivo para su proyecto “hermanar”, palabra que prefiere a “globalizar”, ya que la primera implica “unirnos como hermanos que somos” a través de la ciencia, explicó.

El joven y el resto de los miembros de la Fundación planean su expansión por Latinoamérica y encabezan iniciativas como la llamada Toma mi mano y mi libro también.

“Pretendemos crear bibliotecas a base de donaciones de la población civil para llevarlas a comunidades marginadas”, explicó el estudiante.

Logros

Ocho meses y 23 días fue el tiempo que tardó en construir un “acelerador de bolsillo”, que tuvo un presupuesto de mil pesos, lo que le convierte en el colisionador de partículas más económico del mundo.

“El acelerador se compone de una fuente de partículas, un sistema de aceleración, un sistema óptico electrónico y un objetivo, una pantalla fluorescente que destella cuando llegan los electrones”, explicó el joven

García Jaimes explicó que el objetivo original de desarrollar ese dispositivo era divulgar la ciencia en el ámbito escolar.

“Mi sueño es que cada escuela secundaria tenga uno, para que los alumnos se adentren en la ciencia y vean que los aceleradores pueden ser algo común y cotidiano”, abundó.

El esfuerzo del alumno de la UNAM ha rendido frutos y fue reconocido en noviembre pasado por su trayectoria al recibir el Premio Nacional de la Juventud 2014.

Este reconocimiento, aseguró García Jaimes, prueba cómo las circunstancias de los jóvenes, por difíciles que sean, no “determinan” su futuro.

“Espero que si tengo una hija, una familia, pueda decirle que me esforcé por dejarles un mundo mejor que el que me dejaron a mí, y por lograr la paz”, resaltó el estudiante.

“Cada joven que continúa estudiando —enfatizó— vale el doble para el Estado mexicano”, tanto por el conocimiento que adquiere como por su rechazo a los círculos de delincuencia, concluyó.

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Casa de empeño de NY recibe tenis

Un chico de 16 años al que le encantan los tenis está aprovechando el alto precio que tienen para emprender un negocio muy original: una casa de empeños que recibe el calzado deportivo de gama alta como depósito.

Chase Reed y su padre, Troy Reed, tuvieron la idea de abrir el Sneaker Pawn, cuando el adolescente pedía dinero prestado a su padre después de que éste gastó cientos de dólares en los tenis de su hijo, de modo que le retuvo un par hasta que su vástago repusiera el dinero.

“Mi hijo dijo ‘Papá, es como que me estás haciendo empeñar mis tenis’’’, comentó Reed. “Cuando dijo eso se me encendió la bombilla”, abundó.

Entonces le dijo a su hijo: “No tienes dinero, pero tienes todas esas zapatillas. Imagina cuántos chicos tienen todas estas zapatillas y probablemente necesitan dinero”.

Los dos decidieron renovar el espacio en Harlem, donde habían vivido antes de mudarse a otro lugar, y convertirlo en casa de empeño. Para pagarlo todo, Chase vendió su propia colección de tenis, con lo que reunió 30 mil dólares.

Las zapatillas de baloncesto pueden venderse y revenderse por cientos de dólares, dependiendo del modelo, lo grande que fuera el lote fabricado y la dificultad que tenga hallar un par en buen estado. Sneaker Pawn tiene modelos que valen más de mil dólares.

AP/Nueva York

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