Para brujas y demonios

Con inquietante lentitud nos introduce a un violentísimo caso de brujería, en el que la maldad permanece semioculta y brota a cuenta gotas.
El mundo narrativo es un agasajo.
El mundo narrativo es un agasajo. (Especial)

México

La bruja no es una película de terror convencional, no provoca miedo ni tampoco hace que se pongan los pelos de punta, pero empieza por crear misterio y suspenso, lo que es suficiente para que la narración nos mantenga absortos desde el arranque. Con inquietante lentitud nos introduce a un violentísimo caso de brujería —recuérdese que las brujas sirven de puente para establecer comunicación con los demonios—, en el que la maldad permanece semioculta y brota a cuenta gotas.

El mundo narrativo es un agasajo, y el bosque y la cabra negra son personajes representativos que se conectan con la maldad por sí solos y ayudan a mantener al espectador en alerta. Desde la primera toma en la que aparecen la cabaña y el bosque, cuando la familia llega, percibimos que está maldito.

Poco a poco ese bosque y esa cabra negra —representación de Satanás— son testigos de lo fantástico, de lo sobrenatural, ¡del aquelarre! Las caracterizaciones de los personajes son plausibles: se ven de verdad, con maneras propias y comportamientos definidos, lo que se nota que está trabajado desde el papel. La actuación es impecable, la fotografía una joya bien pulia y excelente el trabajo del director, quien por un instante se da el premio de jugar con el clásico de los Grimm, aunque la película no es para niños.

Una familia anglosajona se establece en un pueblo de Estados Unidos a mediados del siglo XVII, pero es expulsada por sus creencias religiosas, y orgullosa se muda a una cabaña en las inmediaciones del bosque, que semeja una telaraña gigante.

Desde la llegada, la vida de la familia gira en otra dirección: las desgracias se vienen en cascada y se acumulan, y William no puede evitarlo: atrapado por los terribles acontecimientos, se da cuenta de que el bosque es un enemigo mortal y que entrar en él significa no salir.

El final de La bruja es apoteósico, delirante, poético; los personajes deben estar muy orgullosos, pues lograron su propósito durante toda la película: mantenernos cazados. ¡Caleb poseído, los pequeños arpías, Thomasin bruja!

Thomasin, la principal, adorable, muy bien lograda con el halo angelical que le otorga una presencia amorosa, aunque no escapa del poder pernicioso que se respira en el bosque. Se ve obligada a lidiar con su familia que la cree bruja, pero ni siquiera en los momentos de mayor intensidad, como la fatídica lucha que sostiene con su madre, Thomasin duda de su inocencia. Eso es lo que la convierte en manjar para brujas y demonios; después, la carcajada maligna, la que produce terror.

 

“La bruja” (Estados Unidos, 2015), dirigida por Robert Eggers, con Anya Taylor y Ralp Ineson.