Una bruja feroz

Los fenómenos de la brujería son una realidad y deben temerse.
Nos deja enteleridos.
Nos deja enteleridos. (Especial)

México

Siempre he considerado a la bruja como el personaje más temible de las historias de terror; lo atribuyo a que su comportamiento, marcadamente realista, no parece malvado. En eso estriba su hipocresía y relación directa con Satanás, lo que la vuelve fascinante, no importa que a veces nos quite el sueño para transformarlo en escalofrío.

La llave maestra nos introduce a una antigua y siniestra mansión ubicada en la zona pantanosa del Misisipi; en el interior no faltan las escaleras y pasillos inundados por las tinieblas —una delicia para disfrutar lo tenebroso—, que conducen a un infinito número de puertas en cuyos interiores podemos imaginar el averno.

La llave maestra es un instrumento que hace girar un mecanismo —el autor se complace en introducir la cámara en las cerraduras para que seamos testigos de ese antiguo y complicado mecanismo— que abre la puerta de otro universo poblado de misterio que lentamente, como si se tratara de una seducción mortal, va volviéndose sobrenatural y terrorífico. Es la llave que abre al mundo del hudú, una hechicería agresiva y cruel que tiene el propósito de hacer el mayor daño posible a la víctima para transmutar el alma y el espíritu de la bruja en otro cuerpo.

Violeta es la bruja feroz que se come a Caperucita y destruye su reluciente Volkswagen rojo —a nivel de estructura dramática, no podía tratarse de otro vehículo—, que quedó inservible porque no pudo tirar la puerta de salida de la mansión embrujada. Así es como Cecil y Justify, pareja de negros que en tiempos lejanos fueron la servidumbre de una aristocracia blanca que terminó linchándolos por brujos y que en la actualidad —gracias a la poderosa hechicería del hudú— se han transmutado en Violeta y Luke, de raza blanca, cuyo propósito se sustenta en que el futuro sacrificado crea, desde su corazón, que los fenómenos de la brujería son una realidad y deben temerse.

Los ardides en La llave maestra están bien fraguados: al principio, de manera natural, Violeta pregunta a Carolina si fuma; la joven contesta que no, y Violeta responde que ella fuma mucho y espera que no sea problema. En ese sentido el final es una vuelta de tuerca que nos deja enteleridos.

Carolina carga una culpa por no haber estado al lado de su padre en sus últimos días de vida, lo que la hace perfecta para convertirse en la víctima de una mujer enorme, despiadada —Gena Rowlands como Violeta está grandiosa—, con lo que se crea la bruja más feroz del cine de terror y la brujería mundial. Es fácil conseguirla.

 

“La llave maestra” (Reino Unido y Estados Unidos, 2005), de Iain Softley, con Kate Hudson y Gena Rowlands.