"Bozal", el teatro que desafía la gravedad

En un ejercicio de teatro extremo, la obra se representará a 20 metros sobre el escenario; parte del público será también elevado mediante tramoyas y pesas.
La puesta en escena cuenta la historia de dos astronautas en la época pionera de la conquista espacial.
La puesta en escena cuenta la historia de dos astronautas en la época pionera de la conquista espacial. (Javier Ríos)

México

Richard Viqueira tiene la apariencia de un rockstar, ha hecho grabaciones porno y es conocido como el kamikaze del teatro. Se encuentra a una semana del estreno de su tercera obra de teatro extremo: Bozal.

Con el mecanismo de tramoya a base de contrapesos que habitualmente se usa para la elevación de las escenografías, ahora se subirá a 36 personas, sentados en sillas o de pie en canastillas, a una altura de 20 metros, para poder ver el montaje. Los actores también desarrollan la representación a esa misma elevación, parados apenas en un pasillo de 40 centímetros de ancho, sobre lo que se supone que es una nave espacial.

“El teatro que hago parte de que pienso que los actores deben equipararse a otras manifestaciones como los deportes extremos, con ciertas vivencias mucho más intensas, donde no solo arriesguen su emotividad sino su integridad física. Me importa que los actores estén ciento por ciento en el lugar donde deben estar: ellos están actuando en un pasillo de 40 centímetros en donde todo alrededor es vacío, y eso permite estar en otra disposición síquica mental y también emocional. El teatro que a mí me interesa reúne todas esas características”.

La obra nace del gusto que tiene el director por la ciencia ficción, especialmente por Isaac Asimov y Ray Bradbury, porque “siempre me ha interesado hacer algo en teatro que tuviera este elemento de épica, de gran formato, en el que pudiéramos vislumbrar el cosmos en un espacio tan pequeño como es el teatro, que a pesar de que es un recinto gigantesco no tiene comparación ni cabida ante el cosmos. El gran reto que hemos intentado es dar esa sensación, de sentir el déjà vu de lo que podría ser alguien en el cosmos”.

La obra cuenta la historia de dos astronautas en la época pionera de la conquista espacial. Se dirigen a la Luna y en el trayecto desconfían el uno del otro, y empieza a aflorar la personalidad de cada uno de ellos y se ven obligados a enfrentar a sus monstruos.

“La idea es que estos personajes, que ya no están en la Tierra, no sienten sujeciones morales ni éticas ni nacionalistas, y están simplemente con su condición humana expuesta, en un lugar hacinado y en un espacio tan imponente como puede ser el cosmos”, señala Viqueira.

Sobre la experiencia extrema, el autor dice que “el hecho de sentir esta sensación de riesgo hace que aflore en el espectador una cosa que la gente no descubre en el día a día, y eso hace que se reciba el evento de otra manera tanto de quienes lo hacen como quienes nos visitan.

“La sensación de este peligro latente y también la idea de ver al humano desde lejos como si fuéramos una especie de alienígena, ver a esos personajes del tamaño de una hormiga nos da una visión de cómo nos vería otra especie y cuáles serían nuestras características ante ella”.

GENTE QUE VUELE

Los espectadores deberán estar en buenas condiciones físicas; no lo están, por ejemplo, mujeres embarazadas, personas que hayan tenido una operación recientemente o con fobia a las alturas. Pero existe la opción de la butaquería tradicional, “aunque tengo que aclarar que la obra está concebida para que la gente vuele”.

El procedimiento consistirá en pesar al espectador para colocarlo en el lugar idóneo de acuerdo con los contrapesos, firmar una responsiva, ponerse un arnés, sentarse en una silla fabricada ex profeso para la obra o entrar de pie a una especie de canastilla.

“Fueron 10 años, desde la concepción y luego darle forma muy seria y muy científica, invitando a personalidades de matemáticas, arquitectura de cálculo, computación y asesoría de Protección Civil, para ver cómo realizarla de una manera concreta”, indica Viqueira.

El diseño de la escenografía y vestuario son de Mario Marín del Río; la iluminación de Gabriel Pascal, el diseño de vuelo de Iván Cervantes, el diseño de arte digital de Oscar Trejo, y la producción de Julián Robles. Esta puesta en escena se realiza con el apoyo del Efiteatro y el costo del boleto será el usual: 150 pesos.

Bozal es interpretada por Omar Adair, David Blanco y Rojo Córdova, de la compañía Kraken. Este 2 de febrero iniciará una temporada que culminará el 16 de abril, con funciones los jueves y viernes a las 20:00, sábados a las 12:30 y 19:00, y domingos a las 12:30 y 18:00, en el teatro Julio Castillo del Centro Cultural del Bosque.