Bob Dylan: un Nobel al rock

La literatura puede esconderse incluso en la música, coinciden Benito Taibo, Juan Villoro, Antonio Ortuño, Jorge F. Hernández y Julio Patán al hablar para MILENIO sobre el Nobel para Bob Dylan.
Dylan, Nobel de Literatura en 2016
Dylan, Nobel de Literatura en 2016 (Reuters )

Ciudad de México

Con el ánimo corrosivo que cifra sus letras, Antonio Ortuño tuiteó, con impulso profético: “Que le den el Nobel de Literatura a un cantante. Y el de Medicina a un quiropráctico”. Se trata de un chiste que ha repetido desde hace algunos años cuando se entrega el Nobel de Literatura. Hoy, se hizo realidad.

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Las formalidades de la Academia Sueca dictaron que Bob Dylan recibió el Nobel de Literatura “por haber creado nuevas expresiones poéticas dentro de la tradición de la canción estadunidense". Con esa misma solemnidad, la secretaria permanente de la Academia, Sara Danius, declaró que Dylan “puede y debe ser leído, pues encarna a un gran poeta en la tradición literaria anglosajona”.

Pero Dylan es, como dijera Benito Taibo, “un poeta de a pie”, un hombre al que hay que referirse con la sencillez de quien ha crecido escuchando sus canciones.

¿Representa este Nobel una sorpresa? En buena medida sí, puesto que siempre circulan otros nombres —los mismos desde hace unos años— como posibles ganadores. Quizá el asombro auténtico, entonces, radique en el perfil del galardonado.

Dice Juan Villoro que “Dylan es el gran trovador de la modernidad. La Academia Sueca —agrega— ha comenzado a reconocer los géneros híbridos”. Con esa opinión coincide el columnista de MILENIO, Jorge F. Hernández, quien considera que lo que abunda en estos días “son ensayos que parecen cuentos, crónicas verídicas con ficción, reportajes que son inventos con veracidad, novelas que son teleseries, guiones de película en verso y, ahora, canciones”.

Una decisión audaz la del Comité: una “graciosa provocación” que nos recuerda que “la poesía también tiene la capacidad de llegar a mucha gente”, a decir de Julio Patán. En otras palabras, “un premio a la cultura popular”.

El asombro por el reconocimiento a Dylan radica también en que su medio ha sido, esencialmente, la música. “Aunque ha escrito libros notables —remarca Villoro—, como las prosas poéticas de Tarántula o los episodios autobiográficos de Crónicas, es en la música donde Dylan ha sido, ante todo, un poeta”.

Se trata, pues, de un autor cuya obra se ha erigido en discos y no en libros y, sin embargo, “muchos de nosotros nos sabemos las obras completas de Bob Dylan”, bromea Antonio Ortuño”.

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El Nobel de la cultura popular

Si es cierto que, como dice Villoro, “durante sesenta años Dylan ha sido un poderoso alertador de las conciencias”, se debe a que su voz lastimera, que vacila entre el blues y el folk, entre el country y las raíces del rock, ha acompañado a varias generaciones con tenacidad atlética.

Dylan puede presumir de tal relevancia cultural, que buena parte de su público lo considera más un poeta que un músico. “Va a ser el Nobel más reconocido de todos los tiempos”, sentencia Benito Taibo con el entusiasmo de un adolescente que lo escucha por primera vez.

El Nobel a Dylan rompió para siempre un paradigma. Trastocó los códigos de lo políticamente correcto y lo aceptado en el canon literario. Es una convicción que comparten Hernández, Taibo y Patán: la literatura puede esconderse en muchos lugares, incluso en la música.

Una bofetada política

Todo gran premio es susceptible de lecturas políticas. Benito Taibo está convencido de que este Nobel es también un mensaje con destinatario claro: “Dylan es un activista anti Trump, ahora tenemos a un activista anti Trump que es Nobel”. Hernández sostiene un pensamiento similar: “esto representa un reconocimiento a la otra cara de Estados Unidos que no es la de Trump”.

Por otro lado, Ortuño desconfía de las lecturas con sesgo político. Su argumento incluye al poeta sirio Adonis —uno de los nombres que se repite en las encuestas de los últimos años—, a quien se ha señalado como posible ganador por el acutal conflicto en Siria. “Hay una multitud de mensajes que se pueden mandar, pero hay que acotar que el que el Nobel llegue a un lado o a otro no hace un impacto real”, concluye.

Una frase de Benito Taibo podría resumir el sentir general ante el reconocimiento a Dylan: “Todos somos piedras rodantes y hoy lo somos más que nunca, porque es un reconocimiento que no sólo se le da a Bob Dylan, sino al rock and roll. De alguna manera es un Nobel para el Rock como expresión poética, como fórmula contestataria, contracultural, de rebeldía”.


*Con información de Jesús Alejo Santiago

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