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Jueves , 16.08.2018 / 10:10 Hoy

BIX: la tecnología, el sonido y el jazz

Aquí, tecnologías emergentes como el mencionado fonógrafo, son un factor esencial en esta historia (el alcohol, por lo demás, sería un antagónico).

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A los ojos de la historia, parece inconcebible reconocer terrenos para el desarrollo del jazz de los años 20's que no fueran Nueva Orleans, Chicago o Nueva York.

Se sabe que Louis Armstrong, por ejemplo, emigró a Chicago, ciudad donde la semilla empezaba a germinar, para tocar con la King Oliver Creole Band, a la par que lo hicieron muchos otros jazzmen de la primera tierra del género, para que al final gran parte de ellos se aglomerara en la Gran Manzana.

El resto de los Estados no entra a consideración para la demarcación de la conocida "era del jazz".

Digamos que al menos no en términos reales, es decir que las agrupaciones de jazz de esta época no llegaban a los oídos del resto de los ciudadanos de los Estados Unidos con su música en vivo, sino a través de las tecnologías emergentes como el fonógrafo, punta de lanza para crear no sólo un público más amplio, a su vez despertó interés, acaso un necio encanto, por parte de músicos que ahora se saben fueron esenciales para la conformación del jazz como ahora se conoce.

Por aquellos años hablar de Nueva Orleans era hablar por antonomasia de música, mientras que hablar de Davenport, Iowa, por ejemplo, era hablar por antonomasia de campos de maíz.

Partiendo de este entendido, pocos llegarían a pensar que en tal contexto un cornetista de un sonido tan limpio y cálido -leyenda por esto y su alcoholismo- como Leon Bix Beiderbecke (nativo de Davenport) conocería el instrumento en el que creció al punto de lograr niveles de una imperfecta perfección, el instrumento con el que tocaría la música que asimismo lo llevaría a su perdición.

Aquí, tecnologías emergentes como el mencionado fonógrafo, son un factor esencial en esta historia (el alcohol, por lo demás, sería un antagónico).

[OBJECT]Charles, el hermano mayor de Bix que recién había combatido en la Primera Guerra Mundial, tenía uno de estos aparatos y un par de discos, entre ellos, uno de la Original Dixieland Jazz Band.

En este punto es preciso señalar que la familia Beiderbecke era bien conocida en Davenport por ser una familia musical (conservadora y sin conocimiento jazz), por lo que para los siete años Bix ya tocaba el piano.

Pero el modo de tocar la cornetista de la Dixieland, Nick La Rocca, motivó a Beiderbecke a tomar la corneta y dominarla como pocos lo han logrado, superando incluso la calidad de sonido (no de técnica) de Louis Armstrong.

Fue la obstinación, el "las cosas se hacen a mi manera", su oído sensible y técnica poco ortodoxa de "embocadura seca", lo que dio a Bix Beiderbecke un nombre de gran peso a lo largo de los años veinte y que perduraría (debajo, extrañamente, del nombre de otros trompetistas o clarinetistas) hasta nuestros tiempos.

Sus primeras grabaciones las realizó con los Wolverine's, un grupo más bien desconocido de aficionados al jazz (sobretodo de los New Orleans Rhythm Kings) a los que conoció en un fallido intento por los estudios académicos en la academia Forest Lake, muy cercana a Chicago.

Posteriormente entraría a la Jean Goldkette's Orchestra, pero debido a que no sabía leer música fue expulsado para ser acogido por el saxo tenor Frankie Trumbauer en su orquesta. También tocó en la Paul Witheman's Orchestra y junto a su amigo Hoagy Carmichael, en 1930.

En 1929 la bebida empezó a tomar control de él (considerando, claro, que ya antes mostraba señales de que esto pasaría).

Desde entonces hasta su muerte el 6 de agosto de 1931, su vida fue la vida ajetreada de un jazzmen, sumergida en el alcohol y los excesos, no obstante en una constate búsqueda por un sonido perfecto. Todo gracias al fonógrafo y a un par de discos.

JFR

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