Teresa del Conde, desafiante promotora del arte mexicano

Con la curiosidad de un detective, analizó a los movimientos artísticos y a sus protagonistas, impulsó la cultura en México y promovió una mirada particular sobre el arte nacional.
Teresa del Conde, crítica e historiadora del arte.
Teresa del Conde, crítica e historiadora del arte. (Cuartoscuro)

Ciudad de México

Para hablar del arte y su historia, pocas voces tan autorizadas como la de Teresa del Conde. Durante años, su pluma operó como una infalible impulsora de la cultura en México y concibió a las artes visuales como una de las máximas expresiones de la identidad nacional.

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Con la curiosidad de un detective, analizó a los movimientos artísticos y a sus protagonistas en diversas publicaciones periodísticas. Aunque quizá la cúspide de su pensamiento habita en sus libros —publicó por lo menos 16—, entre los que destacan Un pintor mexicano y su tiempo. La Ruptura (1979), Francisco Toledo (1980), Frida KahloLa pintora y el mito (1993), Derroteros. Manuel Felguérez (2009) y Las escaleras de Tamayo (2011).

Para entender el arte mexicano en la segunda mitad del siglo XX, mirar a través de sus ojos resulta imprescindible.


Como auténtico motor cultural, fue pionera y renovadora. En 1988 asumió la dirección del Museo de Arte Moderno, desde donde impulsó exposiciones de fotógrafas mexicanas; su periodo como titular de Artes Plásticas del INBA fue fundamental para el desarrollo del pensamiento cultural.

Para entender el arte mexicano en la segunda mitad del siglo XX, mirar a través de sus ojos resulta imprescindible. No es casual que haya sido responsable de agrupar a una generación de artistas con el vanguardista nombre de Generación de la Ruptura.

 [El artista mexicano Manuel Felguérez en una conferencia con Teresa del Conde]

Acumuladora de distinciones, en 1984 obtuvo la beca de la Fundación Guggenheim, por Las ideas estéticas de Freud —proyecto que desarrolló como tesis doctoral—, que ha sido reeditada cuatro ocasiones. En 2003 obtuvo el Premio Nacional de Crítica de Arte “Luis Cardoza y Aragón”, en 2004 la Beca Rockefeller y cinco años después la Medalla de Oro de Bellas Artes.

Desde 1975 impartió clases en la Facultad de Filosofía y Letras y, desde 1976, fungió como miembro del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM. Su inventario de textos es ya un pilar inamovible de referencia para las generaciones interesadas en el arte.


*Con información de Notimex



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